El museo de la Tía Sonia incluye hasta un gorro a lo “Kramer”

Autor: NATALIA GALAZ

La mamá del Nico Massú sueña con exhibir sus tesoros más íntimos por el gran cariño que Chile le tiene a su hijo. Además del pelo, guardó sus dientes y el ombligo.

Nicolás Massú ya no es el cabro chico que tantas veces gritó “¡toalla!” con admirable pasión cuando entraba a la cancha en sus 16 años de carrera. El “Vampiro” cumplió cuatro décadas el pasado jueves, goza de respeto y admiración mundial, y además entrena al austriaco Dominic Thiem, que está quinto en el ranking ATP. ¿Qué más puede pedir?

Sin embargo, a los ojos de su mamá, Sonia Fried, sigue siendo un niño. O al menos, su regalón, ese que la llevó a convertirse en la jefa de barra en Copa Davis y que hasta el día de hoy es considerada una de las principales “suegras” de Chile. ¿O le parece poco que haya llenado una habitación con recuerdos del viñamarino? Lo que se le ocurra, ahí está.

“Tengo el ombligo, las recetas médicas, pelo, ropa, dientes, zapatillas, raquetas, recortes de la prensa, fotos, trofeos, toallas de Roland Garros o Wimbledon, todo. A veces estaba semanas enteras sin salir recortando los diarios y pegando álbumes. Tengo más de cien”, explicó la “Tía Sonia”, a quien le gustaría cumplir un sueño a futuro: la construcción de un museo de Nicolás Massú.

-¿Y realmente es posible que comparta ese tesoro?

La idea es hacerlo algún día, pero no sé… Tanto cuidar las cosas para que quizás se pierdan o las roben. Eso me da miedo. Ahora bien, si hubiera apoyo, si se hace algo en serio, que sea seguro, podría resultar.

-Entre las cosas del Nico tiene su pelo, el del primer corte…

Sí, se la pegué a un gorro. Para mí fue doloroso, siempre lo buscaba en el circuito y no me acostumbraba a que tuviera el pelo corto. Yo miraba el gorro con la cola. No recuerdo el año, pero claramente fue después de los Juegos Olímpicos. Son años.

-¿A Massú le gusta la idea?

Sí, pero no ha visto muy bien todo lo que hay. Los recuerdos están en una bodega en mi casa y una vez se inundó, eran aguas servidas y perdí muchas cosas, incluyendo ropa de cuando era chico. Fue una pena.

-¿Está consciente de que sería un exitazo?

La gente lo quiere mucho, me gustaría que pudieran ver estas cosas tan íntimas acá en Viña, él es hijo ilustre. En todo caso, él debe decidirlo, tiene la última palabra.

-Con el pelo y el jockey varios se acordaron de Kramer…

Sé que les dio risa, pero no me molesta, no es con mala intención lo que dicen sobre el parecido con Kramer. Además, fue fabulosa su imitación, si hasta Nicolás lo llamó para felicitarlo.

-Más encima se habla de esta idea justo después de su cumple…

Son redondos, 40 años. Ese día lo llamé a China, pero apenas pudimos hablar por la conexión y las horas de diferencia. Creo que lo veré en noviembre, antes no. Ahí habrá tiempo para celebrar en familia, ha sido así siempre. Por su trabajo nos hemos perdido Año Nuevo, cumpleaños, pero ya está acostumbrado.

-¿Y qué pasa con sus tesoros?

También tengo, pero en otro lado. Guardé el cotillón que usé en esos años: poleras de Copa Davis bordadas con lentejuelas, porque en cada edición ocupaba una distinta; guantes, delantales, lentes, gorros, pelucas, viseras, de todo.

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