Ventanita Sentimental: Los sabios consejos del Doctor Cariño



Doctorcito: 

Hace dos años conocí a un argentino. No me gusta el fútbol, pero hicimos buena onda en esos paseos turísticos por el estadio La Bombonera. El pololeo empezó rápido, como también los viajes y sus estadías en mi depto en Santiago. Todo cambió cuando vimos la final de 2015 en un pub de Plaza Ñuñoa. Yo, de rojo; él, de albiceleste. Lo que empezó como una broma de parte de él, diciendo que Chile valía hongo, terminó pésimo, cuando Alexis hizo el último penal. Él agarró sus cosas y se fue. ¡Me dejó botada! Al mes me llamó y yo me dejé querer. Fue tan buena la reconciliación que se vino a vivir conmigo. Eso, hasta la noche del domingo, porque después del gol del Gato volvió a enojarse y se fue. ¡Y no sé pa’ dónde! ¿Será mejor que nunca más veamos fútbol?

Hincha de la Roja

 

Mi perri:

Mijita, el problema no debiera ser el fútbol. El drama es el cabeza de pelota de pololo que tiene. Entiendo que las pasiones futboleras dejen llevar a las personas a límites descerebrados, pero hay límites. Dejar botada a la pierna, y dos veces, por una lucha “fraticida” de goles, es de idiota, cavernícola y… mejor me callo. Hay gente, ignorante por lo demás, que las guerras reales se dieron en otros tiempos. Hoy no es el caso. Está bien simpatizar y alentar a un equipo, pero llegar a herir al otro es lo horrible. Y afortunadamente, tal como me cuenta, ese enfermito no le ha levantado la mano por ser un mal perdedor. Mi consejo: retírese de ahí lo antes posible, y consígase un chileno actual, de esos ganadores….  

Tus consultas y dramas de tipo amoroso pueden aparecer en la Ventanita Sentimental si las mandas a doctorcarino@lacuarta.com