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Obrero de 44 años se fue de tarro porque espíritu de su socio lo acechaba

Confesó que violó, estranguló y simuló suicidio de su yunta


por Carlos Godoy S. | 03.09.2010

Un obrero de 44 años no aguantó más el cargo de conciencia y las apariciones nocturnas de su víctima, y terminó por confesar a la policía civil la violación y homicidio de su amigo de toda la vida.

Según su propia declaración, Cornelio Alfonzo Sanhueza Sanhueza ultrajó y estranguló a Sergio Enrique Olivos el 10 de abril, en el barrio Santa Corina de Pudahuel, y desde esa fecha se le comenzó a aparecer el alma en pena de la víctima.

El mecánico pasó piola casi 5 meses hasta el miércoles, cuando reconoció su atrocidad en el cuartel de la Brigada de Homicidios Metropolitana.

Sanhueza dijo que el día del crimen estuvo en su casa chupando con la víctima, y que después de almuerzo Olivos se habría puesto cariñoso, al punto de ofrecerle un revolcón de vuelta y vuelta.

Tras tener relaciones sexuales consentidas, el detenido reculó de lo hecho y aprovechó la borrachera de su amigo para estrangularlo durante 10 minutos con un cinturón de cuero.

Luego de asfixiar a Olivos, el asesino quiso hacer pasar el caso por un suicidio y armó una horca con una manguera de regar que ató a una viga. "Después que lo maté salí a tomarme unas cervezas", agregó Sanhueza en su fría confesión.

El homicida hace tres meses había recibido en su casa al finado, luego que peleó con su esposa Fernanda Vasconcelos. Pese a estar separados, ambos vivían en el mismo pasaje Marco Alemán, y por lo mismo fue la mujer la que encontró el cuerpo de su marido.

"Escuché risas y brindis hasta las cuatro de la tarde y después vi salir solo al Cornelio. Eso me llamó la atención, así que fui a ver a mi esposo y lo encontré muerto", dijo la viuda a La Cuarta.

El informe policial puso en duda la tesis del suicidio, ya que el cadáver estaba tirado a varios metros de la horca, y los detectives tampoco encontraron ninguna silla o mesa debajo de la viga.

Sergio Olivos murió con 2,27 gramos de alcohol en la sangre y no fue capaz de defenderse. La autopsia también confirmó el coito.

A casi 5 meses del hecho, los policías centraron sus sospechas en Sanhueza y el miércoles lo sometieron a un interrogatorio, en el que también le sacaron saliva para compararlo con el semen hallado en el ano de la víctima.

Durante el peritaje, el mecánico contó la pulenta, dijo que el cinturón lo tenía fondeado en el casillero de su trabajo y hasta recordó que el slip del fallecido era azul.

Cornelio Sanhueza ayer en la tarde fue formalizado por homicidio simple y quedó en prisión preventiva.

"Es un hecho atroz", comentó el juez Carlos Gutiérrez tras escuchar los detalles del asesinato.

La fiscal María Saavedra, de la zona Centro Norte, señaló que en 2007 el imputado había intentado estrangular a su señora, hecho por el que también fue detenido.

En caso de ser encontrado culpable, Cornelio Sanhueza arriesga que le tiren hasta 15 años de cárcel.

 

DESDE EL VELORIO QUE FANTASMA LO ATORMENTABA

El mismo día de su velorio, el alma en pena de Sergio Olivos comenzó a atormentar al asesino.

"Mi marido guardaba su auto en la casa de un vecino y mientras lo velábamos se prendieron todas las luces y el motor empezó a funcionar", relató la viuda.

Esa fue la primera señal de que Olivos no murió en paz.

A los días siguientes, el propio victimario contó a los deudos y vecinos que Sanhueza lo penaba y que los ruidos en puertas y murallas lo estaban volviendo loco.

"A mí me decía que en la noche escuchaba la voz de mi hijo y que cuando se levantaba a ver quién golpeaba no encontraba a nadie", señaló Rosa Zúñiga.

Manuel Olivos recordó que su hermano menor "amaba la vida y a sus dos hijos de 2 y 7 años, y por lo mismo no era capaz de matarse. Ellos (Sanhueza y Olivos) se criaron y crecieron juntos, así que no puedo creer todo lo que pasó".

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