La Cuarta Dimensión: La Pincoya florece en el mar chilote

Su leyenda es conocida entre los pescadores que la veneran y se encomiendan a sus divinos poderes.


Danzarina entre las olas aparece por las gélidas aguas australes buscando favorecer a los hombres de mar, la Pincoya se muestra al mundo en medio del inmenso océano que baña nuestras costas.

Para convertirse en la princesa de los mares tuvo que sufrir. Apenas nació, sus padres Millalobo y Huenchula la dejaron partir. La leyenda cuenta que su cuerpo humano se convirtió en agua apenas salió el vientre materno.

En el agua encontró su refugio perfecto. Entre las olas y la resaca marina emergió una sirena de piel blanca, rubios cabellos y ojos encantadores.

Millalobo, al ver que su Pincoya era feliz en el agua tomó la decisión de construir una vida en el fondo del mar. Así Huenchula y Pincoy, el otro hijo de la unión mitológica, se unieron a la naciente sirena en las aguas chilotas.

La Pincoya comenzó a deambular por diferentes sectores de la bahía. Ahí se escondía de todo aquel que buscaba algo en su mar, pero su paso por el agua no era en vano, ya que a medida que su estela avanzaba iba dejando bonanza de peces y mariscos a su paso.

Los pescadores no sabían a qué se debía el éxito de sus labores, hasta que una noche entendieron todo.

Un grupo extraviado en alta mar parecía no tener retorno de sus labores luego que una tormenta los pillara en medio de la nada. La Pincoya rondaba ese lugar y decidió dejar atrás sus miedos para mostrarse al mundo.

Sorprendidos quedaron los pescadores cuando vieron a esta sirena frente a la barcaza para guiarlos a tierra firme. Mientras avanzaban, la Pincoya guiaba los pasos de los hombres, que lograron superar el chaparrón y salvaron con vida, mientras la mujer volvía a las profundidades.

La voz rápidamente se corrió y todos comenzaron hablar de la bella joven hasta que una vieja bruja les habló de la Pincoya. La leyenda se expandió por toda la zona, ya que su nombre fue unido con la buena suerte.

En los pueblos hicieron figuras con su rostro a las veneraban, además de aprender danzas para que ella entregara bonanza económica a los hombres de mar.

La Pincoya continúa su recorrido por los mares chilotes ayudando a los pescadores y todo aquel que confíe en su magia.

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