El desconocido síndrome post-covid que le quitó la vida a Emilio de 16 años

Autor: La Cuarta

En Puerto Montt, todo empezó con fuertes dolores en los gemelos y pequeñas manchas rojas en los brazos. Y en pocos días la situación se agravó para el adolescente, aunque los exámenes arrojaron un PCR negativo. Hoy, su madre quiere difundir los síntomas de este cuadro que, en casos puntuales, puede ser mortal.


Tras varios meses encerrado, a inicios de enero, Emilio Rocha Navarrete (16) salió por última vez a juntarse con sus amigos en la Liga Puertomontina de freestyle —según informó Radio BioBío. El lugar congrega a decenas de jóvenes fanáticos del rap improvisado en la zona.

Atrás había quedado el joven tímido que, en octubre de 2018, presentó sus primeras armas, con más ganas que herramientas, en el submundo del rap sureño. En la escena, se apodaba como “El Zombra”.

Y a principios del 2021 volvió recargado, y sorprendió: estaba más alto y su talento lírico había crecido. Pero rápidamente la ciudad de Puerto Montt volvió a cuarentena, por lo que las batallas quedaron congeladas.

Fue el miércoles 20 de enero cuando despertó más tarde de lo habitual. Le dolían los gemelos, síntoma que no suele asociarse con el Covid-19, ni a nada relacionado con el virus.

Dolores musculares

Desde hace dos años, Emilio vivía solo con su madre en la ciudad sureña. Siempre la llamaba por teléfono alrededor de las 11 de la mañana, cuando despertaba. Pero ese día demoró. Ella recién escuchó su voz a las 2 de la tarde. “Me dijo que estaba con más sueño y que tenía un dolor en los gemelos”, recordó con BioBío su mamá, Lorena Navarrete, de profesión Técnico en Enfermería de Nivel Superior (TENS).

Ella volvió del trabajo a las 16:00. «Él me dijo que, a ratos, el dolor le aparecía otra vez, en los gemelos. Sentía como que le quemaba, como que le ardía”, describió ella.

La mamá le dio antiinflamatorios; esperó que esos medicamentos terminaran con su dolor.

Al día siguiente, el jueves, Emilio la llamó otra vez al celular. Le dolía aún más, “pero ahora era el muslo… y que le bajaba, a veces era el gemelo, otras veces el muslo, pero era en ambas piernas”, explicó Lorena.

Ya el viernes apareció la fiebre. La preocupación creció. El paracetamol logró bajarle la temperatura. Aun así, la mamá decidió realizarle a su hijo un examen de PCR, un test de saliva y una prueba de antígenos para saber si se trataba de Covid-19.

“Yo trabajo en una empresa y tenemos la maquinaria para hacerlo, entonces yo fui a la casa a tomarle las muestras”, relató. “Y salió negativo a los tres exámenes, entonces yo quedé más tranquila, porque dije ‘ya, no creo que sea covid’, aparte, por la forma en que se estaba presentando igual era extraño”.

El sábado, la fiebre continuó y el paracetamol no hacía efecto.

El domingo, los dolores musculares eran insoportables.

«No puedo caminar»

Era 31 de enero y el mes se iba. La mañana del domingo, Lorena despertó con un grito. Era su hijo. Bajó a verlo y le preguntó:

—¡¿Hijo, qué te pasó?!

—Me duele, mamá, no puedo caminar —respondió. Se había intentado levantar y no pudo por el dolor.

Ella lo miró y su hijo estaba lleno de manchitas rojas en los brazos, las cuales también estaban en sus piernas. Y la fiebre seguía subiendo. Además, en su rostro, vio los síntomas de lo que para ella, en ese momento, era un síndrome desconocido.

“Su cara empezó a tomar una coloración, las ojeras, como más moradas… y ese morado se fue como más abajo, se fue como a las mejillas”, describió la madre. “Era igual que si le hubiesen pegado dos cachetadas, tenía como una mano marcada en las mejillas”.

Luego, ayudó a hijo a ir al baño; su orina tenía un extraño color café, oscuro.

PCR negativo

Decidió llevar al adolescente a la urgencia del Hospital de Puerto Montt. Llegaron las 17:00 horas y ahí estuvieron hasta que anocheció. Cuando ingresaron, el doctor les dijo: “Le vamos a tomar exámenes de orina y de sangre”. Ya alrededor de las 2 de la madrugada, el médico le dijo a la madre:

—Mira, los exámenes del Emilio de orina están alterados. Lo que yo quiero saber es si él hizo ejercicio—. Sospechaba que los síntomas eran consecuencia de extenuantes sesiones deportivas, tan extremas que le habían roto algunos músculos.

Y sí, efectivamente Emilio había hecho deporte una semana atrás. Pero nada anormal en un adolescente como él: un paseo en bicicleta por la costanera de Puerto Montt junto a un amigo.

Ante eso, el médico decidió dejarlo en observación. El problema era que, en medio de la crisis sanitaria por la pandemia, no había camas disponibles en el hospital a esa hora.

El adolescente pasó la noche en una camilla de urgencias. Le tomaron un nuevo PCR junto a los exámenes de orina.

Los médicos que lo diagnosticaron suponen que Emilio se contagió de Covid-19 durante los primeros días de enero, cuando se reunió con sus amigos del rap. Aunque no está claro.

El virus se habría desarrollado de forma “asintomática o poco sintomática”, volviéndolo indetectable para los exámenes que se le hicieron, cuando la carga viral habría sido prácticamente inexistente, según planteó a BioBío la doctora Leonor Jofré Morales, presidenta de la rama de Infectología de la Sociedad Chilena de Pediatría (Sochipe).

Paracetamol

La tarde del martes, alrededor de las 14:00 horas, las manchas ya cubrían todo su cuerpo, desde la cabeza a los pies. No había comido nada. La fiebre subía y el paracetamol no hacía efecto.

Sus latidos se volvieron más lentos.

La madre llamó al médico, porque notó que nadie se acercaba para revisar a Emilio.

—Necesito conversar contigo —le dijo al doctor—, porque desde ayer mi hijo no ha comido, tiene hambre, quiero saber si le puedo dar de comer, tiene fiebre, mírale su mano.

—Ya —respondió—, vamos a darle paracetamol.

Ante eso, Lorena pidió el alta para su hijo, para llevarlo a una clínica. Al menos esas eran sus intenciones, porque horas más tarde, ese mismo día, regresó al recinto, en vista de que no podría costear los costos en la salud privada.

“A las 5 de la mañana (del miércoles), Emilio estaba botado en tres sillas”, relató ella “Puse un tarro de basura al lado y él vomitando. Yo con una impotencia tremenda… ahí sale una enfermera y nos pide paciencia porque habían llegado tres pacientes en ambulancias contagiados con Covid”.

La madre estaba indignada.

Frente a las nulas soluciones del personal, decidió volver con su hijo a la casa. Llamó a los contactos que mantenía con el Hospital de Lanco, en la región de Los Ríos, donde trabajó años atrás. Una colega le dijo que llevara a Emilio, y que se preocupara de mantenerlo hidratado con suero.

Emilio Rocha en el mundo del hip-hop-

150 casos

Iniciaron el trayecto hacia la comuna de Fresia. Una hora después, pasó a un centro asistencial para obtener suero. Le contó las razones del traslado a la doctora que los atendió. Emilio no se veía en buenas condiciones, así que la facultativa pidió enviarlos en ambulancia al Hospital de Puerto Montt.

Otra vez ahí.

Por suerte, desde el recinto puertomontino fue derivado a otro, donde tuvo una mejor recepción. Así, el jueves le indicaron que su hijo padecía Síndrome Inflamatorio Multisistémico (PIMS, por su sigla en inglés).

En Chile, se han contabilizado 150 casos de PIMS, de los cuales dos han tenido resultado fatales. La doctora Jofré explicó que se trata de “una manifestación de la infección por el virus SARS-CoV2, que afecta fundamentalmente a los pacientes pediátricos”.

La especialista planteó que “esta nueva forma de presentación clínica se da con shock, compromiso cardíaco y en su mayoría con síntomas gastrointestinales como dolor abdominal, náuseas y vómitos. Se caracteriza porque el niño afectado presenta un estado de respuesta inflamatoria aumentada ante el contacto con el virus”.

“Es muy importante el antecedente de haber tenido COVID-19 o haber estado en contacto con alguien positivo unas semanas antes”, recalcó la doctora para descartar (o no) un caso de PIMS.

Y agregó que “esta enfermedad tiene por lo general un buen pronóstico una vez superada la fase aguda, respondiendo rápidamente al tratamiento con inmunoglobulinas o corticoides sistémicos, con mejoría del shock y buena evolución posterior”, indica la especialista, aun así planteó que es importante considerar la gravedad con que se presenta síndrome y cuán rápida es la respuesta al tratamiento.

«Toca a tu hijo»

Al día siguiente, fue trasladado a la UCI; su estado se complicaba aún más, le advirtieron. El viernes lo intubaron y su madre no pudo verlo. El domingo le comunican que su hijo estaba mal, grave. Le pidieron que rezara, porque habían hecho todo lo posible por él, pero nada había bastado.

El lunes, a las 5 de la mañana, “desperté con el pecho apretado, como con angustia”, recordó Lorena. Llamó al pediatra temprano, pero no nadie contestó. Más tarde, lo intentó de nuevo: le dijeron que el doctor estaba con Emilio. Luego, cerca del mediodía, la llamó otra facultativa y le dijo:

—Vente rápido porque Emilio está mal y te vamos a dejar pasar.

Su hijo tenía órganos comprometidos. Lo derivarían a la UCI de adultos y lo intentarían trasladar a Santiago cuando pudieran estabilizarlo.

“Me dejaron pasar y me sentaron en una silla”, relató ella. “Al otro lado del vidrio estaba mi hijo. Vi cómo los médicos estaban trabajando con él, le colocaban una cosa, le colocaban otra… Entraba un médico, salía otro. Yo le digo al pediatra que quiero pasar para poder tocarlo y una mujer me dice que no, porque él no me iba a escuchar”.

Le harían una diálisis para limpiar sus riñones; no orinaba hace muchas horas.

Tiempo después, cuando lo sacaron en la camilla, una doctora empujó suavemente a la mamá y le dijo:

—Aprovecha, toca a tu hijo, tócalo.

Lorena tomó la mano de Emilio; le sorprendió verlo tan hinchado. Lo único que logró reconocer de él fueron sus ojos.

—Hijo, no me dejes —le dijo ella.

Ese fue el último contacto que tuvo con su hijo.

Premio Emilio Rocha

Después, a él lo subieron en un ascensor, mientras que ella debió ir en otro. Cuando Emilio ya estaba llegando a la UCI de adultos, le vino un paro cardiaco. Intentaron reanimarlo. Lorena esperaba. Esperaba. Supuestamente ella tenía permiso para entrar a verlo, pero después llegó otro sujeto a decirle que no podía.

Tendría que mirar a su hijo por la ventana.

Le dijo al infectólogo que “no podía estar ahí parada mirando a mi hijo, esto es cruel”, relató a Radio BioBío. “Yo quiero estar adentro, quiero tocarlo… me voy a ir, yo no puedo estar parada viéndolo agonizar”.

Alrededor de las 21:00 horas, le informaron que Emilio había fallecido.

En medio del dolor, Lorena se preguntó cómo lo trasladaría a hijo hasta su natal Panguipulli, en la región de La Araucanía, donde vive gran parte de su familia.

Portada de diario sureño con la trágica noticia.

Semanas después, Lorena se propuso difundir la historia de su hijo. No quiere que se vuelva a repetir. No busca provocar alarma, solo intenta dar a conocer el síndrome que tuvo su hijo. Creó una página en Facebook: “Chile PIMPS”.

Además, junto a dos abogados analiza la ficha médica de su hijo para determinar si Emilio recibió el tratamiento adecuado en el hospital, particularmente en el área de urgencias. No descarta presentar acciones legales.

Los compañeros de batalla de “El Zombra”, sus compañeros de liga, decidieron homenajearlo y bautizar uno de los premios en honor a su compañero: “Premio Emilio Rocha”.

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