Orlita, la novia que cumple favores

Autor: Luis Escares

Con tan sólo 17 años partió del mundo. Enfrentando una pena tremenda, su madre ordenó embalsamarla y la dejó en una tumba de cristal en el Cementerio General.


Orlita Romero Gómez parecía tenerlo todo: juventud, belleza, dinero, estatus y amor. Pero lo perfecto se volvió tristeza en un abrir y cerrar de ojos. El martes 13 de abril de 1943, justo cuando cumplía 17 años, la muchacha fue internada de urgencia en el Hospital Militar.

Se hizo todo lo posible para salvarle la vida, pero su corazón no resistió, acabando de golpe con sus anhelos. Su madre, destruida, en medio de lágrimas y sollozos, tomó una decisión: Orlita debía estar en una urna de cristal para que todos la vieran y su belleza perdurara. Así, mandó a embalsamar el cuerpo, vestido de blanco y, cual muñeca, lo puso en la caja de vidrio.

El Cementerio General se convirtió en su última morada. En medio de lúgubres pasajes, el panteón familiar del patio 70 recibió sus restos. Puesta de pie, la niña bonita se convirtió en la patrona del sector.

Triste final

Pero ¿cuál fue la causa de su muerte? Hay quienes hablan que la joven estaba lista para casarse. Llegó a la iglesia abarrotada de gente, desfiló por la larga alfombra, se detuvo frente a su amado y cuando se aprestaba a dar el “sí”, su cuerpo no quiso más y se desplomó.


1943 es el año en que falleció Orlita Gómez. El acta de defunción del Cementerio General señala que falleció de peritonitis, aunque la versión familiar es que fue un ataque al corazón.


Otra versión afirma que en un descuido pisó su vestido de novia, rodando por las escaleras de la iglesia. El golpe fue tan fuerte que debió ser traslada a un recinto médico donde perdió la vida.

La tercera de las historias es, para muchos, la más triste. El martes 13 Orlita llegó de blanco a esperar que su pareja llegara a la iglesia. Pasaron los minutos y el novio nunca apareció. La joven lloró desconsoladamente hasta quedar inconsciente. Finalmente, la pena se la llevó.

De las lágrimas a realizar favores

Tras su muerte, su madre la visitaba sagradamente cada semana para peinar su colorina cabellera. La joven parecía volver a la vida cuando era mimada.

En el cementerio todos pasaban con respeto frente a su tumba. Algunos, incluso, comenzaron a pedirle favores, los que ella supo cumplir.

Con su impecable vestido blanco, mirada al horizonte y perfecto pelo, Orlita parecía escuchar a todo aquel que se acercaba a conversar con ella. Le pedían de todo, aunque hubo dos tipos de peticiones que se hicieron populares.


70 Es el patio en donde descansan los restos de la mujer. En su tumba aún se ven peticiones de ayuda.


Las jóvenes esperanzadas en casarse recurrían a ella. Su túnica blanca, más el cúmulo de historias creadas en su nombre, hacía que las mujeres solicitaran su intervención para llegar al altar.

Por otra parte aparecieron los estudiantes, quienes con sus hojas cuadriculadas iban a pedir que Orlita los ayudara en sus exámenes. Ella, siempre fiel, cumplía a cabalidad con quien le era leal.

También hay quienes aseguran que su espíritu quedó perpetuo en el cementerio, deambulando por los oscuros callejones, apareciendo cada martes 13. Una sombra blanca y luminosa que entre llantos busca la paz. Quienes la han visto dicen que es la novia blanca, porque el alma de la muchacha aún no descansa en paz.

Obituario

Una década después de su muerte, su madre Elvira publicó un obituario llenó de emociones en un diario de la época. “¡Dios te bendiga, Orlita querida por ser tan buena hijita! En tu breve existencia, fuiste luz de mi vida con tu bendita presencia. ¡Corazón querido! Hace diez años ya que no oigo tu dulce voz, ni veo tu carita risueña reflejando tu ternura, ¡es mi dolor! Pero tu bella alma de excelsas virtudes la siento… Algún día te oiré nuevamente decirme ¡Al fin juntas mamacita!».

El escrito continuaba casi como una voz desgarradora que nunca olvidó lo sucedido. “¡Diez años ya! Una fresca mañana de abril, con la dulce sonrisa tuya, inclinaste tu cabecita suavemente…El grito del corazón materno al partirse, apagó el ruido de tus alas al ascender…la briza abrileña se llevó tras de ti, juventud, belleza, ilusiones, amor, sólo quedó la esperanza… la esperanza de volverte hallar un día”.

Tras el deterioro de su cuerpo y la muerte de su madre, la tumba de Orlita Gómez fue sellada. Lejos de perder popularidad, el frontis de su mausoleo se llenó de peticiones para que ella las concrete antes de dejar este mundo para siempre. La novia del Cementerio General sigue viva en los corazones que creen en ella.

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