Ventanita Sentimental: Los sabios consejos del Doctor Cariño

Caballero de amor:

Lo molesto con mi drama, que parece chacota, pero me puede salir salao. Pasa que para mí los viernes por la noche son sagrados pa’l mambo con mis amigos: destilado con tónica, cositas pa’ picar, harto pucho y conversa.

Se chupa hasta hablar lenguas muertas y al filo de la apagada de tele,  que a uno le avisa de que hay que virar en taxi. Rebobino y mis vídeos mentales llegan hasta que con mi compadre y vecino nos subimos a un techo amarillo, pagamos la carrera y entramos al ascensor del edificio. De ahí todo es nubes, balbuceos y un gran cansancio, jefe… Hasta que de pronto comienzo a escuchar ronroneos como de gata, veo algo de luz y después siento el manso hachazo en el cráneo. Me incorporo y estoy a potope en una cama que no es mía y al lado de una mujer que tampoco es de este pecho, sino que la de mi compadre. Salto, me pego la espantá y me arranco. Me topo con mi compadre en el pasillo y entro a depa calladito.

De ahí en más, mi esposa me trata la raja y me hace comida onda ajiaco y harto regaloneo… pero ando con cargo de conciencia con mi cumpa porque a la legua cacho que le abro la puerta de su departa y termino botándole el portón a su jermu. Y también cacho que la comadre es pilla, porque me cacha en la encatrá y además la goza. Cuando nos juntamos ambas parejas, ella me mira y se sonríe. Eso me pone triste y mi compadre algo debe cachar porque igual lo veo triste. Qué hago, doc?

Gerardo

 

Don Gilardo:

Parece que con las tomateras con su cumpa y amigotes se le ha apagado la tele para siempre hasta quedar tonto, con la nuca de fierro y unas protuberancias parecidas a las de nuestro huemul del escudo patrio.

Le explico: lo más probable es que los dos pickles -usted y su carnal- se vayan a los depas equivocados, se encamen con las comadres equivocadas, lo pasen porcino todos y la cosa queda entre las muy pícaras mientras que a los curaos y zopencos les entra el tonto Morales y toman ajiacos y caldos de cabeza.

En resumen, usted compadrito, se zumba a la vecina y su compila hace la viceversa. La solución es que dejen de tomar como cosacos y les den guaraca a sus respectivas jermus. Y si sinceran las cosas y hablan de amigo a amigo, cuéntense la verdura. Si no terminan a los charchazos y acaban abrazados como hermanos, hablen con sus piernas y, quién sabe, acaban los cuatro en una fiesta swinger, o sea, a las cambiaditas y viceversa. Ah, y sin la sombra de los cuernos. He dicho.