Gabriel Boric: “Yo no me siento amarillo”

En el Manifiesto Pop de esta semana, Gabriel Boric (FA) nos recibió en su casa para hablar sobre la carrera presidencial, la "aritmética" de la izquierda y el acuerdo del pasado 15 de noviembre. También sobre las redes sociales, el bromance con Giorgio y sus pasiones: la UC, la música y la literatura. Y ojo que le contó al diario pop cómo se sirve la piscola… ¡sin bebida!


Fotos: Andrés Pérez

Megaelecciones

En las elecciones, como Frente Amplio ganamos una oportunidad. Por lo tanto, no hay espacio para celebraciones, para dormirse en los laureles, ni arrogancia; sino entender de que hoy tenemos la posibilidad concreta de llevar a cabo temas por los que hemos peleado hace tanto tiempo y los cuales se conjugan con muchas otras generaciones. Tanto desde el diálogo de la constituyente como desde el debate presidencial y también desde los territorios, en las alcaldías, concejalías, la Gobernación Metropolitana (que espero que gane la Karina Oliva). Entonces, lo tomo con mucha alegría y como una oportunidad.

Los resultados también los tomo como una reflexión para los analistas políticos, que llenaban los diarios diciendo que el Frente Amplio estaba muerto… o que nos iba a comer el PC. Y no fue así. El Frente Amplio tiene una identidad propia, una diversidad de las izquierdas y una síntesis generacional que, creo, es muy valiosa para la política hoy en Chile. Pero para eso tenemos que hacernos cargo de no más pendejadas, no más peleas de ego, cortarla con la pelea por la prensa, con los fraccionamientos y tomarse en serio la responsabilidad que nos ha otorgado el pueblo de Chile.

La pelea de quién es más de izquierda, de la aritmética de la izquierda, me resulta totalmente irrelevante. Hay mucha gente muy preocupada de salvaguardar su identidad más que de cambiar la realidad. Y a mí lo que me interesa es contribuir a cambiar la realidad para mejor del pueblo de Chile con el pueblo de Chile, más que irme a dormir sintiéndome un santo o un puro en la noche.

Desdramatizo lo que pasó con el PS por las primarias. Tuvimos una diferencia táctica, no moral. Y no se dio el acuerdo suficiente para hacer algo que a mí me parecía relevante, que era poder incluir al Partido Socialista en estas primarias, pero no me cabe ninguna duda de que en torno a ideas, principios y transformaciones concretas… o sea, espero que nos volvamos a encontrar. En política siempre hay nuevas oportunidades y, en ese sentido, a mí no me llama la atención ni me mueve pelear la guerra de cuñas. Doy por superado el episodio.

El pueblo de Chile dio un mensaje claro de que quiere renovación, rostros nuevos, ideas de cambio. Y quienes han sostenido esas ideas de manera más coherente en el último tiempo fueron quienes resultaron con mejores votaciones en las últimas elecciones: el Frente Amplio, el PC, los Independientes organizados por transformaciones sociales, porque no son independientes en sí mismos… no fue Mariana Aylwin vestida de Independiente: fue la Lista del Pueblo, fue Independientes no neutrales. En la práctica se terminó dando, en el resultado, una amplia unidad del pueblo en torno a las transformaciones que se han venido reivindicando desde el 18 de octubre pero que venían germinando de mucho antes.

Acuerdo por la Paz Social y nueva Constitución

El acuerdo del 15 de noviembre es uno de los momentos más difíciles que me ha tocado enfrentar. Primero, yo tengo claro que nadie es dueño del proceso constituyente, es un triunfo del pueblo de Chile, por lo tanto nadie puede pretender apropiárselo. Pero también creo que quienes estamos en política no podemos ser sólo un reflejo del malestar, sino tenemos que jugárnosla y tomar decisiones difíciles para poder realizar transformaciones que se concreten. Y lo cierto es que antes de que nosotros llegáramos a esa negociación, como Frente Amplio, el acuerdo al que estaba llegando la derecha y la Concertación era tener una Convención Mixta, después ampliamente rechazada en el plebiscito; sin plebiscito y sin hoja en blanco. Y cuando nos metimos en la discusión, dijimos que eso era inaceptable, y logramos conseguir que hubiese un plebiscito de entrada, que una de las opciones fuera Asamblea Constitucional 100% electa y que fuera de una hoja en blanco. Y creo que es lo que correspondía hacer en ese momento, aunque efectivamente fue muy difícil. Eso generó una fractura en la izquierda, no lo desconozco, y creo que tenemos que hacer lo posible por repararla. En particular, con los movimientos y organizaciones sociales. Si estuviera de nuevo en esa posición, creo que hay cosas que podríamos tratar de hacer mejor. Pero creo que la esencia del acuerdo, de sentar y arrebatarle a la derecha por la vía institucional una Constitución que habían instalado por la fuerza y después defendido con las trampas de la misma Constitución, era lo que había que hacer y lo sigo reivindicando.

Los alcaldes jugaron un rol relevante no solamente en el Estallido Social sino también en la pandemia… pero es un hecho que tuvimos posiciones públicas diferentes respecto al acuerdo. Y en el momento en el que había algunos que lo estaban rechazando con vehemencia, y acusando a quienes lo habíamos empujado de traición y cuestiones de esas características, nosotros estábamos peleando por mejorarlo inmediatamente. Ahí fue gracias al movimiento feminista que se logró la paridad, gracias a los pueblos originarios que se logró su incorporación. Pero esas son cuestiones que yo señalé ese mismo día… no digo que sean por mí, que quede claro, pero sabíamos que en ese momento no era posible meterlo todo, aunque lo íbamos a pelear también, y lo terminamos consiguiendo.

Hay un momento en que uno tiene que tomar riesgos y poner en juego el capital político. En política, la coherencia paga a largo plazo. Uno no puede estar pensando solamente en la encuesta de mañana o en la reacción de las redes sociales del día siguiente, sino en estar tranquilo con haber defendido principios y convicciones de manera honesta. Ese momento histórico hay que evaluarlo por los resultados. No solo como una foto del momento, sino por todo lo que terminó sucediendo. Logramos correr los límites de lo posible. Entonces, es bueno siempre que todos seamos capaces de reflexionar y reconocer cuando nos equivocamos. En esto, la soberbia es una mala consejera.

Hoy en Chile hay una justicia de clase. ¿Sabes cuántos condenados hay por violaciones a los Derechos Humanos después del Estallido Social? Uno. Y condenados por delitos vinculados, de manifestantes, hay más de 800, cuando todos sabemos que hubo más de 400 personas con daño ocular. Con pérdida total, como en el caso de Gustavo o Fabiola, pero parcial, muchísimos. Y hueón… ¡un solo condenado! Entonces, lo primero es que no haya impunidad. Todo Estado de Derecho, requiere de una policía que sea legítima ante los ojos del pueblo; por tanto es importante una mejor formación en materia de Derechos Humanos, una revisión de la autonomía de Carabineros y de las Fuerzas Armadas… los casos de corrupción que han sucedido tienen que ver con que se permitió que hubiese un excesivo grado de oscuridad con el que tenemos que terminar. También creo que hay que terminar con la discriminación odiosa entre oficialidad y tropas: no puede haber diferencias de clase en la misma institución. Y hay que repensar los símbolos de la institución, en conjunto con la institución y el pueblo.

Presidencial

Ser candidato a la presidencia de Chile lo entiendo como una responsabilidad muy colectiva. Creo que en política tiene que haber un equilibrio que tienda hacia lo colectivo, entre las ambiciones individuales y las responsabilidades colectivas. Y uno no está en política para hacer carrera personal. Lo asumo con orgullo, no como una carga, y con mucho sentido de la responsabilidad. He visto cómo hemos crecido, cómo nuestra generación ha ido tomando protagonismo en política.

Con Daniel Jadue somos parte de una alianza y lo veo como un compañero. Al día siguiente de las primarias, no cabe ninguna duda que si yo gano él va a estar apoyándome, y si él gana yo voy a estar apoyándolo. Es importante que esta primaria sirva para fortalecer la unidad de la izquierda.

Nuestras diferencias con Daniel, creo, son respecto a la capacidad de convocar. Espero ser capaz de convocar una amplia diversidad de gente que quiere transformaciones y no solamente los que se definen a sí mismos como antineoliberales o de izquierda. Y me parece que, para cambiar y gobernar Chile, se requiere una apertura a ideas que no sean solamente el reflejo de las propias.

Nosotros siempre supimos que era muy difícil llegar a las firmas. Las firmas de la Bea (Sánchez), las juntamos en la calle en otro contexto. Ahora había mucha preocupación. Pero en política hay que tomar riesgos; también nos dijeron que era imposible ganar la Fech el 2011 y lo logramos, nos dijeron que era imposible romper el binominal el 2013 y lo logramos, nos dijeron que no iba a salir reelecto y aumentamos la votación. Entonces decidimos jugárnosla sabiendo que iba a ser complejo por la pandemia… el Servel se demoró más de un mes en habilitarnos la clave única, y como no podíamos salir a la calle no teníamos cómo juntar las firmas, salvo ir a cada casa y no se puede ir a 30 mil casas en pandemia. Fueron momentos duros pero que generaron cohesión al interior del Frente Amplio, y épica.

Cuando llegamos a la meta fue una tremenda alegría, alivio y la sensación de «ahora por fin vamos a poder hablar de los temas que nos convocan». Ya no va a ser la pelea por estar, sino que estando vamos a poder hablar de salud mental, de modelo de desarrollo, de nuestras propuestas para infancia, presupuesto de Ciencias, redistribución de la riqueza, medioambiente, feminismo.

Ya no me acuerdo de Pamela Jiles. De verdad. Tengo temas demasiado más relevantes en los que pensar y preocuparme.

La juventud en una carrera presidencial puede dar apertura a las nuevas ideas. Una mayor capacidad de interactuar generacionalmente, con quienes son más jóvenes que nosotros, las generaciones que están hablando ya otro lenguaje: en Twitch, en TikTok… nosotros crecimos juntando láminas, jugando tazos, en la calle. Nosotros podemos ser un eslabón que conecte a las generaciones que nos precedieron con las que vienen. Y siento que ese es un posible plus de nuestra generación, que hoy nos toca estar en primera línea de la política. Le viene bien al país salir de esta idea como del club de la unión que era la política durante la transición.

En una eventual segunda vuelta el rival a vencer son quienes quieren mantener el statu quo en Chile, disfrazado de otras palabras. Eso está representado en la derecha política en Chile, por lo tanto lo que hay que vencer es el temor a la transformación, el temor a mayor justicia social, el temor a la dignidad, a que haya mayor igualdad. A eso tenemos que ganarle y eso se representa en la derecha política. Y creo que le podemos ganar a cualquiera de los candidatos de derecha.

Vida

Vamos a trabajar muy fuertemente para terminar con el centralismo, tanto en materia económica como en calidad de vida. Soy de Magallanes, nacido y criado a las orillas del Estrecho de Magallanes y, cuando tú los ves en un mapa, Chile parece súper lejano. Y en cada territorio, más allá de Santiago y de los centros neurálgicos donde se toman las decisiones, en el sector oriente o en el centro de la capital, hay un montón de potencial y de capacidad… el centralismo es un tapón al desarrollo de la sociedad chilena. Por ejemplo, a nosotros, durante mucho tiempo, nos dijeron que teníamos muy poca población como para tener un oncólogo, ¿cachái? Mi abuelita, cuando tuvo cáncer, se tuvo que ir a Valdivia a una pensión de mierda, desarraigarse de la familia, mi mamá se tuvo que ir a cuidarla porque fue un cáncer muy duro. Mi hermano chico estuvo enfermo también y se tuvo que venir a Santiago. Se necesitan especialistas en regiones… son ejemplos del centralismo. El centralismo se expresa en cuestiones de que, por ejemplo, tienes más posibilidades de morir si vives en una zona aislada, o más lejos de la capital.

Soy un privilegiado… Me hice de izquierda cuando adquirí conciencia de que algunos de los privilegios que tenía se sostenían en que otros no los tuvieran, y que, por lo tanto, había que luchar por terminar con los privilegios injustos. Mi madre no pudo estudiar en la universidad por recursos, mi nono llegó hasta el segundo de preparatoria, mi padre estudió cuando la universidad era gratuita, sin embargo yo, gracias al trabajo de mis padres, tuve una buena situación.

Cuando entramos a la política había un ninguneo muy brutal hacia el ser joven. Nos llamaron, no solamente la política sino desde los medios, la «bancada estudiantil», como si lo único que pudiéramos hablar era sobre educación, cuando teníamos propuestas en materia tributaria, en modelos de desarrollo, medioambiente, infancia, salud mental, etc. Y al romper con los códigos del club de la unión que tenía el parlamento, también hubo mucha crítica. El episodio de la corbata es bien ejemplificativo de aquello. Lo tomé como algo muy ridículo, que estuvieran haciendo show por no andar con corbata, y después entendí que todos esos símbolos eran mecanismos de disciplinamiento para homogeneizar a quienes entraban. Por lo tanto, para mí era muy importante mantener la dosis de rebeldía que nos había llevado hasta allá.

En los noventas crecimos con los «no ‘toy ni ahí» del Chino Ríos… como que eso caracterizaba a la juventud, o un existencialismo radical tipo grunge, o el «no ‘toy ni ahí» con lo público. Y creo que nosotros logramos romper eso y despercudirnos de los miedos de las generaciones que vivieron el trauma de la Dictadura. Desde el 2001, 2006, 2011, esa generación hoy toma protagonismo en serio: Tomás Vodanovic, la Maca Ripamonti, la Erika Martínez, por cierto la Camila Vallejo. Hay una serie de liderazgos que van emergiendo y yo me siento parte de esa camada.

Me costó mucho acostumbrarme a Santiago. Fue un golpe súper difícil pasar de Punta Arenas a Santiago, y para mis compañeros también: el primer año fue durísimo para la mayoría. Pensé en algún momento en volverme. Me costó el ritmo, todo, partí muy débil y después me fue muy bien. Tuve la suerte de ser ayudante de personas como José Zalaquett, Carlos Ruiz Schneider o Sofía Correa, con los que aprendí muchísimo… pero también era un personaje nocturno asiduo a diferentes episodios. Lo pasé bien.

Una vez me tiré al mar en la Antártica… y casi muero. El nivel de congelamiento es brutal. Estaba en un barco y quería probar, poder contar la anécdota. Tenía 28 años. La Antártica es uno de los lugares más impresionantes que he conocido en mi vida… y haber tenido esa sensación de ese frío glacial, haber estado en el mar de la Antártica, fue increíble… pero peligroso.

El bromance con Giorgio es real, lo ratifico. Es impresionante cómo nos confunden, hueón… pese a que somos bastante diferentes físicamente nos confunden en la calle. Somos muy amigos, nos queremos y somos muy complementarios, entonces el Bromance es real. Tengo hasta una polera con el dibujo que me regalaron donde salimos los dos, jajaja.

Salud

Estamos en un momento crítico de la pandemia, la gente parece que se olvida. Hay miles de familias que están en duelo y cada uno de nosotros, a estas alturas, conoce a alguien que tiene algún cercano que falleció producto de Covid o que quedó con secuelas graves. Creo que ha faltado mucha empatía con el dolor. El no haber otorgado los apoyos necesarios para que las cuarentenas o las medidas restrictivas no fueran un privilegio que pudieran pagar solo quienes tenían las condiciones para ello, fue un tremendo error del gobierno que el pueblo de Chile está pagando muy caro. Y lo bueno, hasta ahora, aunque también pecaron de exceso de triunfalismo y se adelantaron, ha sido el proceso de vacunación, que ha reivindicado el rol de la salud primaria y que es necesario tener políticas universales en torno a los Derechos Sociales.

Sobre la cannabis, soy partidario de la despenalización del autocultivo. Y creo que tenemos que tener un debate mucho más complejo respecto del tratamiento de la droga; cuando hoy es visto solamente desde la perspectiva de orden público y no desde la perspectiva de salud, se termina criminalizando a un montón de gente que no debería, sino que más bien requiere ayuda. Y en muchos casos son mujeres… la mayoría de las detenciones por ley de drogas son mujeres de escasos recursos, que se ven obligadas por necesidad, y que no son narcotraficantes. Entonces, hay que revisar la política respecto a la ley de drogas, porque claramente la batalla no está funcionando; el narco está ganando espacio y eso se combate con mucha fuerza, pero no con la misma receta que no ha funcionado en los últimos años.

Chile está en una crisis de salud mental, agravada con la pandemia. Y muchas veces no se ve: es de esas procesiones que se llevan por dentro. Cuando tú tenís una fractura o un esguince, nadie te da unas palmadas y te dice «tú puedes, vas a salir adelante». Tienes que recibir un tratamiento y, en cambio, cuando tienes un padecimiento vinculado a la salud mental, sencillamente se ignora o se ridiculiza; muchas veces son utilizadas como insulto o escarnio: «No seái loco, no seái bipolar, es que andái esquizofrénico», que terminan invitando a la invisibilización de los problemas reales. Para nosotros va a ser muy importante el acceso de la salud mental y, por lo tanto, mejorar su presupuesto, que hoy es de 1,9% del presupuesto total de salud: queremos llegar ojalá al 15 o 18%. Pero además entender la salud mental no solamente como la ausencia de patologías, sino como la posibilidad subjetiva de sentirse bien. Entender que no es un tema exclusivamente individual: es un problema de la sociedad. Hay una frase de Byung-Chul Han, que dice algo así como: «En la sociedad del rendimiento, si tú fracasas te invitan a culparte a ti mismo porque no fuiste exitoso» y, por lo tanto, caes en una depresión, en vez de rebelarte contra el sistema y volverte una persona crítica que se agrupa con otros para cambiar esas condiciones estructurales que están mal. El individualismo radical es uno de los problemas de la salud mental que nos toca enfrentar como generación en el mundo, no sólo en Chile.

Tengo TOC y en un momento fue bien difícil. Tenía dificultades para leer, escribir, caminar, llegaba a ser inhabilitante. Mucha ansiedad, mucha angustia. Es un tratamiento permanente, pero hace poco, gracias a que estuve en el Horwitz, hospital de la Chile, lograron encontrar la alquimia de los remedios para poder tener una mejor calidad de vida.

Boxeo, pero no pa’ pelear, es pa’ botar tensión y mejorar el físico. He visto peleas, como las del «Chino» Maidana, algo de Pacquiao, el insoportable de «Money» Mayweather, pero no soy un fanático del box, aunque me hace muy bien. También me gusta el ajedrez, lo estoy jugando harto últimamente. Tengo mi tablero y mi reloj. Con Giorgio jugamos en Chess.com.

Insultos

Ha sido súper difícil el tema de las redes sociales. Por sanidad, uno no lee todos los comentarios pero eso significa que pierde la posibilidad de contestarle a la gente que tiene críticas de buena fe y constructivas o te envía mensajes que no son mala onda, pero es imposible… porque efectivamente te toca. Los insultos no hay por qué soportarlos. Uno como figura pública tiene que estar expuesto al escrutinio público y entiendo que es parte de la pega, pero cuando vienen los insultos a la familia, o sin conocer, es doloroso. No es algo que tenga superado.

Yo no me siento amarillo. Reivindico con mucha fuerza que en política es necesario dudar de las convicciones propias. Si uno no es capaz de dudar de sí mismo y cree que siempre está en lo correcto, pierde la oportunidad de integrar muchas otras visiones, de aprender, de crecer. Algunos consideran que eso es ser amarillo. El expresar dudas o estar dispuesto a conversar con el que piensa distinto… yo estoy dispuesto. Y eso lo voy a seguir reivindicando, lo llamen como lo llamen.

Me han acusado de cuestiones insólitas. Porque le di la mano a Chadwick, por ejemplo, cuando yo fui el que defendió la acusación constitucional, tanto en la Cámara como en el Senado para destituirlo y lo logramos. Ese momento fue muy duro, porque además estaba con una compañera, que fue súper doloroso para ella… Las acusaciones falsas son duras. Soportar la infamia calculada, cuando alguien dice cuestiones de que yo salvé a Piñera, que tengo las manos con sangre… hueón, nosotros hemos estado en las movilizaciones también. La marcha del 25 de octubre, la marcha más grande, estuvimos en la calle. Eso ha sido difícil.

Rock and roll

Cuando a alguien le preguntan qué escucha y responde «de todo»… tiende a ser una señal de que por ahí no hay una conversa interesante. Hay un documental muy bueno que se llama «Pinochet y sus tres generales», te lo recomiendo. Los franceses como que vienen y los agarran pa’l hueveo sin darse cuenta y le preguntan qué música escuchan. Creo que Mendoza, ponte tú, le dice «de todo»… «música clásica». Y cuando le preguntaron algún autor, se dan cuenta que no sabían nada.

Me gusta mucho el punk: Gatillazo, La Polla Récords, Fiskales, 2 Minutos… me gusta el thrash: Sepultura, Slayer, como el thruthruthrú (nota: imita el sonido de un riff pesado), Metallica, Megadeth. Me gusta Tool, una de mis bandas favoritas… lo experimental de Radiohead, pero también la línea más clásica de Los Beatles y derivadas.

Con un amigo aprendí a escuchar Los Beatles, tratando de diferenciar a Lennon de McCartney en las composiciones y en las voces. Es súper entretenido hacer ese ejercicio: escuchar cualquier disco de Los Beatles y poner, ponte tú, «And Your Bird Can Sing» del Revolver y ver quién está cantando. Y a la gente le cuesta mucho.

La música chilena es la raja, hueón. Está como poco valorada afuera, pero tiene una riqueza… partiendo por Violeta Parra. Jorge González es de mis músicos de cabecera. Toda la experimentación que hace, cuando se mete en la electrónica, las congas pensantes, el disco de solista, el Libro, es precioso, es un disco hermoso. Y después, los referentes más nuevos: me gusta mucho la Camila Moreno, la admiro como artista; Kuervos del Sur. Ahí escucho una amplia variedad.

Si tuviera que recomendar un disco: Mala madre de Camila Moreno. Discazo de principio a fin. Es un disco sobre las brujas y la percepción o el rol asignado a la mujer, y escucharlo desde la condición también es un voladero de cabeza. La música es la raja, su voz es espectacular.

Me cuesta mucho enganchar con series, pero tengo dos favoritas. Vientos de agua, una coproducción argentino-española, que reúne los relatos del exilio de un padre antes de la Guerra Civil española, de España a Argentina y después del hijo, de Argentina a España, para la crisis del 2001. Muy bonita. Y la primera temporada de True Detective: otra cosa.

Soy piscolero, pero yo no tomo bebida en mi vida cotidiana… entonces la piscola me la hago con agua. Mi pisco de cabecera es el Alto de 40º, doble destilado, es perfecto. Un toque de Coca Cola, que quede teñida nomás, y el resto: agua mineral con gas. Dos hielos grandes.

Cuadro: Pablo Serra

Católica

La peor derrota que recuerdo como hincha cruzado es la del ’94, cuando la «U» sale campeón. Y después la del 2011, que fue un momento así… pero hueón… (nota del editor: se lamenta). Además lo del «cotillón» es una vergüenza. Una vergüenza y un aprendizaje: ¡nunca más, nunca más! Y cuando Pratto anota el 1 a 1, ya estábamos… primera vez bicampeones, habíamos ganado el campeonato anterior estando siete puntos abajo de Colo Colo (se lamenta otra vez). Con la «U» han sido los dos partidos más dolorosos.

Me cargan los estadistas del fútbol. Los que tratan de tener ecuanimidad… la parte de hincha del fútbol es un espacio que uno le tiene que conceder a la irracionalidad también y no tratar de vestirse de buenista, por eso siempre quiero que le vaya mal a la «U» y a Colo Colo. Sin perjuicio de ello, las enseñanzas del maestro Bielsa van más allá del fútbol, ¿cachái? Y escucharlo hablar de que los momentos de éxito son los que más daño le han hecho, tiene mucha mucha razón.

En un partido contra Unión que perdimos 4 a 3, un hincha de Católica que estaba en tribuna le grita al guardalínea: «No te digo hijo de puta porque erís guacho». Es el insulto más clasista que he escuchado en mi vida. Por suerte, ahora el hincha se ha diversificado. El otro día fui a San Bernardo, ¿cachái la hueá de los postes?, y había territorio cruzado. Es bonito eso: que se vaya rompiendo esa alineación de clase que efectivamente hubo durante mucho tiempo. Además, ahí está la anécdota del Mumo Tupper, de que pa’l ’88 la directiva los instó a votar que Sí en el plebiscito y el Mumo dijo que iba a votar que No.

Gracias al feminismo se ha ido avanzando hacia la erradicación de las «zorras», «madres» y «monjas», que era demasiado típico. ¿Cómo «madre» se puede ocupar como un insulto? Y lo que más sorprende es no haberlo pensado antes y tenerlo tan naturalizado. En algún momento recuerdo haberlo ocupado, haber dicho «Feliz día de las madres…» cuando ganamos, pero me arrepiento.

No creo que Sebastián Piñera sea cruzado: un hincha de verdad no compra acciones de otro equipo. Esa lógica empresarial del fútbol no tiene corazón.

Le cambiaría la letra al himno de la Católica. Sí, yo creo que todo puede cambiar, jajaja. No estaría de más. Es como Dios, patria, tradición… no, se puede cambiar.

Sueños

Me hubiese gustado dedicarme a la literatura y escribir. Siempre he deambulado entre la poesía y la narrativa. He escrito cosas, pero todavía tienen el tinte de la mediocridad y de la falta de disciplina que requiere todo oficio. Lo que me pasa con la lectura es que es una invitación a descubrir nuevos mundos y viajar en el tiempo. Estaba leyendo el otro día una novela sobre la guerra de Japón con China y el Estado de Manchuria en 1933, o una novela chilena sobre Maipú en los ’80. Uno puede viajar a territorios que no conoció con la literatura, y eso me fascina.

Enrique Lihn y Gabriela Mistral son mis autores de cabecera. Gabriela Mistral tiene una cantidad de cosas desconocidas… hay un poema que dice «Ay Lucila, por qué te engabrielaron»… tiene una prosa poética que va mucho más allá de las rondas infantiles, tiene un lenguaje como si en los tiempos de Cristo hubiese llegado al Valle del Elqui. Y Enrique Lihn es el personaje más rebelde que conozco y lúcido de la literatura chilena.

Si pudiera invitar a tres personas a un asado sería a Rosa Luxemburgo, mi nono y Nano Stern. A Rosa Luxemburgo para conocer de primera fuente lo que es ser revolucionaria a comienzos del siglo XX y morir asesinada por quienes se supone eran parte del mismo campo. A mi nono, que nació en 1908, que tuve la suerte de conocer y que fue una de las personas que más me marcó en mi vida pero que lo extraño muchísimo. Y también a un gran amigo, que sé que es bueno pa’ los asados y que además le pone ritmo a cualquier fiesta, que es el Nano Stern.

Mi sueño imposible es tener el poder de viajar al pasado. A muchos lugares: me encantaría ir al 476 después de Cristo a la caída del Imperio Romano, es brutal pero la batalla de Stalingrado, poder haber vivido la emoción y desgarro de la Unidad Popular, haber conocido a los pueblos originarios que habitaron el territorio que hoy llamamos Magallanes, en particular a los yaganes, a los selknam.

Y como sueño posible me encantaría tocar en una banda. Toco guitarra mediocremente, pero eso me falta: aprender mejor un instrumento. Guitarra o bajo. Piano, he estado escuchando mucho piano. Y componer. Estaría dispuesto a experimentar, como en Radiohead que Thom Yorke decía en un momento: «Hay que ser capaz de traicionar a tus propios fans». Es bueno experimentar, que es algo que hace la Camila Moreno…

Influencia

Me parece muy interesante lo que está haciendo Lucho Arce en Bolivia. Creo que la coalición que hay en Portugal es tremendamente interesante. También, el gobierno del PSOE con Unidas Podemos en España. Pero me siento muy lejos de Nayib Bukele, por ejemplo. Él es de un autoritarismo populista que destruye instituciones.

Durante mucho rato la política profesional chilena se alejó de la realidad del pueblo de Chile. Se encapsuló y se llenó de privilegios. Cuando entré al parlamento, había un 13% de mujeres y un 87% de hombres, seguramente la gran mayoría estaba en Isapres, se atendía en clínicas privadas, tenía a sus hijos en colegios privados y vivía en alguna de las comunas del sector oriente, que votaron Rechazo. Había un ensimismamiento y una incapacidad de ver la realidad muy grande. Una expresión es la derecha, que es bien brutal, por ejemplo cuando Mañalich dice «no conocíamos la pobreza y hacinamiento que había en el sur de Santiago», cuando esa pobreza siempre ha estado allí. Pero también la soberbia de Eyzaguirre, por ejemplo, cuando criticaba a una clase media a la que se le había aleccionado durante mucho tiempo a rascarse con sus propias uñas. Ahí también hay una falta de realidad y comprensión del Chile en el que vivimos hoy día. Hay que escuchar más, en política las campañas no solo sirven para decir lo que uno quiere decir sino pa’ aprender. Uno crece mucho haciendo campaña.

Nosotros tenemos que aprender de los gobiernos anteriores. Tanto de sus aciertos como de sus fracasos. Ponerlo todo en blanco y negro y decir «todo lo que vino antes de mí es malo», sería un tremendo error. A mí me interesa mucho leer historia, no solo la reciente, sino del siglo XX corto como lo llamaba Hobsbawm, y creo que tenemos que aprender de eso. La política no es dicotómica, no es de blanco y negro: es de matices y de grises. A mí me interesa mucho conversar con quienes tuvieron responsabilidades públicas antes que nosotros.

Mantenerse con los ojos abiertos y estar dispuesto a seguir aprendiendo es lo más difícil de la política. Luchar contra la desconexión, nunca dejar de preguntarse por qué estamos donde estamos. Una vez Álvaro García Linera, exvicepresidente de Bolivia, me dijo en persona: «Mira, yo he conocido en Bolivia a muchos dirigentes sociales que fueron diputados y que fueron absorbidos completamente por la maquinaria institucional». Y voy a parafrasearlo con una de Parra, que decía respecto de la Universidad de Chile, «no dejes nunca de ser el mosquito en la oreja del minotauro».

Un amigo me regaló la máquina de escribir del «Perro» Olivares. Fue un gesto de generosidad y desprendimiento tremendo. El «Perro» Olivares era el secretario personal de Allende y en esta máquina redactaba los discursos que Allende leía en sus campañas: era la máquina portátil que se llevaba a los viajes. Después del 11, en los días de caos que siguieron, el «Perro» Olivares se la pasó al papá de mi amigo y este la guardó durante mucho tiempo, se la dio a su hijo, y este la encontró hace poco y dijo que había una fuerza ahí que quería traspasarme. Pensar que acá se escribieron los discursos del «Chicho» es un honor, es sentirnos parte de una misma historia.

No es bueno tener ídolos. Porque toda persona en política está llena de grises, pero si tuviera que elegir un referente en la política chilena, sin lugar a dudas el legado de Allende es muy importante, pero me quedo más con Luis Emilio Recabarren y Eugenio González.

Yo

Gabriel Boric es magallánico, cruzado, apasionado y alguien que trata siempre de estar consciente de dónde está y por qué está donde está: o sea, alguien que reivindica la duda como un valor.

Manifiesto Pop es una sección de La Cuarta, revisa otros invitados acá.

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