La Cuarta Dimensión: La novia del castillo no puede escapar del Diablo

Autor: Luis Escares

Bordeando el Río Biobío se encuentra la comuna de Hualqui, sitio en donde algunos dicen sentir una energía especial. Hay historias que hablan de una maldición indígena sobre el pueblo, pero existe otro relato que se roba la intriga de todos.


Una de las casas embrujadas más conocida en la comuna de Hualqui es “El Castillo de la Novia”, enigmático lugar que se construyó a mediados de 1850.

Recinto imponente, con grandes patios interiores y una casa que causaba la curiosidad del resto, especialmente después de los hechos que ahí acontecían.

Cuentan los vecinos que los inquilinos del palacio eran un misterioso matrimonio que llegó desde el campo a vivir a la ciudad. No se le conocían grandes riquezas, por eso sorprendió a todos cuando el lugar comenzó a llenarse de lujos, sirvientes y demases.

Dicen las malas lenguas que para obtener el patrimonio, los propietarios hicieron un pacto con el Diablo. Una noche, caminaron por la ruta que une Hualqui con Quilacoya y lo salieron a llamar. “Diablo, ven que quiero hacer negocios contigo”, gritó el hombre en varias ocasiones hasta que sus plegarias fueron escuchadas.

El señor de las tinieblas no decepcionó y apareció para firmar la sentencia con una sola condición, que el hombre le asegurará almas para saciar su sed de sangre. Sin mediar problemas, el tipo puso su mosca y el trato quedó sellado.

La riqueza llegó y eso le permitió a la pareja poder hacer realidad sus sueños. La servidumbre que tenían servía para arar la tierra, pero ese no era el fin con el cual ellos buscaban a la gente.

Cada cierto tiempo, un trabajador desaparecía sin que nadie supiese nunca más de su existencia. El patrón llevaba a los empleados al campo y ahí entregaba sus almas para que Satanás cumpliera su cometido.

Con el pasar del tiempo comenzó a expandirse el rumor de las desapariciones. Curiosamente, todos los que se perdían en la zona, eran trabajadores de la persona que selló el trato con Lucifer. El nombre de la familia comenzó a mancharse y ya nadie quería ni siquiera acercarse a la casona. Como el Diablo no espera, puntualmente llegaba a buscar a sus almas, pero cuando la respuesta era no, lo peor siempre podía preverse.

Lleno de ira, el demonio tomó a la hija del matrimonio, que esa noche se probaba su vestido de novia, y la secuestró para siempre. El pacto quedó cerrado cuando Satanás tomó posesión de la mujer que nunca más regresó.

Desde ese momento, el espíritu de ella y los que habían muerto a manos del patrón comenzaron a deambular por el sector. Ruidos, gritos y espectros que atemorizaban a la población durante la noche se podían oír y sentir.

Ambiente tenso que hizo que el matrimonio dejara el lugar y nunca se supiera de ellos. El castillo le sigue perteneciendo a la novia que nunca llegó a su matrimonio. Llorando busca recuperar su alma, esperando que el Diablo se compadezca de ella noche tras noche.

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