Madres adolescentes: Cuando la vida se adelanta

Son mujeres, mejor dicho niñas, que enfrentan la maternidad de una manera espectacular y responsable. Lo hacen con alegría, a pesar de cargar la cruz de la angustia, la incertidumbre y, muchas veces, la soledad. No elevan banderas ni abrazan consignas. Simplemente son un gran ejemplo y, por sobretodo, unas madres maravillosas.

Son adolescentes, y luchan por terminar la enseñanza media. Buscan un futuro distinto y jamás bajan los brazos. La adversidad, en la mayoría de los casos, ha sido la "amiga" que las ha acompañado a lo largo de la vida, pero ellas se han propuesto cambiar: por ellas mismas y por el hijo que está o viene en camino.

Trabajan, se educan, y pretenden romper la mano al destino. El camino es muy difícil y pedregoso, pero nada las frena. Ellas quieren y están convencidas que pueden.

Sin embargo, más allá de preocuparnos de las causas, y en mi condición de periodista y comunicadora, siento el deber moral de informarles los derechos que tienen estas mamitas encantadoras; especialmente, si son estudiantes madres o están embarazadas.

De partida, la ley te protege para que puedas seguir estudiando y termines tu año escolar. Tienes derecho a ser tratada con respeto por todas las personas que trabajan en el colegio. Te encuentras cubierta por el Seguro Escolar. Debes asistir a tus controles del embarazo, post-parto y control sano de tu hijo/a en el Centro de Salud Familiar o consultorio correspondiente.

Tienes derecho a participar en organizaciones estudiantiles y en todo tipo de eventos, sobretodo en la graduación, y actividades extraprogramáticas. Debes asistir a clases de educación física, debiendo ser evaluada y eximida en caso que sea necesario.

Puedes apelar a la secretaría regional ministerial de tu territorio si no estás conforme con lo resuelto por el director del establecimiento.

Con un título universitario todo cambia: te resulta más fácil abandonar los círculos de pobreza, te acercas más a la vida que sueñas para tu hijo y te alejas de la pobreza.

Allanémosle, entonces, el camino a estas mujeres adolescentes, que no tuvieron la posibilidad de estirar su juventud, pero que ante la urgencia de crecer se convirtieron en adultas aún siendo niñas. Y pensar que todo lo hicieron por amor.

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