PORTADA >Deportiva
SUSCRIBE RSS
Su viuda contó que Florindo Maulén, prócer del periodismo deportivo jaguar, partió en paz. Caszely no pudo con la pena.
Genio y figura hasta la sepultura. Nada identifica mejor al periodista Florindo Maulén, fallecido el domingo y que será sepultado esta mañana.
Se nos fue el querido Don Floro y desde el mismo día recibió manifestaciones de pesar y cariño de familiares, colegas y amigos, que se dieron cita en la Parroquia de San Miguel Arcángel. El profesional será sepultado a las 10 horas en el Parque del Recuerdo (por Recoleta).
La señora Olguita, su viuda, estaba tanquila, al igual que sus hijos: "Él nos preparó, no quería que sufriéramos. Eligió su tumba, muy asoleada, porque él amaba el sol, y dejó lista su ropa y corbata". Las anécdotas de la célebre dupla Floro- Tito París (también fallecido) se agolpaban en sus discípulos Orlando Gallegos, Ricardo San Martín, Andrés González y Ernesto Lagos, quienes lo recordaron como "una gran persona. Un maestro de la vida".
Carlos Caszely se sumó al dolor: "Don Floro pasaba a tomar tecito con mis papás, que vivían en El Llano. Justo cuando yo llamaba por teléfono desde España. Me preguntaba cómo me iba y después escribía un parrafito en La Tercera".
Opinión
Y ahora, ¿quién cantará el Bazar de los Juguetes?
Sergio Antonio Jerez, Editor Coordinador
Era su caballito de batalla, su bajada de telón, su aplauso final. Después de horas de anécdotas, historias, mentiras y verdades, Don Floro cerraba con su infaltable Bazar de los Juguetes, tango de Yiso y Rufino, que ponía los pelos de punta.
"Patrón cierre la puerta, no me mire asombrado/le compro los juguetes que tiene en el bazar". Dos versos y ya estábamos lagrimeando. Es que Florindo Maulén era maestro para tocarle las fibras más íntimas al duro más duro. Cuando uno es cachorro en la vida, espera siempre un pecho fraterno que lo ayude a entender muchas cosas. Y Don Floro jamás le falló a ninguno. Ni a mí, ni a los muchos cabros, proyectos de periodista, que vi crecer a su alero, sencillo y paternal.
"Por una sola noche yo quiero ser rey mago/para que los purretes de todo el arrabal/mañana al despertarse aprieten en sus manos/el sol de esta alegría que yo les quiero dar". Su casa, era nuestra casa. Su mujer, Olguita, cocinaba para todos, no había problema. Aunque después sólo sonriera cuando el viejo nos despedía en la puerta con su clásico: "Muchachos, cuiden la corneta, que el concierto es largo".
Adiós, maestro.
SUSCRIBE RSS
publicidad