Miércoles 22 de Febrero de 2012
IPC 0,10%
UF $22.457,37
UTM $39.373
Dólar $481,50
Santoral
Eleonora y Nora
Mínima: 14º
Máxima: 32º
Silencio. Cada vez que Whitney partía una interpretación, la gente que estaba en San Carlos de Apoquindo aquella noche del 14 de abril de 1994, se callaba. Aplaudir, gritar o cualquier otra manifestación mientras la diosa negra de voz angelical cantaba, era considerado un pecado y quienes, como yo, se atrevían a caer de la gracia y manifestar su admiración, eran silenciados con el típico chitón.
La gringa vino en su mejor momento al país. Cantaba de una manera mágica, impresionaba su manejo de la voz y más encima se dio el lujo de hacer un tono aún más alto y sostenido de lo habitual con el tema de El Guardaespaldas.
Cuando se supo que vendría, trabajaba en otro medio. Tres colegas queríamos ir, pero esa vez la Vero Ulloa, la encargada de prensa de la productora que hacía el concierto, fue clara y tajante: " Sólo uno pude venir". Y yo quería ir, y ahora confieso que me avivé y antes que otro lo hiciera, me acredité y dejé a los otros dos abajo. Aún aguanto el enojo de uno.
De periodista pasé a fan. Saqué fotos con una Zenit a rollo que me prestaron en la universidad, y tuve una donde Whitney, entre tema y tema, besaba a su hijo recién nacido. Fue la foto central de la nota. El gráfico que me acompañó se enojo, pero sus gritos no importaban, había visto y oído a una diosa que cantaba con voz de ángel.