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Pichileminos aprendieron del dolor y se fueron de inmediato pa'l monte


Con la terrible experiencia vivida la madrugada del pasado 27 de febrero en las zonas costeras de las regiones del Maule y del Biobío, los residentes del principal balneario de la Sexta Región cachaban que la alerta de tsunami no es para tomársela a broma.

 

Por ello, apenas se produjo la primera de las réplicas ocurridas ayer y la autoridad dio aviso de la eventual llegada de las olas gigantes, todos emprendieron camino al cerro La Cruz. A pie, en bicicleta o en autos, lo importante era alejarse lo más posible del devastador paso del mar.

 

Es que, mal que mal, el epicentro de este nuevo movimiento telúrico estuvo ubicado a apenas 40 kilómetros y en el balneario se sintió mucho más fuerte que en otras zonas. Ya ubicadas en el cerro, las familias se reunieron con las pocas cosas que lograron sacar de sus hogares antes de emprender la huida.

 

Con la mirada pegada en el horizonte y la oreja junto a la radio a pilas, fueron miles los pichileminos que rezaron para que la amenaza no se concretara, como finalmente ocurrió.

 

Claro que en el intertanto se les apretaba el corazón con cada nuevo remezón y, por supuesto, cuando el nuevo ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, reconoció que si bien no se registraban tsunamis en las costas de la Región del Libertador Bernardo O'Higgins, "en Pichilemu y Bucalemu existió una retirada del mar que volvió con cierto grado de violencia, afortunadamente sin la dimensión de lo que vivimos hace algunos días".

 

Con el paso de las horas y en la medida que las réplicas fueron perdiendo intensidad, la población comenzó a retomar la calma y la mayoría decidió retornar a sus hogares por temor a ser víctimas de los malandras que nunca faltan, aunque siempre atentos a un posible nuevo temblor que los obligara a subir otra vez al cerro.

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