María Luisa Godoy

María Luisa Godoy

Animadora de televisión, conductora del matinal "Muy buenos días a todos"

La Cuarta Mujeres

Cuando el progreso es tóxico

Este fin de semana los chilenos nos preparamos para celebrar las Fiestas Patrias y uno de nuestros destinos favoritos es el litoral central, donde por décadas hay un drama que pareciera ser invisible a nuestros ojos.


En Quintero y Puchuncaví, la contaminación es agresiva, dejando secuelas a lo largo de cincuenta años. Arrasó con la productividad de la tierra. Y también finalizó con la riqueza de la bahía. Con esta situación conviven actualmente los pobladores y pescadores de este pedazo de la Región de Valparaíso.

Lo más triste parece ser la indiferencia de quienes, a lo largo de los años y amparados en el progreso, no han tomado decisiones que permitan avizorar una luz de esperanza.

“En Chile no sólo están mal repartidos los bienes, sino también están muy mal repartidos los males”. El progreso siempre tiene un costo, pero éste no debe ser más importante que el valor de la vida humana. Grandes ciudades muchas veces se ven beneficiadas con la energía, electricidad, gas, alimentos, a un costo muy alto de polución para pequeñas e indefensas comunidades, difícil de entender, para quienes amamos por sobre todo la vida y la dignidad de las personas.

Por algo, todos queremos tener acceso a estas necesidades, pero nadie desea una “Central” cerca de su casa. Y esto es lo que está pasando con los amigos de Quintero, Ventanas y Puchuncaví. Se trata de familias enteras que deben convivir con desechos, agua contaminas, gases tóxicos durante años ante la absoluta anemia creativa de las autoridades, y de quienes no vivimos ahí.

El modelo de desarrollo puede ser muy exitoso porque genera riqueza, y bienestar para mucha gente, pero es profundamente injusto si hay una parte de la población que se ve forzada a asumir los costos de ese avance.

El daño es gigante

La lluvia ácida, producida por la caída de ácidos presentes en la atmósfera quemó los terrenos; los derrames mortales, la huella de las cuatro termoeléctricas que utilizan carbón y petcoke (residuo tóxico altamente cancerígeno) dan mayor confort a la misma vida que están matando.

La que antes fue una caleta costera activa y transitada, hoy sobrevive en medio del desastre. Se divisan pequeños locales, que mantienen latiendo al agónico corazón de estas comunas. La cadena de restaurantes tradicionales carece de clientes, el turismo también se está desintegrando. Y esto es más perjudicial ahora que nos visita el festejo patrio, y estamos a pocos meses de un nuevo período estival. Aún estamos a tiempo, no permitamos que se pudra todo. Salvemos a Quintero, Ventanas y Puchuncaví. Defendamos a la gente. Rescatemos la vida.

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