La Cuarta Dimensión: No se puede escapar de la carreta del diablo

Autor: Luis Escares

Muchos son los que escuchan el sonido de un carruaje misterioso en la precordillera. Pocos se atreven a seguirlo porque saben quién va con él, pero algunos valientes creen que pueden engañar al caballero inmortal.


En el Cajón del Maipo todos saben que el diablo anda suelto y basta una mala noche para que te lo encuentres cara a cara. Desde las montañas, el frío puede mezclarse con el olor a azufre, que es señal inequívoca que él anda rondando por ahí.

Se dice que una vez al mes, baja al pueblo con su elegancia. Traje completamente negro, zapatos lustrados, abrigo largo y un carruaje que es empujado por dos caballos del mismo color. Apariencia de gran señor que hace que algunos se acerquen a él para conocerlo, sin saber las verdaderas intenciones de este hombre.

Uno de los incautos fue Pablo. Campesino de esfuerzo que araba la tierra día y noche, pero no veía materializado el fruto de su arduo trabajo. Aburrido de la desgracia, se obligó a buscarlo.

El sonido del carruaje y un fuerte hedor fueron las señales que necesitó. Siguió su instinto y corrió hasta encontrarse cara a cara con él. Sólo asentando con su rostro, el diablo escuchó hasta que el huaso dejó de hablar. Dio media vuelta y sacó un papel en blanco. Pablo no dudo en tomar la tinta para estampar su nombre. Consumado el pacto, el hombre de negro sólo le dijo: tienes que pagar por esto en algún momento, servirme y cumplir tu firma.

Cada uno siguió su ruta y al otro día el obrero se encontró con sus riquezas. Sus vecinos no daban crédito a que en tan poco tiempo pudiera amasar una fortuna. Pasaron los años y cada vez que escuchaba sonar la carreta se escondía pensando que el tipo vendría a cobrar su deuda. Pero todos los plazos se cumplen en un momento.

Con la luna como testigo apareció la fetidez a azufre, ya no había escapatoria. El diablo le recriminó el tiempo que había pasado sin verse las caras y exigió ajustar cuentas. Intentó arrancar, pero fue en vano. El diablo tomó posición de su alma y sólo dejó el sombrero del huaso a la vera del camino. Nunca apareció.

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