La Cuarta Dimensión: La monjita que aún educa en el Providencia

El Colegio, ubicado en Antofagasta, tiene una especial presencia en su comunidad educativa. La hermana Febronia, una de las fundadoras del lugar, aparece y cuida a todos los miembros del establecimiento.


Era plena revolución pingüina y el Colegio Providencia de Antofagasta se sumaba al petitorio estudiantil de todo el país.

La toma la realizaban estudiantes de primero a cuarto medio, quienes mientras dormían en el lugar se dieron cuenta de una misteriosa presencia que comenzó a atormentarlos.

Con tradición educacional, el Providencia es uno de los liceos más antiguos de la comuna, siempre al amparo de la congregación del mismo nombre. La hermana Febronia Araneda fue una de las fundadoras del establecimiento, una mujer estricta con sus alumnos, pero de noble corazón en las casi tres décadas que cumplió como de educadora.

Su retiro lo pasó en Santiago, donde finalmente falleció, pero su espíritu se quedó en la “Perla del norte”, como una especie de guardiana del lugar.

Por las noches, es común verla deambular por el segundo piso del Colegio, sitio donde tenía su oficina. Esa sombra fue la que los alumnos comenzaron a ver, reiteradamente, mientras estaban en toma.

La silueta de 1,50 metro levitaba 20 centímetros sobre el piso con su lento avanzar. Su sombra aparecía por las paredes del colegio, mientras el aire se tornaba frío cuando ella pasaba por un sector, algo que asustó a muchos de los que se toparon con la escena.

Contrario a lo que sucede con otros espectros, en el Providencia son conscientes que la presencia de la hermana es una especie de protección al lugar. Así, por lo menos, se ha pasado el mensaje para todo el alumnado y profesores, quienes han tenido los contactos más cercanos con ella cuando se quedan hasta tarde en el colegio. Muchos le hablan, pidiéndole que se calme o que vaya a descansar cuando toca puertas y ventanas.

En el colegio se habla que deambula por las noches, y que bromeando enciende equipos electrónicos por las salas, muy distinta a su faceta inquebrantable como educadora. Es algo común cuentan, por lo que ya no se asombran cuando pasa esto, es más, cuando aparece lo ven de forma positiva, ya que sienten que limpia al espacio escolar.

Pese a que murió a mediados de los 70’, el alma de la hermana Febronia continúa guiando el lugar, mientras en el Providencia siguen agradeciendo que ella los recuerde.

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