Domingo 8 de Julio de 2012
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Santoral
Eugenio
Mínima: 5º
Máxima: 19º
Pulentísimo Doc:
No me va a creer, pero por califa eché a perder mi matrimonio con una mujer espectacular. Ella es una mujer exquisita y me dio un hijo hermoso. Era la esposa ideal. Me tenía la comida lista todas las noches y hasta me calentaba mi lado de la cama en estas noches heladitas.
Pero no sé qué estaba pensando cuando me bajaron los instintos animales y me metí con una mina del trabajo.
La loquilla casi parecía modelo y me dejó loco. Todos me decían que la estaba haciendo de oro hasta que mi señora me pilló pegándole en la nuca.
Quedó la mansa embarrada.
Después de vivir un tiempo con mi amante me di cuenta de la embarrada que me mandé. Estos meses he luchado para que mi mujer me perdone, pero nada.
Ella incluso está pololeando con un médico. O sea, doc, no tengo por dónde.
El tipo tiene pinta y plata. Mis amigos me dicen que ya pasó la vieja y siga con mi vida. ¿Qué puedo hacer, doctor?
arrepentido
Mamerto:
¿No ve que hay que pensar las cosas cuando los ataques californianos atacan sin piedad?
A los meses se dio cuenta de la mina rica que se había agarrado y por la que sus compipas le estaban haciendo un monumento no tenía comparación con su esposa.
Ni aunque hubiera tenido la cabeza plana para apoyar la piscola le hacía collera a la doña.
Ahora va tener que mamarse los malos ratos y los paseos en convertible que se pegará con el matasanos.
No le queda otra. Sus amigos, paleteados ellos, ya le advirtieron hace rato que está perdiendo el tiempo.
Juegue por su cuenta y déjese de dar pena como gatito guacho. Ya no vale la pena.