Villano de Luis Miguel, la serie: «Soy el Kylo Ren en esta ocasión… murió Darth Vader, así que ahora voy con esa estela»

La segunda entrega de la biopic del "Sol de México" arrancó con todo: más antecedentes sobre el caso Marcela, nuevos quiebres en la familia Gallego Basteri, mucho whisky y el accidente auditivo que amenaza la carrera del astro. Sobre esto y el recorrido de sus personajes, los villanos del primer ciclo, hablaron con el diario pop Lola Casamayor y Martín Bello o, como los conocemos en la serie, la Abuela Matilde y "Tito", pisha.


En la fotografía, Mario Vicente Gallego, tal vez más exacto como «Tito», aparecía como el tío manso, bonachón, comprensivo, una figura casi paternal que le rivalizaba al trato severo y acaso tiránico de Luis Rey.

Era, además, aparentemente cómico, capaz de acomodar en el ideario colectivo apenas con tres o cuatro intervenciones un término tan gaditano como «pisha».

La panorámica enseñó su verdadera estampa. «A ti», le gritó Diego Boneta en la piel de Luis Miguel, «no te quiero volver a ver, carajo».

Recién segundo capítulo de la ficción, «Tito» acababa de entregarlo: en unos días, cuando cumpliera la mayoría de edad, Luis Miguel buscaría a Hugo López como su nuevo mánager, cansado de los roces con su padre. Lo sabían.

Su padre era Luis Rey: para «Tito» un primo, pero también algo así como su Don Quijote. Lo eligió y secundó en la trama de desdibujar la vida del resto, sumergido en placeres carnales y lujos a costa de la fortuna que amasó su sobrino.

Al igual que Rey, era poseedor de una personalidad retorcida y lo atormentaba la idea de la pobreza. Compartían también el secreto de la muerte por causas no naturales de Marcela Basteri.

Quizás por eso, cuando es consultado por la opinión de sus compañeros en el set, que auguran una segunda temporada «más oscura» y «más cercana al thriller», Martín Bello, el actor que encarna al particular tío de Luis Miguel, no se muestra muy de acuerdo:

—Pues yo ya venía oscuro de por sí, así que para mí no tiene esa relevante —le dice al diario pop vía Zoom, sentado delante de un llamativo cuadro del astro mexicano—. En el continuismo de la situación quizás sí pueda oscurecerse un poco, pero tampoco tan, tan, tan oscuro. Yo ya traigo la oscuridad, a mí no me vengan. Yo soy el Kylo Ren del momento en esta ocasión. Murió Darth Vader, así que ahora yo voy con esa estela. Y, claro, compartirlo de esa forma, pues, me cuesta.

Otro personaje que encaja con el perfil de villano, en una serie aparentemente repleta de ellos, es el de la abuela Matilde, madre de Luisito Rey, interpretada por la actriz española Lola Casamayor.

Ella —que más tarde dirá no sentirse una villana propiamente tal— tiene una opinión similar a la de «Tito» y argumenta con algunos pasajes de la temporada inicial:

—Yo veo que la primera también tiene partes de oscuridad. La desaparición de la madre me parece una cosa trágica y de thriller, y eso se da en la primera entrega. Pasa que, bueno, que en la segunda también hay mucha más. Quizá lo que tenga la primera es que el que viéramos a Luis Miguel de niño y de adolescente, tiene una luz y un algo que le hace parecer menos oscuro… Igual, va por ahí las cosas. Que la gente opine cuando acabe de verlo —completa, riéndose.

—Martín, sobre Tito tú mismo me lo has dicho: venía con la oscuridad incorporada. ¿Cómo encaraste eso de ser villano en una serie tan intensa y, por momentos, trágica?

—Es complicado, porque tienes que lograr empatizar de alguna forma para que quede lo más real posible. Y creo, en mi caso en concreto, que el vínculo que creamos Óscar (Jaenada) y yo, Luisito Rey y Tito, hizo que nos uniésemos en un punto para lograr ese contrapunto tan marcado. De cierta manera, logramos una especie de empatía con el público, que llegó a ese amor-odio que es tan complicado de generar en un villano. Fue algo que fluyó, un poco como la historia, aunque es muy duro.

—Lola, los primeros minutos de esta segunda temporada nos muestran a una Matilde que intenta repetir la historia de Luis Miguel ahora con su hermano Sergio. Lo mismo: ¿cómo fue para ti encarnar a una villana?

—En mi caso no me siento una villana, no siento que Matilde sea una villana. Me parece que es una tía que es superluchadora y que ha luchado desde joven, entonces tiene eso metido en la cabeza: que a la vida hay que sacarle todo lo posible. También hay un egoísmo bastante evidente. Pero, como también los demás tienen un punto de egoísmo, ahí está la lucha. Entonces, quiero decir que la palabra «villano» me suena a una cosa que es «el malo». Pero tiene otros puntos, como también decía Tito: lo de empatizar, eso de que entiendes al personaje y, entonces, no es unilateral. Eso de «el malo» lo veo más de cómic. Aquí veo que es una serie que tiene una credibilidad muy amplia. Igual la palabra «villano» vosotros la empleáis ahí, pero en mis oídos tiene un tono muy blanco-negro, ¿sabes?

—¿Cómo decidieron construir a sus personajes?

Martín Bello (Tito): Decidí construirlo a sabiendas de que iba a existir la relación de Luisito Rey y Tito. Hice el pack. Quise agarrarme a él y ser, en este caso, su escudero. Porque en principio (Luis Miguel) es su sobrino, le quiere, tiene esa relación paternalista…, pero se deja llevar un poco también y me quedo con él (con Luis Rey), así que tenía que agarrar un poco de ahí. La imagen de este personaje, al ser no tan marcada, no tan conocida, me dio juego para poder crear un poco más, me dio esa libertad creativa. Así que la utilicé agarrándome de lo que me daba Óscar y ahí le tiramos. Pero: libertad, ganas de dar algo a un personaje, interpretar un personaje, tratar de evitar copiar lo menos posible.

Lola Casamayor (Abuela Matilde): Yo me agarré sobre todo al amor incondicional por tu hijo, por Luisito Rey en la primera temporada. Ese amor deriva en determinados silencios: que no quieres contar cosas que a lo mejor intuyes o sabes, y lo quieres borrar, porque es tu hijo y eso no se mancha. Y luego, pues, ¿qué es lo que quieres? Está el egoísmo, la cuestión del niño, de Sergio: le ves talento al niño. ¿Por qué no desarrollar ese talento, por qué no ganar dinerito a costa de él, si lo hemos hecho con todo? Esa es la manera. No culpabilizándome demasiao’. O sea que hay una pequeña parte de culpa, pero no sé, es la vida, y es así, jajaja.

—Lola, precisamente tú que has compartido en esta segunda parte con Sergio, interpretado por Axel Llunas. ¿Qué te ha parecido el trabajo de los niños en la serie?

—Los niños me parece que están deliciosos. En esta segunda tanda, a la niña pequeña yo la veía y era una delicia, no la veía en cámara lo que se rodó pero tenía una pinta ideal. Mi Sergio era una monada. Los niños de Luis Miguel que te dije antes, tenían una luz que te los comías con patatas. Me parece que han hecho un trabajo estupendo. Da cosa decir trabajo a lo que hace un niño aunque suene un poco duro…, pero un juego, digamos, porque al fin y al cabo actuar es jugar: entonces, han jugao’ lo más grande, para mi gusto.

El eclipse del sol

En esta segunda entrega, como se pudo apreciar en los primeros dos episodios, Luis Miguel se la pasa entre dos líneas temporales: el de 22 años concentrará sus esfuerzos en reconstruir una vida familiar hecha pedazos, tras las muertes de Marcela Basteri y Luisito Rey.

El de 35, en cambio, se parece más a un muñeco narcisista y solitario que, luego de sufrir el accidente que casi acaba con su oído y con su estrellato por anticipado, buscará sanar sus heridas acercándose a Michelle, la hija que abandonó por más de una década.

En el camino, por supuesto, nuevas vicisitudes que prometen sacar a flote su lado más turbio.

—Más turbio —se detiene unos segundos Lola, del otro lado de la pantalla—… ¡las borracheras que le hemos visto en el capítulo dos! Yo sí le veo más turbio en esta segunda, eh. Le veía más limpio en la primera, más nuevo.

Martín Bello complementa:

—El contraste es por el bagaje de lo que tiene proyectado en el momento y en la madurez de lo que se encuentra, ¿no? Es un proceso. «Estoy procesando todo lo que me ha pasado y lo proyecto en la vida». Es un poco: «chico, asume lo que te ha pasado», y lo va somatizando un poco.

—¿Qué experiencia les dejó trabajar en Luis Miguel, la serie?

Lola Casamayor (Abuela Matilde): Yo disfruté como una enana, francamente. Era un equipo estupendo, unos guiones formidables. Había un cuidado, una serie que está cuidada, que estás contando una historia que además yo no conocía para nada y dices, joder, macho, lo que le ha pasado a Luis Miguel, la vida que ha tenido ha sido dura, sobre todo en la primera parte. Todo esto de Amy Winehouse o de Michael Jackson, explotados por los padres, y con una lucha personal por salir de ahí, que me parecía muy muy dura. Y si a esto le añades la desaparición de tu madre, verdaderamente su vida, lo lamento muchísimo, pero tiene unos mimbres para eso, para lo que se ha organizado: una serie fantástica basada en hechos reales, pero que podía ser imaginaria porque tiene elementos de drama abundantes: el éxito, la riqueza; va por muchos caminos. Yo estoy encantada y con muchas ganas de ver los capítulos que faltan.

Martín Bello (Tito): A mí me ha supuesto el reconectar mi tierra con México… me ha hecho una conexión. Como soy del mismo lugar que Luisito Rey, entonces he vivido en sitios donde estuvo Luis Miguel cuando era chiquito, después los he tenido cuando estaba en México. Me ha creado una conexión muy especial. Aparte, mi hermana mayor escuchaba mucho a Luis Miguel y recuerdo, de chiquito, escucharlo de fondo por casa. Me llevo de la serie el gran trabajo que se ha hecho y cómo ha llegado a la gente, pero para mí, además, una conexión pseudoespiritual de continentes, ¿no? Y ha sido en el fondo gracias a Luis Miguel.

—La última para Tito: pisha, ¿qué ha pasao’ con Marcela?

Martín Bello y Lola se ríen, probablemente por el pésimo acento gaditano.

—¿Te pareció poco lo del primer capítulo? ¿Todavía quieres que te diga más?

Seguir leyendo