Está tentado con la golosa que le agarró el niño en el cine

Doctorcito:

Mi cabra chica me jorobó meses hasta que la semana pasada la llevé a ver la famosa Moana al cine. Por mi regalona me entubé lo mucho que me emputecen las filas y la fomedad de estar dos horas con el poto tullío frente a la pantalla. Pero bueno, lo cuático fue que nos sentamos en la última fila, pero justo me tocó al lado una mina, que en la oscuridad me empezó a agarrar el paquete y no precisamente el de cabritas. Partió como haciéndose la de las chacras, pero después me pasó todos los cambios, mientras yo comía papas fritas para hacerlas sonar y disimular los chillidos a lo Sharapova de la caníbal. Si no se me derritió el helado fue porque la película se acabo antes. Al final, nos paramos, salimos como que nada y la golosa me pasó un papel con su celu sin que mi hija cachara. ¿Qué dice, doc? ¿La llamo?

JULIO

Mi Spielberg:

Como de noche todos los gatos son negros, yo que usted me preguntaría si de verdad era una doncella o acaso la hamrbrienta del cine no era una princesa con el pituto al medio. Creo que lo mejor es que pesque el papel y tráguese el número del pecado, porque nada bueno puede pasar cuando a uno le acarician el muñeco en la inmensidad de la nada, menos cuando su regalona disfrutaba con la inocencia de una princesa la película. Lo que pasó, pasó. Y guarde la pelada de plátano como una anécdota que no merece que su señora esposa la conozca, a no ser que quiera ensartarse con una criatura de la noche. Yo no lo haría. 

 

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