Al Gualicho mejor tenerle respeto

Autor: Luis Escares

Esta fuerza maligna es temida por indígenas, que creen que este ser o espíritu provoca males que en algunos casos se pueden volver irremediables.


En las comunidades indígenas es común que se hable de fuerzas malignas. El gualicho es una de ellas. Algunos lo sindican como un ser de mal, otros como una fuerza que provoca desgracias y es muy difícil combatir con ella.

Las representaciones perversas se presentan de distintas maneras. Para los araucanos, este demonio siempre vive alrededor de la gente, viendo e interfiriendo en las vidas con enfermedades y desgracias cotidianas, que pueden desencadenar cosas aún peores.

Embrujos suelen ser hechos por magia negra de hechiceros o curanderos llenos de carga negativa, que suelen habitar las tribus y castigan a quienes no centran su fe en un Dios.

Es por eso que el Gualicho es mirado con respeto por los mapuche y otros aborígenes de América como tehuelches, guaraníes, pampinos o los andinos de Perú y Bolivia, quienes creen fielmente en este impulso espiritual y también carnal.

Existe la creencia popular que cuando esta energía se canaliza en una persona, el sujeto se esconde entre los cerros para hacer sus trabajos malévolos y aparecer sólo para distribuir el mal. Así puede manifestar en formas violentas, provocando daños físicos o engañando a mansalva.

Pero como todo mal, siempre existe la protección. El pueblo mapuche asegura que limpiar el espíritu es fundamental para que el Gualicho no entre en el alma insana.

También existe el árbol del gualicho, al cual se le hacen ofrendas florales, se le entregan piedras pequeñas o se le pueden ofrecer sacrificios de animales. Además se deben mantener algunas tradiciones como no cantar durante las noches o ahuyentarlo por medio de los campos a punta de groserías, sin mostrar debilidad ante su crueldad.

La mano del mal ronda los pueblos, buscando a débiles que puedan caer ante su poder negro. La fuerza maligna que rodea todo se puede vencer y así el “Guali” desaparecerá, pero no olvidar que siempre puede regresar.

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