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La Cuarta decía:
Checos dejaron tiesas sábanas del hotel
Mucamas del Enjoy quedaron chatas, porque cada vez que los tenistas hacían un pedido "estaban viendo pornografía".
En este nefasto wikén pirata, los raqueteros checos dejaron más clarito que tienen mano como pa' dejar enfermo a cualquiera.
Pero ojo, que no sólo los brocas de Hans la sufrieron heavy con el muñequeo fenomenal de los forasteros. ¿Quién más se los tuvo que tragar? ¿Los piños de pelagatos que se arrimaron a las cancholias del Enjoy y los vieron celebrar el humillante 4 a 1, acaso?
Nones, las que más sudaron y se sintieron amenazadas por los remaches a mango firme de los europeos, fueron las pobres mucamas del Hotel Enjoy, donde se alojaron. Las preciosuras los atendieron como reyes, pese a que ellos no se portaron como tales.
Es que los checos, lejos del hogar y de la piernoca suave, esa que siempre está ahí cuando hay ganas de meter una paralela profunda, optaron por amenizar su estadía en Chilito a punta de pelis porno, donde aparecían Verónica Zemanova y otras perversas.
Sí, lo más cercano a tenis que vieron los checos en la previa a las mochas contra los tenistas jaguares fue una sublime sinfonía de gemidos, bastante similares a los de la diosa rusa Maria Sharapova. Aunque éstos no provenían precisamente de algún peloteo, sino que de la gloriosa performance de la mejor tenista jaguar de todos los tiempos: La Kournikova chilena, que tenía una manera muy particular de darle un buen uso a su raqueta.
Por temor a que los californianos del raquet se las lleven a protagonizar cintas XXX a República Checa, las chiquillas del aseo prefirieron fondear sus identidades, pero lo que no ocultaron fue su malestar con los paggieros.
"Es desagradable llegar a la habitación de los tenistas checos, porque siempre que mandaban a pedir algún servicio, estaban viendo pornografía", contó envenada una de las chiquillas.
Lo cuático es que, a pesar de que los europeos disparaban con sus mangos más rápido que reportero gráfico de La Cuarta, igual nomás se dieron maña pa' volarnos el asterisco en la arcilla. ¡Cómo habremos estado de mal, oh!
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