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Ventanita Sentimental


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Hola: 

Soy un fiel lector de 29 pepas y tengo un dilema: Me quedé viudo de verano y el mundo se me dio vuelta. Para rematarla, no conocí a una mujer sino que a tres, dos casadas y la otra soltera. El problema es que me enganché de una que me hace sentir en el cielo y no la quiero dejar. Las dos restantes no me interesan, sólo es sexo. Además, ambas ya tiene su cuento. La que le digo me robó el corazón y quiero mandar mi matricidio al demonio. Aconséjeme, Doctor.

VIEJO LOBO DE MAR


Don Jurel:

Parece que lo tenían amarrado con alambre de púas, ya que bastó que la brujis se fuera de vacaciones para que el perla se desbandara. Y en grande, a lo Doctor Cariño, ya que altiro se aperó de tres muñecas para echar afuera todo el estrés post terremoto y quedar livianito como una gacela.

El tete es que lo que usted vio como un recreo, para tomar una bocanada de aire fresco como los cetáceos, hoy lo tiene a punto de terminar con su matrimonio, lo que no avalo de ninguna forma, ya que para mí la familia siempre es lo primero.

Lo que pasó, pasó, como dice Daddy Yankee, pero no puede dejarse llevar por una calentura de verano, por movida que haya sido. Recapacite, compadre.


Hola, gurú: 

Tengo 36 años y ocho de casada. Mi marido es un buen hombre, pero no le pone pino a la pega marital. Dice que llega cansado, pero yo también trabajo y lo más bien que me alcanza la cuerda. Lo amo, pero soy de carne y hueso. En mi ofis hay un repartidor que me tiene loquita. Hace dos meses que conversamos y me hace tentadoras propuestas indecentes. ¿Qué hago? ¿Le digo a mi esposo que se ponga las pilas o lo engaño sin que se entere? Así él descansaría a pata suelta y yo no lo hostigaría.

SECRETARIA AFLIGIDA


Washita mustia:

Es una lástima que la marmota de su marido no se mueva ni con las réplicas, ya que por su desidia corre serio peligro de convertirse en un venao, especie que no está en peligro de extinción, sino que parece plaga. Encuentro entendible que llegue cansado de la pega, pero esa no es razón para sacarle el poto a la jeringa, salvo que usted sea una licuadora y quiera que le den jugo de piña todos los días. En todo caso, en pedir no hay engaño y la pega marital hay que hacerla sí o sí, para luego no andar llorando. Como no voy a alentar su desliz en la ofis, le aconsejo que haga lo posible por sacarle trote al haragán, con delicadeza, inteligencia y audacia, como una buena esposa sabe hacerlo. Suerte.

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