“Me dieron ganas de llorar…”: la confesión de Yamila Reyna tras reducción de sus implantes mamarios

Comediante contó detalles de la intervención a la que se sometió. “En la intimidad yo no estaba cómoda”, reconoció.

“Me dieron ganas de llorar…”: la confesión de Yamila Reyna tras reducción mamaria

Comediante contó detalles de la intervención a la que se sometió. “En la intimidad yo no estaba cómoda”, reconoció.

Yamila Reyna es pura felicidad. Así lo reconoció a tres meses de realizarse una cirugía para reducir sus implantes mamarios de 440 a 300 centímetros cúbicos, respectivamente.

Según reveló en charla con LUN, la decisión le significó una infinita mejora en su calidad de vida, la cual se había visto perjudicada en el último tiempo.

“Estoy feliz, me siento muy cómoda con el tamaño (de sus nuevos implantes). Me siento cómoda en el espejo, con mi pareja (el arquero de Antofagasta, Mono Sánchez). Antes no tenía esa misma seguridad. En la intimidad yo no estaba cómoda. Ahora sí”, contó de entrada la argentina.

Y en esa misma línea, agregó: “Yo sólo quiero que llegue el calor para ponerme poleritas, y usar cosas son sostén. Me siento más cómoda, también más delgada”.

Además, Yamila también se dio el tiempo para recordar la tortura que le significan sus antiguos implantes en el día a día.

La confesión de Yamila Reyna

“Antes sufría mucho con mi espalda. El peso de las mamas era harto. Imagínate, eran 440 gramos en cada lado. Y si a eso le añadimos el peso del encapsulamiento que mi cuerpo generó en torno a las prótesis, fácilmente era mucho más. Yo vi eso, era como una membrana, de dos centímetros de espesor, eso también pesa. Por todo eso mi espalda sufría un montón”, reconoció.

Incluso, aseguró que el “Mono” Sánchez “me tenía que poner una máquina que usan los deportistas para el dolor. Él me la ponía en la espalda porque eran dolores insoportables. Yo vivía haciéndome masajes. Los sostenes me destruían la espalda y los hombros, porque claro, al sostener tanto peso, todo eso se resiente”.

Por último, Reyna se refirió a la satisfacción que sintió tras salir del quirófano.

“Cuando me operé, lo primero que hice fue levantarme al baño y apenas me paré sentí alivio. Me sentía más liviana. Fue como sacarse una mochila de la espalda. Y te juro que me dieron ganas de llorar porque sentía alivio. Me dije: ‘¡Por fin! ¡Por fin!’. Yo había ido al médico muchas veces por mis dolores de espalda, pensaba que tenía problemas ahí, pero no, era sólo el peso. Entonces, hoy sentir la libertad que siento, no tiene precio”, remató.

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