Domingo 5 de Febrero de 2012
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Santoral
Laura
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Ángela Laynela le da vuelta el ombligo con sus empanadas en último rincón de Puerto Montt.
Los entendidos, sibaritas y guatacas que han ido a Caleta La Arena, en Puerto Montt, saben que las empanadas de "Donde la Pola" son la última panzada que se pegarán antes de dejar Chile continental. Y por eso allí comen como si el mundo se fuera a acabar.
"Mi gracia es que mis empanadas llegan hasta el codo", contó Ángela Laynela, que todos los días echa la talla cuando chorrea el líquido de una exquisitez por los brazos.
Ángela llegó hace 12 años a caleta La Arena, cuando el camino era de tierra y no había locales. Hoy el camino sigue siendo de tierra, pero hay más locales. La Pola es la reina.
"Llegamos a ofrecer algo a la gente que no tenía donde estar. Armamos algo bonito y de platos voladores", dijo la Polita.
"Donde la Pola" está pegadito al mar. El próximo local de comidas se encuentra en Hornopirén, a 46 kilómetros. Por eso todos pasan a comer con la tripa vuelta orate.
"Cuando yo tengo el local cerrado, igual lo abro, porque sé el pique que tienen que pasar antes de comerse una cosa", agregó.
En el local se pueden consumir platos calientes, sánguches y empanadas, la especialidad del local.
Hay de queso, de carne, mariscos, ostiones y jaiba, que, según cuentan, son las más ricas del universo.
"El ingrediente principal es el cariño y la hospitalidad. Acá todos saben que el local es como su casa. No les digo que es su casa, los tengo que sacar a palos", cuenta la mujer que también sirve de guía turística.
"Yo publico el estado del tiempo todos los días y les doy consejo de viaje. La gente me quiere por eso, porque soy acogedora", remachó.
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