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De 30 aparatos, sólo quedan cinco en funcionamiento
Cada vez que un ascensor en Valparaíso deja de funcionar, el patrimonio histórico del Puerto Principal y de todo un país se desangra, evidenciando una lastimera agonía de la cual pocos han querido hacerse responsables.
"Esto es la crónica de la muerte anunciada de los ascensores porteños, así que en la ciudad Patrimonio de la Humanidad no tenemos nada que celebrar este Bicentenario", dice con dolor Hermann Cabezón, presidente de la Agrupación de Usuarios de Ascensores.
Y no es para menos, porque de los 30 funiculares que fueron construidos, entre 1883 (Concepción) y 1930 (Perdices), hoy sólo cinco sobreviven y se mantienen como firmes testigos de todas las glorias y pellejerías que ha vivido este puerto herido.
Sin embargo, este oscuro panorama podría haber acabado, luego de que un empresario tuviera la visionaria idea de recuperarlos y crear unidades de negocio en las estaciones superiores para que los ascensores y sus rieles nuevamente pudieran ser las venas de fierro que dan vida a los cerros (ver abajo).
"Años atrás el empresario Eduardo Ergas me contactó para que le hiciera un estudio sobre el Palacio Astoreca. La intención de este señor era hacer un hotel temático del siglo XIX que vendió como proyecto a una familia suizo-chilena. Cuando le pregunté por qué se interesó en esto, él me dijo que primero le había echado el ojo a los ascensores, que los quería comprar todos y en las estaciones superiores colocar infraestructura turística, pero no pudo", cuenta Samuel León, investigador urbano de Valparaíso.
El historiador agrega que "lo que ocurrió es que los dueños de los ascensores privados no quisieron venderle pensando que el Gobierno se los iba a comprar más caros. Si él hubiera concretado su proyecto, Valparaíso, con sus 25 elevadores actuales, sería la ciudad mundial de los ascensores, no como Lisboa que sólo tiene tres".
En la actualidad, los ascensores del Puerto -que fueron construidos con tecnología british y otta de punta- están tan deteriorados que su recuperación cuesta 500 millones de pesos por máquina. Por eso, el Gobierno estudia un método para ir en su rescate.
"La situación de los ascensores ha sido abordada de dos perspectivas. A través del Programa de Recuperación Urbana de Valparaíso aprobamos 2 mil millones para reparar cuatro elevadores municipales, costo que involucra mantener los diseños, pero en condiciones extraordinarias, y la segunda, es un plan para comprar o expropiar los privados", contó al diario pop el intendente porteño, Raúl Celis.
La idea, según Celis, es crear en el entorno de cada funicular un barrio productivo y en crecimiento, alternativa que cuenta con el respaldo del Presidente Sebastián Piñera, pero todo dependerá de estudios de factibilidad.
De esa manera, de ser viable el proyecto, ascensores que paralizaron sus servicios hace 25 años podrían volver a subir y bajar porteños.
"El Presidente manifestó una buena disposición frente a lo que le hemos planteado, pero todo está sujeto al modelo de negocios que nos indicará su destino. Es decir, si tendrán uso patrimonial o si serán integrados al sistema de transporte, así como también si los compramos o expropiamos todos o sólo algunos", añadió el intendente.
VISIONARIO CASI LOS SALVÓ DE UNA
El innovador empresario Eduardo Ergas, directivo de la Fundación Síntesis, tuvo la idea de salvar los ascensores y convertirlos en un negocio rentable, acorde con la historia del Puerto.
"Estuve cuatro meses en negociaciones con los dueños de tres compañías que operan 10 ascensores privados", contó Ergas a La Cuarta.
"Mi intención en ese momento era convertir al ascensor Villaseca en la puerta de acceso de un hotel que pensaba construir en una propiedad que tengo sobre ese lugar. Iba a ser algo muy romántico y poético".
"También quería comprar el resto de los ascensores y, a través de mi fundación, entregarle a la ANFP un ascensor para que en la planta superior pudieran tener un museo deportivo, pero a la vez mantener en funcionamiento el ascensor y contratar a la gente para operarlo", explicó.
"Lo mismo pensaba hacer con el Congreso, las Fuerzas Armadas y otras instituciones, para que Valparaíso tuviera 9 museos en sus cerros", añadió.
Parecía un gran plan, "sin embargo choqué porque los dueños, por lo que supe después, no pudieron soportar la idea de quedarse abajo si esto llegaba a funcionar".
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