Clarita del Río

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Confesiones de una separada

#SábadoL4

Confesiones de una separada: Ardiente en la cama


El plan perfecto no existe y una página de citas, menos. Después de mi penosa experiencia en Tinder, abrí una donde las “sonrisas” son las que valen. Me encontré con Ricardo (49), quien se define como “ardiente en la cama….” Horror!!! Para salir huyendo, pero como soy buena samaritana y siempre le deseo el bien a la gente, le mandé un mensaje: “se ve que las artes amatorias no son lo tuyo, demasiado inseguro para declararte el mejor amante. Saca esa frase, te firmo que tendrás más sonrisas”. Y para no saber su respuesta, bloqueado.

Otro, Mario (52), “busco una mujer que sea ordenada y limpia”!!! Le faltó poner “que huela a rosas”. Mensaje, insisto, quiero que la gente encuentre pareja: “mejor contrata a una nana”, bloqueado.

El detalle es que la página es acusete, te avisa quien vio tu perfil, así sabes cuando no pasaste la prueba de la “belleza”. En eso estaba cuando apareció un bombón, entero rico: 45 años, 1,85 y guapísimo. Dije, “y éste que hace aquí, debe tener ene minas o está mal del coco”. Ni tonta ni perezosa le escribí: “Hola, si andas por estos lados, avisa”. Ya se me había olvidado, cuando me encontré con un “buenos días Clarita. Me gustaría tener una conversación fluida con vos. Me gustó eso que te ríes de todo, si querés seguimos por wp”. Así de simple, ni como estás ni nada.

Obvio que le pasé mi número y, al igual que él, no dije ni “hola”. Dos días después, cuando ya me consideraba un fracaso, escribió: “cuándo te conozco”. Eso que me den “órdenes” me esta gustando, mi próximo disfraz atrapa mino será un kimono… quedamos en un café -no me junto de noche con hombres que no conozco, que susto, ya me veo cortadita en pedacitos y mi cuerpecito repartido por el Gran Santiago. Me invitó a almorzar un domingo. Cero opción, tenía que ir a la oficina. Entonces lunes, café a las 12… lo olvidé.

Otra vez una llamada perdida. No hay caso, cuando él llama, siempre a las 8:30 de la mañana, el celular lo tengo perdido entre los montones de ropa y, más encima, en silencio. Le devolví la llamada, él, siempre directo, me lanza un “boluda, como vas a conocer a un mino si siempre estás encerrada en la oficina”. Estallé en risas. En fin, nunca hemos logrado coincidir las agendas. Sigo esperando que los astros se alineen.

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