El último lujo: la obsesión por los relojes de Maradona hasta su muerte

Autor: La Cuarta

Con los años, el ídolo argentino desarrolló su gusto por las joyas. Pero fueron estas piezas las que marcaron su principal debilidad, hasta el punto de usar una en cada mano.


Fue en la última etapa de Diego Maradona en Boca Juniors, entre 1997 y 1998.  El ídolo argentino sabía que le quedaba poco en las canchas. Reunió en una habitación a sus compañeros, los mediocampistas Blas Giunta, «Kily» González, Sebastián Verón y defensor Carlos Mac Allister.

«En ese momento dijo que iba a jugar poco tiempo más, que nos quería mucho y que nos quería dar un regalo para que siempre lo tuviéramos presente», relató Mac Allister en ESPN. «Esperábamos una chuchería», contó y en ese momento apareció el representante de «Pelusa», Guillermo Coppola, con cuatro bolsas. Cada una contenía un reloj Rólex.

Los jugadores, entre sorprendidos y encantados, le decían que no, que era un regalo demasiado exagerado, pero, al mismo tiempo, ya tenían estiradas sus manos para recibir el obsequio.

Casi una hora después, alguien tocó a la puerta de Mac Allister. Era «Kily» González.

—¿Qué pasa, Kily? —le preguntó el defensor.

El volante había salido a la calle y entrado a un local donde preguntó por el valor de los relojes.

—5.500 dólares salen—le respondió su compañero.

Maradona discute con el árbitro y Carlos Mac Allister intenta calmarlo.

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Otro momento lo protagonizó el presentar de radio y TV, Jorge Rial, quien había sufrido un robo. La noticia llegó a los oídos de Maradona.

En una entrevista de Rial en el programa TVNostra, conto que el astro argentino «me mandó el mismo reloj que me habían robado”. Y no solo eso. Era una lujosa pieza del futbolista, de su propia colección, negra, con diamantes incrustados.

Para un Maradona lleno de privaciones en su infancia, las joyas siempre resultaron una suerte de obsesión, quizás como un gesto de rechazo y rebeldía ante un pasado lleno de carencias materiales. Con los años, los aros y anillos brillantes se convirtieron en parte de su vestimenta.

Pero los relojes lujosos estaban en la cima.

Estas piezas se hicieron comunes en su última etapa pública como entrenador de Gimnasia y Esgrima.

Y antes, en muchas ocasiones, como cuando dirigió a la Argentina en el Mundial de Sudáfrica, en las premiaciones de la FIFA o cuando fue alentar a la albiceleste en el Mundial del 2014, se lo ve con dos relojes, uno con la hora del lugar en que se encontraba y, el otro, con la de su país natal, su patria, donde vive su familia, ese espacio en que, a pesar de cada tropieza, siempre regresaba.

Ronaldo y Diego Maradona, quien luce dos relojes

En ese sentido, estas pieza, como tantas actitudes y gestos en Maradona, parecían tener un doble significado: un forma con marcar distancia con el pasado, pero también un cable a tierra, una raíz a la que se mantenía aferrado.

Rólex fue su marca predilecta por varios años.

Pero después cambió a Hublot.

Según Infobae, al final de su vida, el astro argentino tenía al menos tres de estas costosas piezas. Pero había una a la le tenía especial afecto, perteneciente a una edición limitada, que tiene el 1o que lo caracterizado y su firma inscrita.

Se estima que su versión en oro vale cerca de 44 mil dólares (casi 31 millones de pesos).

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Con los años, en sus pasos como director técnico de equipos en Emiratos Árabes y México, en clubes como el Al Wasl, el Fujairah FC los Dorados de Sinaloa, un incentivo común para sus jugadores eran los relojes. Obsequios que  solía entregar tras una victoria importante. No eran premios fáciles de costear, por lo que ello le habría generado más de un roce con los dirigentes.

En el peor de los casos, los obsequios salían de su propio bolsillo.

—Yo no voy a quedar mal con los muchachos —se molestaba ante la posibilidad de decepcionar a sus jugadores.

En México, en los Dorados, el delantero ecuatoriano Vinicio Angulo se mandó un hat-trick en el primer triunfo de Maradona en el banquillo del club. ¿El regalo para el goleador? Un caro reloj Hublot.

También, el mito dice que, para las premiaciones The Best en 2017 organizadas por la FIFA, una de las condiciones de Maradona para estar presente fue precisamente que le enviaran dos relojes nuevos para poderlos usar en la ceremonia.

Y su capricho se habría cumplido.

El 1 de septiembre del 2014, Maradona estuvo con el Papa Francisco en el Vaticano. En esa instancia, elegantemente vestido, en una caja, el ídolo argentino le obsequió un costoso reloj de su propia colección. Años después, tras el fallecimiento del futbolista, el sumo pontífice lo definió como «un poeta en el campo» pero un «hombre muy frágil».

Durante los últimos meses de su vida, tenía una pequeña caja fuerte en que guardaba sus objetos más preciados.

Pero sus joyas, como los relojes, las tenía en un lugar especial: una caja de zapatillas justo bajo su cama, donde también pasó sus últimas horas, antes de que le llegara la muerte y quedar para siempre separado de sus posesiones.

Maradona le entrega el reloj al Papa Francisco.

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