Anda con su cuñada tras pillar el truco que su mujer hizo para casarse con él



Doctor Cariño:

Está claro que en el amor y en la guerra todo vale, pero hay personas que toman esto al pie de la letra y dejan la escoba.

Hace 20 años estaba enamorado hasta las patas de una cabra, pero la pillé en una infidelidad y corté la relación.

Estaba tan herido, que acepté que me consolara su hermana y, al final, terminamos encamados y nos casamos. No tuvimos hijos, pero nos fue bien en la vida y siempre evitamos a la hermana infiel, a la que, a pesar de la herida, seguí amando.

Hasta que llegó de Europa y en una reunión familiar se me acercó y me mostró el diario de vida de mi esposa cuando era jovencita.

Ahí, con lujo de detalles, confesaba que no hubo infidelidad de su hermana, sino que todo fue un cuento armado por ella. Me puse a llorar y abracé a mi aún amada.

Ahora somos amantes y quiero vivir con ella. ¿Cómo le digo chao a mi mujer?

DANIEL

Danny:

Así no más, pues, de frente, sin máscaras, sin odio, sin violencia.

Aunque usted igual la anduvo embarrando, porque antes de hacer eso, se dedicó a recuperar el tiempo perdido con la noviecita que volvió de Europa.

Eso es de chuecos, compadre, porque ahora pagó una traición con otra traición, lo que condiciona su romance.

Igual debe actuar rápido y contarle toda la verdad a su aún esposa, desde que ella le hizo el gran truco a usted y su hermana querida, incluyendo que siempre estuvo enamorada de la “infiel” y que apenas supo la verdad corrió a encatrarse con ella.

Aclarado todo eso, debe hacer un examen de conciencia y preguntarse si en este cuento tipo culebrón de segunda usted es una inocente paloma o un gil de la cuna que cayó fácil, enceguecido por la rabia.

Haga ese ejercicio, plis.

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