La noche que masacraron la regla de oro en la Carol Urzúa

Los hechos acontecidos el 8 de agosto son el desenlace de una sangrienta disputa entre la banda de “Los Toto” y “Las Barbies” por el dominio de una esquina, en particular, para la venta de drogas.


Drogas, armas y máquinas de azar. Tres elementos claves que el mundo de Hollywood acostumbra usar en películas basadas en la mafia o el narcotráfico y que, tristemente, saltaron de la ficción a la vida real en la población Carol Urzúa, de Puente Alto, la noche del 8 de agosto pasado.

Cuando faltaban sólo tres horas para que se terminara el día, cinco personas fueron acribilladas por un pistolero, cuya misión era la de acabar con la vida de una mujer en particular.

¿Cómo ocurrieron los hechos? El fiscal Metropolitano Sur, Héctor Barros, la PDI y vecinos del sector tienen claro qué pasó. Los dos primeros no emiten comentarios por ser una investigación en desarrollo, mientras que los residentes del barrio no lo hacen por miedo, ya que la masacre fue el corolario de una escalada de violencia que protagonizan dos clanes fuertemente armados.

La Cuarta Sábado llegó hasta ese lugar, hoy intervenido por Carabineros, para reconstruir lo ocurrido en base a testimonios de fuentes ligadas a la investigación y sus pobladores. Fuera de micrófono, estos últimos describieron los hechos que precedieron la balacera con relatos en pequeños papeles. Una vez leídos, los destruyeron para asegurar su integridad.

La disputa en la Carol Urzúa es exclusivamente por  territorio. Y data de meses. Por una parte, está el grupo liderado por Carlos Vargas, conocido en el ambiente como la banda de “Los Toto”, y en la otra vereda se encuentra el clan de “La Yeca”, más conocidas “Las Barbies”, que estaba bajo la tutela de Yessica Reyes, la única mujer asesinada esa noche.

Según lo revelado por quienes viven ahí, ambos grupos quieren el dominio del Pasaje 26, que cruza la calle Profesor Alcaíno. “Le dicen la ‘pequeña 10 de julio’, porque cada vez que llega un auto se acerca gente a ofrecer drogas, así como lo hacen en el centro, pero con la diferencia de que allá venden repuestos de autos”, dice uno de los papelitos usados para contar la realidad del lugar.

Caos

El 8 de agosto pasado, el ambiente estaba caldeado en la Carol Urzúa. Según cuentan las voces anónimas, un sujeto, apodado “El Colombiano”, avisó temprano que cuando se ocultara el Sol lloverían balas. “Hoy se cobra la plata”, decía respecto a una venganza por otro caso.

Esa noche, Carlos Vargas, junto a Rodrigo Castro y “El Colombiano”, se encontraba en la esquina de Profesor Alcaíno con el Pasaje 26 a bordo de un BMW de color blanco. Y, de acuerdo a lo relatado por la propia gente, no le había ido bien con la venta de narcóticos. En eso aparece otro vehículo a comprar drogas y sale una mujer a hacer la transacción. “A ‘La Yeca’ no le gusta trabajar con hombres. Lo hace con puras mujeres y por eso les dicen ‘Las Barbies’. Ellas andan bien vestidas y enganchan a los hombres con su WhatsApp. Así coordinaban la entrega cuando vienen en camino”, dijo una fuente de la investigación.

En eso, aparecieron los hermanos  D.E.P.R y H.P.P.R., del clan de “La Yeca”, los que comenzaron a discutir con Carlos Vargas. La controversia subió de calibre, comenzaron a empapelarse a garabatos hasta que la mujer lo insultó con el calificativo de “camello”, apodo que  lo hizo enfadar al punto de ordenarle a sus “perritos”, como le dicen a los que cumplen órdenes, dispararles.

“‘El Colombiano’ tiraba balas desde la esquina y no les dio, así que el ‘Rorro’ se bajó del BMW y entró al local y dejó la matanza. Luego salieron de vuelo”, recordó un testigo.

Los tres individuos huyeron a bordo del auto blanco, el cual abandonaron cerca del Casino Monticello, a 38 kilómetros del sitio del suceso.

En el sector ya nada es igual. Hoy se encuentra intervenido y la intendenta Karla Rubilar dijo que “hay que trabajar con más fuerza en este barrio que fue víctima de este tiroteo que condenamos”. Sin embargo, no está considerado en los 11 Barrios Prioritarios anunciado por el Gobierno.

El miedo se apoderó de todos e incluso familiares de algunas víctimas fatales optaron por abandonar el barrio de toda su vida, pues la regla de oro de las poblaciones, esa que ordena no mancharse las manos con inocentes, resultó brutalmente acribillada.

“Los doctores dicen que salí con vida de milagro”

Esa noche Francisco Hernández había ido a dejar a su polola a su casa. Y cuando salió, empezó a oír la ráfaga de disparos, por lo que apuró el pasó para no ser víctima de una bala loca.

Sin embargo, ya era muy tarde. Un proyectil había ingresado por su axila izquierda y lo dejó inconsciente.

“Iba a tomar la micro cuando empezó todo. Crucé la calle y de repente siento algo frío en la espalda. Me toco y veo la sangre. Ahí me caí.  Después recuerdo que los carabineros me preguntaban si andaba drogado y les dije que no. Ahí recién llamaron a la ambulancia”, dijo.

Respecto de su diagnóstico médico, el joven internado en el Sótero del Río dijo que “tengo una bala alojada a tres dedos del corazón. Los doctores no se explican cómo se movió la bala, pues hizo como un paréntesis al interior de mi cuerpo”.

La mañana del jueves fue sometido a una operación para extraer el plomo. Sin embargo, dada la profundidad en la que se encuentra, no fue posible sacarla y tendrá que vivir con ella para siempre.

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