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Hace
algunos años existió un personaje de novela
llamado Rafles, buenmozo, muy culto y simpático y que
se suponía era el mejor ladrón de joyas del
mundo.
Este
personaje de ficción se personificó en un elegante
varón británico cuya ocupación era seducir
a bellas y acaudaladas mujeres a las que alivianaba de sus
joyas antes de desaparecer.
El
sujeto que usaba mil diferentes nombres, estudiaba detenidamente
a sus futuras víctimas y se presentaba en la casa de
adineradas familias a sabiendas que el dueño de casa
andaba de viaje o estaba fuera de la ciudad. Se hacía
pasar por amigo del marido y la esposa jamás dudaba
que ese elegante joven, de modales refinados y buenmozo, por
añadidura, fuera un avezado ladr—n.
La
policía londinense que anduvo varios años tratando
de atrapar al Rafles moderno, finalmente logró su objetivo
y fue llevado a juicio por robo de una diadema de diamantes.
Pero fue dejado en libertad porque la denunciante retiró
la demanda.
El
atractivo ladrón fue capturado bajo el nombre de George
Benson, pero no cabe duda que en el momento en que salió
libre adoptó una nueva identidad.
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