Ignacio Briones: “Di Mondo me parece una persona atractiva porque es súper excéntrico”

En el Manifiesto Pop de esta semana, Ignacio Briones (Evo) nos recibió en su oficina para hablar sobre su paso por el ministerio de Hacienda, lo que fueron las megaelecciones y algunas de sus propuestas. Acá, además dice que es muy distinto a la imagen que suelen tener de él, que no es "momio", y que valora la excentricidad de Di Mondo, con quien lo comparan en redes.


Fotos: Mario Téllez

Presidencial

Para mí ser Presidente de Chile es una responsabilidad, amo a mi país. Siento que en esta crisis bien profunda que estamos atravesando hay una oportunidad de hacer reformas de fondo, de hacer cambios de fondo, de tener un solo Chile, y creo que es posible si hacemos la pega, buscamos acuerdos y tenemos una mirada de futuro, que es lo que me parece ha faltado. Quiero estar en eso, no me podía restar de este período histórico. Me hubiera arrepentido toda mi vida si no hubiera tomado este riesgo, que no estaba en mis planes para ser súper honesto. Pero quiero ser parte de este nuevo ciclo social y político, quiero contribuir a aquello. Esa es la convicción más profunda en un Chile más libre y entendido como más digno. La libertad es dignidad, y ese es el sello de la campaña nuestra.

No vengo de la política. Hace dos años atrás estaba haciendo clases en la universidad, esa es mi profesión, esa es mi vida. Y me tocó llegar en un momento crítico, con el Estallido Social, con lo que eso significaba, hacer los cambios que nunca hemos hecho. Y luego vino la pandemia, que interrumpió eso y lo cambió por la inmediatez.

Los insultos que ha recibido Javiera Parada hablan de una parte de Chile muy polarizado, muy descalificador, lleno de prejuicios. Y yo creo en un Chile distinto, donde hay que conversar más, tenemos que unirnos con personas con las que antes probablemente no teníamos una unión tan clara. Creo en eso: el futuro lo construimos juntos. Que ella y otros independientes, que no son lo que uno espera en una candidatura que participa en la primaria de Chile Vamos, estén con nosotros habla de una capacidad de convocar y una voluntad de convocar a un mundo nuevo.

Los partidos tradicionales, que han sido protagonistas de los últimos 30 años, entraron a una etapa de jubilación. Y con esto no quiero no quiero decir que los partidos no tengan un rol fundamental; yo creo en la política y creo en la buena política, pero hay una desconexión muy profunda entre los partidos y las personas, que los ven peleando, los ven preocupados de su tema, de su calculadora electoral. Como decía el papá de Tamara, la niñita que asesinaron: «Mientras ustedes están peleando por cuestiones que les interesan solo a ustedes, a mi hija la mataron». Esa desconexión es flagrante y a eso se suma una pérdida de credibilidad muy grande respecto del mundo político. Es el momento de enfrentar el nuevo ciclo, de mirar hacia adelante, aquí se enfrenta futuro versus pasado, y es una oportunidad de hacer las cosas distintas para reconectar y para darle seguridad a las personas en las cuestiones más fundamentales de su vida cotidiana. Y con nuevos rostros.

El ciclo Bachelet-Piñera-Bachelet-Piñera se acabó. Creo que el fracaso de este ciclo, o lo que se ve de este ciclo, no es tanto un castigo al gobierno, que por cierto que lo hay; yo fui parte del gobierno y asumo las responsabilidades que me corresponden. Pero es un castigo a una forma de hacer política. Desde hace mucho tiempo que vengo planteando que el ciclo político que teníamos en Chile se acabó. Y las últimas elecciones así lo mostraron. Por eso es fundamental no vender humo.

Tanto en izquierda como en la derecha los nombres y los rostros se repiten. Es la vieja política, la política tradicional, que hoy está en cuestionamiento. Se requieren nuevos liderazgos, más creíbles, comprometidos, jugados y esto no tiene que ver con un sector político: el llamado es a todos. Además, esta crisis abre una oportunidad para que esos nuevos liderazgos se ejerzan.

Por el hecho de no venir de la política, yo no lo debo nada a nadie. Me siento muy libre para tomar las decisiones y hacer los cambios que no hemos hecho, sin ningún problema. Ese es mi convencimiento: por eso estoy acá. Yo no ando buscando un cargo de poder, no estaba en mis planes ser candidato a Presidente, pero sí me preocupa el momento de Chile y me preocupa que, presa de la inmediatez, de las peleas que hemos seguido viendo pese a la elección, nos farreemos la oportunidad de hacer las reformas de fondo que Chile necesita en materia de educación, en materia de igualar la cancha, en materia de protección a la clase media, una reforma de salud potente, para qué decir de pensiones… eso tenemos que hacerlo. Para eso tenemos que romper con el tironeo de izquierda y derecha; hay que tener coraje, decisión y hay que oponerse a los grupos que bloquean los cambios y que ha mantenido bloqueado estos cambios, que son desde el mundo empresarial, del mundo privado, y también del mundo estatal, el mundo público, los gremios.

Si llego a una segunda vuelta me veo con Daniel Jadue. Porque tiene mucha disciplina, es una persona inteligente y que tiene una fuerza política muy ordenada atrás. Pero creo que lo que propone el comunismo para Chile no es lo que el país necesita para tener soluciones que sean de verdad reformistas, que es lo que me anima, pero sostenibles en el tiempo.

Estoy full dedicado y con toda mi mente centrada en la candidatura. Me salí del gobierno para esto. Entendí el momento difícil que está viviendo Chile y quiero contribuir. No me hubiera perdonado no ser un aporte. Estoy completamente jugado acá y, en esta decisión, nunca pensé qué voy a hacer después. Si uno se pone tan racional, te diría que a lo mejor me hubiera quedado como ministro, pero no. Es el momento en que dije hay que cruzar el cerco, tirarse con todo. Pero creo que siempre voy a estar vinculado a la política con mayúscula, a las políticas públicas, lo que uno cree que va a mejorar el bienestar de las personas.

Ministro

Cuando partió la pandemia, de pura buena fe, de naíf, le mandé un mail a mis colegas del gabinete proponiéndoles que nos bajáramos el sueldo un 30%. Anticipaba que venía un período súper duro y nosotros teníamos que dar el ejemplo. Me filtraron el mail. Cuando después estaba en el Congreso, había parlamentarios que me increpaban, porque según ellos me había hecho el «lindo», quería buscar popularidad y lo curioso es que, en sus registros, no podían concebir que yo hubiera hecho esto no buscando popularidad sino porque creía que era lo correcto. Al final, creo que el único que terminó donando parte de su sueldo fui yo. Dice mucho de la lógica política: nada de lo que se hace, se hace sin una búsqueda de un beneficio personal. Ese es parte del problema y la gente lo percibe.

Cuando fui ministro prácticamente no vi a mi familia por un año y medio. Me lo cobran todos los días. Trabajaba dieciséis horas todos los días… pero ese no es el costo principal.

Como ministro de Hacienda, que a algunos les gusta destacarlo, fui capaz de ahorrar más de 2 mil millones de dólares. En programas mal evaluados, en compra de vehículos, en viáticos y con esa plata financiamos el programa completo de subsidio del empleo que hoy está en marcha.

Es poco sabido, pero cuando fui ministro me gané varias camoteras… redujimos varias veces el presupuesto de Defensa, postergamos la compra de aviones. Nos dieron duro, como papa, pero es lo que había que hacer. En un momento de crisis, uno tiene que buscar los espacios para sobreinvertir en aquellas cuestiones que son prioritarias: la pandemia, las transferencias de apoyo a las familias. Se puede, solo hay que atreverse. Y tengo esa libertad de que no le debo nada a ningún grupo para hacerlo.

Ser ministro es como ir en un auto a toda velocidad, donde hay pocas instancias para mirar hacia atrás. Particularmente en una crisis siempre hay que ir para adelante. Y eso requiere una visión de futuro y mantener la cabeza fría, precisamente para no picar en estas falsas polémicas que le hacen mal a la política.

Tengo el video de Pamela Jiles corriendo en el Congreso en mi teléfono personal. Lo grabé porque intuí que estaba frente -y creo no equivocarme- al inicio de la política espectáculo, la política como show. Lo que hace ella es un show y lo que ha seguido haciendo es un show. La buena política, en la que creo, tiene que ser seria, sin descalificaciones, mirando para adelante.

Programa

Cuando estoy en la calle, en La Pintana, en Quilicura, las personas me dicen: «ok, yo retiré mi 10%, porque tengo una incertidumbre feroz respecto a lo que viene y quiero tener esta platita guardada por si acaso». Pero al mismo tiempo te dicen «yo sé que los bonos no son pa’ siempre, los 10% no duran pa’ siempre, y nosotros necesitamos certezas sobre nuestras pegas», particularmente las mujeres, las jefas de hogar, que mantienen la mitad de los hogares en Chile: su angustia es la pega. ¿Y qué se propone? Yo tengo un plan, yo sé cómo hacerlo, quizá porque es mi especialidad, pero es una preocupación mayor.

En el centro de mi programa está el presupuesto familiar y el costo de la vida: cómo hacemos para que a las familias les sea más fácil llegar a fin de mes. También sé cómo hacerlo. Tiene que ver con la economía de la casa, que no es muy distinta a la economía de un país. Nosotros tenemos la propuesta de un ingreso mínimo garantizado, que asegure que ninguna persona que tenga una pega formal gane menos de $400 mil pesos líquidos, una transferencia directa, una ayuda solidaria a todos los chilenos para apuntalar el presupuesto de esa familia… o alguien que gana $400 mil pesos líquidos, va a llegar a $490 mil pesos. Y esa es una forma concreta de ayudar, junto con otras medidas como bajar el transporte público a la mitad, que también le han dado como caja…

Cuando me hicieron bullying por mi propuesta de transporte… esa es la respuesta liviana y simplista: ¿qué proponen ellos? Yo acá tengo una propuesta seria: a una persona que ocupa el transporte público todos los días, implica devolverle 20 mil pesos mensuales, casi $250 mil pesos al año. Y si son dos adultos en esa familia, casi $500 mil pesos al año. Se puede financiar y la propuesta está ahí, es seria, es concreta. De hecho, aquellos que hacen la ironía de que fui ministro de Hacienda, quiero recordarles que ese camino lo empezamos: porque lo hicimos para el adulto mayor, rebajando el transporte público a la mitad. Esa ruta se empezó. Lo que yo estoy proponiendo es extenderla a todas las personas y a lo largo de todo Chile y se puede.

Sabemos que un problema grande es el endeudamiento y el endeudamiento es súper caro, con tasas del 25% o 30% al año, una persona que gana un millón de pesos mensuales, está endeudada en dos millones como crédito de consumo y paga $500 mil pesos solo en intereses. Nosotros hemos hecho una propuesta: vamos a hacer un Crédito Estatal a tasa real 0, que le permita prepagar esa deuda cara y cambiarla por una más barata. Eso es devolverle 500 lucas pal bolsillo. Se puede. Quizás soy fome en esto, pero paso de la promesa al compromiso. Eso se llama credibilidad. Y pasar al compromiso, significa no prometer nada que yo no pueda cumplir. Y a lo mejor me voy a quedar corto con otros que van a hacer ofertones, pero yo soy así, nomás.

Mi sueño es una educación pública mejor que la privada. El tema educación es clave. Y va a requerir esfuerzos grandes para darle mejores condiciones a los profesores, para atraer a los jóvenes a que se atrevan a ser profesores, que es una carrera nobilísima, maravillosa, pero que requiere buenas condiciones; monetarias pero también de reconocimiento público y social. Nosotros tenemos un déficit de cantidad de profesores que, además, va a incrementarse en los próximos años, así que hay que ponernos manos a la obra. Se puede tener una mejor educación pública mejor que la privada, y yo quiero mandar a mi hijo a esa educación pública. No es inmediato, no voy a vender la pomada y decir que mañana esta cuestión cambia, porque sería deshonesto y me gusta hablar de frente. Pero se puede si somos ambiciosos, si nos atrevemos a hacer el cambio.

Lo más difícil de la política es la pequeñez. De no ponerse de acuerdo. No digo que en todo, pero en ciertas cosas estructurales que nos muevan para adelante, que nos saquen de la parálisis que estamos y que le den respuestas a las personas. Esa pequeñez que hace que los políticos estén peleando todo el rato, buscando cómo sacar la ventaja pequeña, cómo destruir al otro en lugar de buscar acuerdos. Me tocó, en el gobierno, impulsar acuerdos: el del 14 de junio, donde creamos este fondo de 12 mil millones, donde mejoramos sustancialmente el IFE… y de nuevo la pequeñez de los políticos de decir «las 65 lucas».

Sobre las 65 lucas, un mes después, yo impulsé el acuerdo en que subimos el Ingreso Familiar a $100 mil pesos. Ya no estaba el ministro Sichel. Había halcones y había palomas. A mí, como paloma, me gustan los acuerdos; lo buscamos y logramos ese acuerdo que fue muy emblemático, muy importante, pero que lamentablemente después la propia oposición desconoció: es como si nunca hubiera existido.

Estoy a favor de legalizar la cannabis. Está en el ámbito de la libertad de las personas, de los adultos. Hay que ser muy celoso respecto de los jóvenes, de los niños, con sanciones draconianas para quienes infrinjan eso. Necesitamos sacar las rentas de los narcotraficantes y la legalización avanza en esa dirección. Podemos regular este mercado, de manera que sea seguro, y que además tengamos los recursos para las labores preventivas, educativas de los niños. Hay que sacarle este negocio a los narcos y mantener la prohibición es regalarle la renta a los narcos. A quienes dicen que legalizando la marihuana se abren las puertas a drogas más duras, la evidencia es más bien la contraria. Porque cuando tú cortas el vínculo con el narco, cortas el vínculo a acceder a otras drogas que son ofrecidas de la mano con la cannabis.

Redes sociales

Entiendo el sentido de las redes, que es pegar, pero nunca he picado mucho. No me afecta, recibí muchos ataques en el Congreso pero yo nunca soy de peleas. Creo que es tan de segundo orden… hay tantas urgencias que no hay tiempo que perder en peleas que sólo le interesan a ese mundo. Pero sí da lata la falta de información más básica. Porque tú puedes partir con ese caso, el de los $65 mil pesos, recordando que el Colegio Médico pedía $75 mil pesos, tampoco era tan distinto. Pero lo relevante es que un mes después, yo encabecé ese acuerdo, me la jugué por el acuerdo y lo subimos a $100 mil pesos y lo llevamos a más de ocho millones de personas. ¿Es suficiente? No, po. Si nunca es suficiente.

La política, encabezada por todos los sectores, es de un individualismo increíble. Cada político busca su mejor cuña, su mejor combo, la cuña de Twitter, del matinal, una competencia de quién es el más indignado, quién supuestamente conecta mejor con la ciudadanía. Pero la verdad es que uno no puede vivir solo de indignación, uno tiene que pasar al momento de las propuestas, hacerse cargo de este Chile del futuro, qué es lo que vamos a proponer para entregar seguridad a las personas en las cuestiones más urgentes.

El error que cometen los políticos tradicionales es pensar que Twitter es Chile… cuando ni siquiera se da el trabajo de escrutar un poquito más lo que uno dice, a propósito del pan famoso. Lo que yo dije en esa entrevista es que el pan corriente valía 1500 pesos, el kilo de marraquetas, pero que había panes de 10 lucas. Para decir que en materia de alimentos, los más acomodados gastan cuatro o cinco veces más que las personas de menores recursos. Porque compran productos más caros. Entonces, cuando dicen «vamos a devolver el IVA», yo digo, tengamos conciencia que vamos a estar devolviendo cinco veces más de IVA a las personas ricas que a las pobres y me parece injusto.

Política

El manejo de las vacunas ha sido muy bueno. Chile es un país tremendamente exitoso, basta mirar al lado de la región para darse cuenta de aquello. Hoy tenemos a una gran parte de la población vacunada. Ha habido problemas de información, de descoordinación, a veces señales equívocas que entremedio es lo que han enfrentado todos los países: nadie estaba preparado para esto, nadie tenía un manual de cómo hacerlo. Entonces, ha habido errores, pero en el agregado, el hecho de que seamos capaces de tener una vacunación masiva es algo que habla bien de esa conducción y de nuestro sistema de salud pública.

Tenemos un Estado que no da el ancho. Aquí hay muchas personas que te dicen: «por qué se demoró tanto», como si uno fuera el Todopoderoso, que basta la voluntad para que las cosas ocurran. Es como cuando me dicen «por qué no lo hizo cuando era ministro». Es imaginarse que el ministro es un todopoderoso, que es el Presidente de la República y no lo es… No, una vez que las cosas se deciden, tienen que generarse los acuerdos, aprobarse las leyes y después lo más difícil y lo más lento: tienen que pasar por los municipios, por la política pública, por el Estado para que lleguen. Tenemos un Estado, digámoslo con toda claridad, que no da el ancho. A mí me parte el alma esa cuestión, porque lo vi en primera línea.

Nunca me he sentido excluido en la política. Tengo bastante personalidad y decisión en las cosas que hago, las pienso bien, las analizo y cuando estoy seguro voy con todo. Nunca he sentido eso. Sí, es un conjunto cerrado, que tiene sus propios códigos. Yo, que venía de afuera, me sorprendió mucho, porque es estar como en un laboratorio, donde entiende que cada uno juega su rol, son actores, la polémica…, invento una polémica pa’ que el otro me responda… es una cosa bien sorprendente.

Las personas son mucho más inteligentes y sensatas que los políticos, por eso no les creen. Acá es muy fácil prometer el oro y el moro, y que las cuestiones duren uno, dos, tres, cuatro, cinco años. La pregunta es qué es lo que pasa después, cuando las políticas se acaban y los países se hunden. Eso es tremendamente injusto. Qué queda para los jóvenes, para las generaciones de después. Las personas saben que las cosas van por etapas, que por ejemplo uno no pasa a la casa definitiva recién iniciando una familia. Yo veo con preocupación eso. El reformismo se ve en riesgo si nos dejamos tentar por los ofertones, por quién grita más fuerte, por quién es el más indignado. Y me temo que Daniel Jadue representa muy bien esa rabia, pero honestamente yo no le he visto propuestas que permitan hacer cambios que sean sostenibles.

Sueños

Me hubiese encantado haber sido pescador. Siempre me ha llamado la atención, sé que es una vida dura, sacrificada. Me gusta el mar, esa soledad, el riesgo, ese sacrificio. Un gran amigo mío es pescador y siempre me ha gustado su experiencia. Aún no lo he vivido, pero estoy convidado. Vamos a hacerlo en las próximas semanas.

Mi sueño pendiente es estudiar filosofía. Me he preguntado hartas veces cuándo podría ser. Si soy Presidente va a estar difícil, pero hoy hay más facilidades online para poder hacerlo… Y porque, pese a ser economista, soy un humanista. Me emocionan las personas, sus sueños, sus desencantos, sus frustraciones, preguntarse qué es la felicidad. Y la felicidad es de cada persona, de cada proyecto vital. La pregunta por la felicidad es una de las preguntas claves de la filosofía. Siempre me ha conmovido, me ha interesado y me gusta esa reflexión profunda sobre el ser humano.

Me gustaría ser profesor en una escuela. Profesor de educación primaria, es bonito. Fui profesor en el Infocap muchos años, la Universidad del Trabajador que fundó Felipe Barríos. Hice clases y me encanta hacer clases. Pero cuando uno ve que lo que enseña se plasma en resultados, en aprendizajes completos que le puedan cambiar la vida a una persona, es bonito.

Si pudiera invitar a tres personas a un asado… sería a Gabriel Boric, Daniel Muñoz y Javiera Contador. A Gabriel Boric, porque tenemos diferencias políticas que debatir con profundidad y altura de miras. Él trae el cordero magallánico y el vacuno. A Daniel Muñoz, porque estoy maravillado viendo de nuevo la serie Los 80, además que puede poner su talento musical y folclórico. Y Javiera Contador, porque es una talentosa actriz y tremenda humorista, cercana y disruptiva. Javiera pondría humor fresco y agudo a la vez, al asado.

Cocina

Crecí en El Arrayán, en una parcela. Mis padres, cuando se fueron a vivir juntos, llegaron a esta casa, que era una bodega de 50 mts2 y, como los dos son arquitectos, hicieron maravillas. La familia fue creciendo y la fueron ampliando, y hartos años después tuvimos nuestra casa definitiva en la cual fui muy feliz. Mi recuerdo es muy libre… cuando me agarraba con mis papás me autocastigaba al cerro, invitaba a mis amigos a jugar al cerro. Iba a pescar, tenía un río en la parcela, pescaba truchas. Y hacíamos maldades, hartas maldades. Una vez hicimos una fogata en la pieza y casi nos matan. Siempre fui aplicado-desordenado; me iba bien en el colegio, pero no era que me encerrara a estudiar, era bien desordenado.

Mi primera trucha la cociné a los 10 años. Siempre me gustó cocinar. Cuando me fui de mi casa, era famoso por las comidas que hacía. Y cuando me fui a Francia a hacer mi doctorado, ahí ya la pasión se desató por completo. Observaba mucho, aprendía y cocinaba mucho en la casa, con mi roommate. Con presupuesto de estudiantes hacíamos maravillas. Me gusta la cocina con tiempo, cuando uno se prepara, le pone cariño. Y no tiene por qué ser cara, uno puede hacer cosas maravillosas de manera muy simple. Últimamente estoy haciendo ñoquis en la casa.

Fui por dos años crítico gastronómico en la Revista Cosas. Cuando volvimos del doctorado, corría la fama de que éramos muy buenos cocineros y me gustaba harto salir a comer, así que nos ofrecieron ser críticos gastronómicos. No teníamos un sueldo: nos pagaban la cuenta. Lo hicimos de forma anónima, con el pseudónimo Eugenio De La Cruz en honor al pintor francés Eugène Delacroix. Fuimos implacables, y tomamos una metodología de los principales críticos que había en Francia: la clave era ser anónimo. El problema acá es que los críticos eran a rostro descubierto, y cuando te conocen te hacen maravillas. La idea era ser un cliente más y hubo restoranes muy famosos que tuvieron muy mala crítica… se enojaron, hubo presiones, y entiendo que por eso terminamos saliendo.

Si tuviera que recomendar una picada: el Miramar de Quintay. Es un restorán familiar, que lleva como 30 años ahí en la caleta, comida muy simple y muy fresca. El congrio frito extraordinario, un brontosaurio gigante; y el pastel de jaiba también, fuera de serie.

Fanatismos

Soy fanático de Los Jaivas. Me trae recuerdos de mi hija, mi primera hija, que cantaba «Mira niñita», era su canción favorita. Se la sabía entera. Tremendos músicos, es mi banda chilena favorita. Extraordinarios. Gatti me gusta también. Pero Los Jaivas… tengo su discografía. Muy potente grupo.

Me muevo en moto desde el 2010. Descubrí ahí la moto, una motoneta, la Vespa. Para la ciudad es maravilloso. Y de ahí no me bajé más. Los únicos días que me bajo es cuando está lloviendo, porque es peligroso. Pero antes trabajaba en Peñalolén, en la punta del cerro, y me iba religiosamente todos los días en moto. No me dio nunca miedo… me daban miedo los perros que ladraban en el camino. Incluso siendo ministro me iba en la moto pa’ allá. A los escoltas no les gustaba mucho… pero libera. De hecho, yo no tengo auto, mi esposa tiene el auto familiar y yo moto.

La serie Los 80 debería ser obligatoria para todos los jóvenes de Chile. Es extraordinaria, porque muestra cómo era nuestro país en los ochenta, cuánto ha cambiado, la crisis económica que hubo en esos tiempos, los anhelos, las familias, los dolores a propósito de las pegas. Cuando se pierde la pega está muy reflejado ahí, el dolor, la pérdida de dignidad que te trae. Una serie media vieja ya, pero que me encanta de las de afuera es Breaking Bad. Los Peaky Blinders también.

Hace más de un año y medio que no leo prácticamente nada. Porque no tengo tiempo. Antes me leía tres o cuatro libros al mes. Es una de las cosas pendientes. Si tuviera que recomendar un libro bonito, motivante, sería «La medición del mundo» de Daniel Kehlmann, que cuenta la historia de dos genios científicos de su tiempo, von Humboldt y Gauss. Y otro, de un filósofo y economista que se llama «El cambio climático importa» y básicamente es la moral detrás del cambio climático. Lo que hace él, es expresar eso, que es un tema moral, de cara a las generaciones futuras.

Imagen

Di Mondo me parece una persona atractiva porque es súper excéntrico. Me tomo con humor la comparación… sin sentido del humor, la vida no vale la pena. Yo no lo conocía pero por supuesto, con esta comparación, me he informado más de quién es él. Y yo valoro la excentricidad, porque denota originalidad y un atreverse a hacer las cosas. Yo no me visto como él, pero también tengo ese atrevimiento, me siento muy cómodo yendo a contracorriente porque me siento muy libre. Hay que salir de la caja, del inmovilismo, así que todo lo que sea excentricidad, salir del centro, hay valor.

Salgo a trotar siempre que puedo. Ahora también, dos o tres veces a la semana, su buena horita, a veces un poquito más, hora y media. Libera la mente. Salgo con mi hijo chico, de cuatro años, que dice que es un astro pa’ la bici y se tira por los cerros rajado. Así que disfruto mucho.

Pamela Jiles me copió la bufanda… porque yo andaba con una bufanda fucsia siempre. A todos les llamaba la atención. Andaba con los trajes típicos de ministro, pero con mi bufanda fucsia. Ahora estoy volviendo a ocupar bufandas porque hace más frío. Toda mi vida he ocupado. Me encantan. Y en verano ocupo pañuelos, me gusta andar siempre con el cuello calentito. Me regalan. Me gustan de colores, colores alegres. Tengo calipso, naranja.

Yo

«No voy a ser Presidente de» es un video que ha generado ruido, rupturista, jugado y que busca mostrar quién es Ignacio Briones, sacando el prejuicio que quizás muchas personas tienen o el desconocimiento de quién es. Una persona que se indigna con los abusos, que le da mucha frustración pero también fuerza para luchar por tener una cancha más pareja. Probablemente algunos vean o imaginen que Ignacio Briones es un economista más, defensor del gobierno, del empresariado, que es un momio… y la verdad es que soy muy distinto a eso. Estoy a favor del matrimonio igualitario, porque no creo que haya ciudadanos de primera y de segunda. Me indignan los abusos, he sido súper claro en decirlo… cuando dije que Ponce Lerou estaría preso en Estados Unidos, imagina cómo me llegaron los retos, las críticas, pero es lo que creo. Ese es el Ignacio Briones que yo soy y que probablemente las personas no conocen lo suficiente. Esta es una manera de mostrarlo.

Ignacio Briones es alguien bien distinto a la imagen que muchos tienen de Ignacio Briones, porque no lo conocen. Ignacio Briones es una persona honesta, tremendamente honesta, ingenuamente honesta me atrevería a decir. No va contra sus convicciones, no va a prometer nunca lo que no pueda hacer. Es una persona que le gusta ir contracorriente, aunque eso pueda ser impopular. Y es una persona comprometida con el futuro de Chile.

Manifiesto Pop es una sección de La Cuarta, revisa otros invitados acá.

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