Crónica de un cuevazo: habla el antofagastino que se ganó $314 millones en el casino

Autor: Guido Macari

El hombre de 31 años va con cierta frecuencia al recinto de azar ubicado en la ciudad nortina. Siempre juega póker como una forma de "distraerse". "Era impensado saber que tus deudas ya están solucionadas", relata al diario pop sobre aquel momento.


Había llegado del trabajo a su casa, cansado, con la intención de dormir. Pero «me puse a pensar en la pega, pega, pega…», cuenta E.G., un antofagastino de 31 años. Ante eso, como una forma de distraerse, pensó: «voy a salir de acá».

Era martes 12 de octubre, pasadas las 18:00, y decidió ir con un amigo al casino Enjoy Antofagasta, ubicado en Avenida Angamos, Antofagasta.

Generalmente, E.G. va una vez por semana a este recinto, a veces dos. «Pero solamente para distraerme porque trabajo mucho», cuenta al diario pop. «No voy con el objetivo de ganar».

Él está incursionado con dos emprendimientos, una empresa de servicio técnico de refrigeración y aire acondicionado, y otra de lavandería. Pero esa tarde quería pensar en otra cosa. Llevaba media hora jugando póker, y se había pedido un mojito.

Ya eran cerca de las 19:00.

«Fui con poquita plata», relata. Pero el pozo del póker estaba acumulado en 314 millones de pesos, al cual el jugador solo tiene acceso si paga un «seguro» de $500; los cuales E.G. desembolsó en el remoto caso de que le saliera la mano correcta.

En tanto, su apuesta fue de $15.000

El gran momento

«Es muy baja la probabilidad de que salga escalera real», comenta él sobre dicha mano, en la que deben salir las cinco cartas más valiosas del juego (10, J, Q, K y As), y todas de la misma pinta. Así que para ganar el millonario premio del recinto «te tiene que salir en la mano y pagar un ‘seguro'», explica.

En ese momento, E.G. se encontraba solo en la mesa frente al croupier, quien le entregó las dos primeras cartas. Luego, «la casa» sacó sus propias cartas. Tras ello, el repartidor procedió a poner los tres naipes del flop boca arriba sobre la mesa: salieron la J, Q y As, todas de pica también.

—Ahora te vai a hacer famoso —bromeó él con el croupier.

Cuando se encontró ante la posibilidad de tener algo valioso, revisó solo una de las cartas de su mano. «Y ahí vi la K, y el croupier también», quien empezó a transpirar, nervioso.

Tuvieron varios minutos de tensión para ver la última carta. «Generalmente estos juegos son rápidos», comenta. «Pero en ese momento se demoró mucho»… Y finalmente, cuando el croupier dio vuelta el último naipe, ahí estaba el 10 de pica.

La improbabilidad triunfaba.

La chance era de 1 entre 649.740, algo así como del 0,0002%.

Había una decena de clientes a su alrededor. “Todos saltando, aplaudiendo, gritando”, cuenta el afortunado. «Quedó la cagada».

Sobre esos primeros minutos tras ganar el millonario pozo, comenta:

—Era impensado saber que tus deudas ya están solucionadas. Esa asimilación me costó un poco tomarla. Te nubla la mente.

Su pareja no lo podía creer

Alguna vez, ganó 800 lucas en una máquina tragamonedas; eso era lo máximo que había conseguido. «Antes de la pandemia, a veces me juntaba con amigos o familiares para jugar póker», comenta, en apuestas que no superaban los mil pesos.

En el casino, «las demás personas no podían creer que, justo en ese momento, alguien se había llevado el premio», comenta. Mientras, el amigo con el que fue, jugaba en otra sección del recinto, en las tragamonedas.

Mientras, «los crupieres también saltaban de alegría porque, según me decían los encargados, ellos todo el año esperan ese momento, porque después está la tensión de la propina».

E.G. comenta que lo máximo que se había donado de propina eran 10 millones, pero «yo doné 25 millones», monto que se reparte entre dichos empleados.

—Por eso los crupieres están tan emocionados; obviamente los gerentes no mucho —dice y ríe—, aunque les sirve de publicidad…

A la primera persona que llamó por teléfono fue a su pareja, a quien le dijo que «me gané 290», tras restarle la propina.

—¡Ah, 290 lucas! —respondió ella contenta—. Podemos pagar la casita del gato.

Pero el afortunado le aclaró que se trataban 290 millones. «Estaba feliz, llegó dos minutos después al casino», asegura.

Luego, ya en casa, «hicimos una comida y compramos un par de bebestibles» para celebrar en familia, junto a sus dos hijos.

Los planes

Cuando va al casino, en el más arriesgado de los casos, E.G. va con 200 lucas dispuestas a ser gastadas: a veces sale con más, otras con menos. No juega por más de tres horas.

Pero esa tarde de martes, la suerte se le apareció de frente.

Su plan es invertir los 290 millones en pagar deudas e invertir. «La verdad que yo no soy de lujos, pero compraré un vehículo para la empresa»; actualmente tiene una camioneta china.

E.G quiere “saber usar las lucas, aprovecharlas, porque no creo que este momento se vuelva a dar”.

Eso sí, en lo inmediato, «podremos concretar el matrimonio con mi pareja». Es más, «mañana iremos al Registro Civil», cuenta. «Ya teníamos pensado hacerlo, pero antes queríamos saldar las deudas y salir adelante con los trabajos».

Sin embargo, «ahora, como se dio esto, obviamente se adelantó todo».

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