Paredones

La Cuarta Dimensión: La eterna búsqueda de la mujer larga de Paredones

Autor: Luis Escares

El pueblo, que está cerca de Curicó, es caluroso, pequeño, pero sobre todo misterioso, especialmente por una fémina que tiene una especial forma de aparecer durante las noches de luna llena.


El Cementerio de Paradores no tiene muchas callecitas, pero entre las polvorientas mini avenidas se guarda una historia que desde finales del 1800 ha pasado por los oídos de cada habitante del lugar, quienes aún sienten la angustia de una bella mujer.

Lo que es un apacible sitio campestre pareciera transformarse cuando el sol se va y todo gracias a una misteriosa chica que causa miedo y pavor entre quienes alguna vez la han visto aparecer por el camposanto.

Su nombre nadie lo sabe, pero sí la llaman la mujer larga. Una pena de amor la ata al cementerio, donde sembró toda su pena y rabia por un amor que no se pudo concretar, por la prematura muerte de su prometido.

Cuenta la historia que su amado se fue a defender a Chile a la Guerra del Pacífico, pero nunca volvió para cumplir con la promesa de casarse con ella. El hombre cayó en combate, y cuando la dama se enteró de la partida de su querido, simplemente enloqueció. Deambuló por las calles gritando, rompiendo cosas, no daba crédito a quedarse sola, hasta que llegó al sacramental para llorar eternamente.

Cada día caminaba entre las tumbas vestida de blanco buscando el nombre de su amor que nunca regresó, así una noche de luna llena ella también decidió partir y ver si en la eternidad lo podría encontrar.

Pero su alma en pena, adolorida y llena de sufrimiento, no dejó el mundo terrenal. Eso dicen en Paredones donde las noches de luna llena es mejor pasarlas en la casa. Los rondines del lugar dicen que extraños sonidos comienzan a escucharse desde las tumbas, algunas sombras comienzan a deambular, siendo la antesala de lo que se viene.

El espíritu de la mujer larga comienza a resplandecer en el lugar. Tal como cuando estaba viva, inicia una caminata eterna para buscar a su amor y al no encontrarlo pareciera desvanecerse en el horizonte, mientras su llanto retumba hasta apagarse.

Quienes conocen de su sufrimiento llegan al cementerio para rezar por su alma y ponen velas como ofrendas para que la fémina logre descansar, algo que hace más de 100 años no logra, esperando que la luna le traiga de vuelta al hombre que perdió.

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