Domingo 29 de Julio de 2012
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Santoral
Marta
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Maxim Molokoedov, dejó por un rato la Peni y se lució en su debut con la camiseta del Chago Morning. "Hay que seguir entrenando", soltó el vodkero bajo la atenta mirada de un par de gendarmes que lo custodiaban.
Se levantó a eso de las seis de la mañana y ahí, junto con el entrenador de la cárcel Santiago Sur, Flavio Huenupi, partió directo de la Peni al estrellato. Maxim Molokoedov no se viene con cuentos y apenas pudo enchufar una pepa en libertad, lo hizo. En su primera mochita de entrenamiento frente a Palestino, el ruso que vive en la cana, se anotó con un par de “golitos” (como les dice él) vistiendo la camiseta del Chago.
Fueron dos tiempos de amistoso en La Cisterna. En el primero, tetracolores y microbuseros pusieron lo mejor de sí en el pasto, y en la segunda mitad entraron a correrla los que quieren quedarse con un puesto entre los once de sus respectivos detés.
Maxim, que cayó preso hace dos años por intentar entrar droga en Chilito, tenía todos los ojos sobre él. En un partido que normalmente, con suerte hubiese tenido a los familiares de los jugadores, la tribuna se repletó. Y principalmente de cámaras.
Apenas tocó por primera vez la redonda, el ruso canero demostró que tiene pasta. Par de amagues, tres jugadores en el suelo y un pase magistral, marcaron la primera magia del proveniente de la tierra del vodka. De ahí, un pencazo directo a las redes y una primera pepita que hace historia.
Y no se quedó sólo con eso. De primera, el de la Peni remató tras un centro por la izquierda y de nuevo se fue a abrazar, mientras los dirigentes de Palestino reían y preguntaban “¿Cuánto por su pase?”.
“Mis amigos en la cárcel siempre me piden que haga goles”, dijo el ruso que ha sentido el apoyo en el encierro. “Hay que seguir entrenando. Falta mucho”, soltó peinándose con la modestia tras el encuentro amistoso.
Ojo, que las pocas palabras del cabro europeo no se deben a que sea tímido ni nada por el estilo. Lo que pasa es que los gendarmes le están echando a cada rato un ojo encima, pese a que visten de civil pa’ pasar piolita.
Tras el encuentro, Maxim hizo algo que debe ser una maravilla para él: saltarse las exquisiteces de la cocina canera y zamparse un almuercito en un restaurante de la ciudad.
A eso de las 14.15, acompañado por Frank Lobos, Flavio Huenupi y el alcaide Quintana, entre otros, el futbolista volvió sin aires de divo al penal Santiago Sur. “Lobito”, orgulloso gritaba, “dos pepas se hizo”, frente a los gendarmes, que estaban tan orgullosos con su guagua rusa.
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