El perrito con alma de marinero que se echó a la mar

A dos kilómetros de la costa, y en medio del muelle de Talcahuano, fue rescatado por personal de la Armada. Se lo quieren quedar, pero igual buscan al dueño.


Un perrito con alma de aventurero y poder de supervivencia fue sorprendido nadando en pleno muelle de Talcahuano, a dos kilómetros de tierra firme, en medio de la fuerte lluvia que azotó al país el lunes. ¿Cómo llegó ahí? Mientras no logre hablar, jamás sabremos.

El cómo fue que lo pillaron sí tiene respuesta. La “culpa” la tiene el Cabo 2° Navegante Felipe Yuivar, quien se las daba de Rodrigo de Triana en el Puente de Mando de la barcaza “Chacabuco”. Pero en vez de avistar tierra, Yuivar se fijó que había un perro nadando a duras penas y dando, probablemente, sus últimas patadas. “La decisión fue muy rápida, no dudamos”, dijo el héroe.

El operativo se armó en cosa de segundos. Se apertrecharon de un bote de goma y de tres miembros del personal que aperraron para ir en su rescate, el que se concretó en pocos minutos. Dos marineros sacaron al quilterrier y se lo llevaron a “casa”.

“Fue bañado con agua dulce y tibia. Lo abrigamos para tratar de sacarlo de una condición de mucho frío y posible hipotermia. Lo alimentamos y ya el martes un veterinario pudo ir a verlo, constatando que las medidas iniciales que tomamos fueron las correctas y él está mejorando”, comentó el Capitán de Corbeta Federico Cavada, Comandante de la Unidad naval.

Ya tiene nombre

La llegada del perrito con alma de marinero fue celebrada por la tripulación. Yuivar es uno de los más felices: “Ahora sólo se debe recuperar de su fatiga muscular. Mientras, nos seguimos encariñado con el perro”.

Pero ojo, que tampoco es tan bueno que generen tanto afecto, considerando que podría aparecer un dueño. Y lo dice el propio jefe Cavada: “Primero agotaremos todas las instancias para saber si tiene dueño; sino es muy posible que lo integremos, porque la dotación así lo quiere y se transforme, de esa manera, en un ‘chacabucano’ más”.

Mientras, y como que no quiere la cosa, fue bautizado como “Canopus”, nombre que tenía otra mascota de corazón de agua salada.

Nos contactamos con el médico veterinario colegiado Siegfried Carrera, quien quedó impactado con las imágenes. “Que llegara a ese lugar es ilógico. Si bien son buenos nadadores, en esas condiciones tan desfavorables me hacen pensar que cayó de algún lugar o que alguien lo abandonó y que la corriente lo arrastró. Si no es por ese personal, de seguro, se hubiese ahogado”.

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