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Drama de vendedor: su virilidad se fue al suelo cuando iba a debutar con una diosa

Se me cae la cara de vergüenza, porque hace una semana que estoy saliendo con una niña terrible de hermosa y me tiré al dulce y me dio la pasada...

14/01/2018 - Autor: Doctor Cariño


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Doctor: 

Se me cae la cara de vergüenza, en serio, es que hace una semana que estoy saliendo con una niña terrible de hermosa y me tiré al dulce y me dio la pasada…

Pero ahí me empecé a fregar, porque caché al toque que alguien me estaba jugando chueco.

¿Sabe quién es no? ¿Se lo imagina? Ese mismo, mi compañero, ese pedacito de mí que me acompaña desde que dije por primera vez agú en este mundo.

Me traicionó en la mejor de mis jornadas, así es que antes de que quedara la escoba en la cama, inventé una chiva hedionda para salir por los palos y no quedar mal.

Cuando me llamó para concretar un fin de semana, me la imaginé sin ropa y no levantó cabeza. Otra vez una disculpa y libré.

Hace poco me llamó a terreno y me preguntó si a mí me gustaban las mujeres y que entendería si no. Le dije que las mujeres son lo único que me gusta en el mundo y que apenas ella vuelva de ver a sus padres concretaríamos.

El próximo fin de semana regresa y debo estar mentalmente listo para todo, incluso para un chao no más. Este vendedor de profesión le pide una mano.

Luchito

Don Lucho:

Así, con letras capitulares como le llaman los periodistas y diseñadores, Don Lucho, no Luchito, es como debe escribir su nombre.

¿Sabe por qué? Porque todos somos grandes, mujeres y hombres, sólo que cuando llega la hora de los “quiubos”, nos achicamos, nos apequenamos y todo se va a las pailas. Pero nunca dejamos de ser grandes.

¿Y sabe cómo se logra eso? Yendo con la verdad por delante, sí, no sólo ese pedacito de carne que tanto ama, sino que la verdad pura y dura. Eso implica decirle a la preciosa que usted tiene un problema de ansiedad, que al ver lo tremendamente hermosa que es le baja la chiripiolca y se achuncha.

Dada la paciencia que ha tenido con usted y que le da oportunidades de redimirse, ella siente algo más que el puro gusto carnal.

Por eso mismo, véala a solas y llorando le cuenta su drama, verá que en vez de darle la patada en las asentaderas, lo va a abrazar, echará sus lágrimas solidarias y comenzará a levantarle la moral, a dejarlo como el Obelisco de Buenos Aires y todo lo demás será un mal recuerdo.

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