Conoce las inéditas historias a 25 años del »Maracanazo»

Autor: La Cuarta

Hoy se cumple un cuarto de siglo del corte que se chantó Roberto Rojas en Brasil, el hecho más bochornoso del peloteo chileno.


Hoy se cumple un cuarto de siglo del corte que se chantó Roberto Rojas en la cancha del Estadio Maracaná y que se transformó en el episodio más bochornoso de la historia del fútbol chileno, al punto de que ha dado cualquier manteca para la cultura popular. Acá algunos de los detalles del episodio que todavía tiene versiones encontradas. 

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«Me acuerdo de la fecha, porque es el cumpleaños de mi hijo. Pero el tema lo cerré». «León» Astengo, capitán ese día.

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«La bengala me hizo famoso, pero no quería perjudicar a Roberto Rojas», Ricardo Alfieri, fotógrafo de revista El Gráfico, autor de la instantánea que delató al «Cóndor».

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Cinco años del episodio habían pasado cuando Roberto Rojas recibió la oferta de Telé Santana, entonces técnico de Sao Paulo, para integrarse a su cuerpo técnico. Fue la primera pega pelotera que agarró el golero, tras comerse portazos.

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44 vidrios rotos registró la Embajada de Brasil luego del partido. La prensa estima que al recinto diplomático llegaron, por lo bajo, unos cuatro mil pericos.

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Diez días se demoró la FIFA en determinar que Brasil se quedaba con el triunfo por 2 goles a 0, debido al abandono de la Roja.»

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«La gente le expresa afecto  porque Roberto ya pagó su error y él debe estar tranquilo ante la sociedad», Orlando Aravena, técnico de la Roja el día que cayó la bengala.

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«Era un partido de alto riesgo, porque Brasil llegaba peleando su clasificación», Juan Carlos Letelier, otro que la mojó.

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Doce mil personas, una cifra cotota incluso en estos tiempos, acompañaron a la Roja al aeropuerto antes de embarcarse a Brasil, el 2 de septiembre de 1989.

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«Estuve en la mesa de Pinto Durán en la  que se conversó el tema. Uno de los presentes era Roberto Rojas», Jaime Ramírez, player que fue parte de la delegación criolla.

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«No volver a la cancha significó que Chile avalara el dolo, la mentira», Alfredo Asfura, directivo.

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«Es como el Golpe de Estado en el 73, que fue hace 40 años y algunos están atrapados en eso», Jaime Vera, otro protagonista.

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«Nunca se planeó nada. Si hubo una reunión, no tengo idea quiénes participaron», Alejandro Hisis, otro que la estrujó.

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69 minutos de partido iban cuando la «Fogueteira» lanzó la bengala al pasto del Estadio Maracaná.

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131 espectadores acudieron ese día al Maracaná, casi en su totalidad brasucas. 

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10 goles era la diferencia de gol que tenía Brasil, tres pepas más que Chile. Por eso les servía el empate.

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Un jugador del plantel chileno, tan solo, votó en contra a abandonar la de pasto. Fue Jaime Pizarro, quien se lo comunicó al Feña Astengo.

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43 años tenía Roberto Rojas cuando, en el año 2000, la FIFA le levantó la sanción a perpetuidad.

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«Nunca más hablé con él, pero me gustaría que me respondiera por qué me metió en el lío. Todo lo hizo solo, lo del pacto es una gran mentira», Nelson Maldonado, utilero de la Roja.

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«Era un cuadradito cortante, lo vi, justo salía del guante. Estaba cocido de manera pulcra, era trabajo de una mujer», otra del utilero Maldonado.

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550 mil dólares Valía el pase del «Cóndor» Rojas, al momento de enterrar su carrera para siempre. Cuando aún no le caía el tejazo de la FIFA, el Sao Paulo intentó ponerlo a la venta de inmediato, pues en tierras brasucas no querían verlo ni en pintura. Por su litro, Feña Astengo, entonces defensa del Gremio, se apresuró a decir que ni a cañones continuaría en el país de la samba.

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El “León” Astengo dice que ya dijo todo lo que tenía que parlar sobre lo ocurrido el 3 de septiembre de 1989. Y con razón, pues sus declaraciones al programa En La Mira de Chilevisión entregaron información inédita. El hoy técnico, quien se mamó una sanción de 4 años cuando vivía el mejor momento de su carrera, dio luces sobre lo planificado que estuvo el asunto. 

 

“Hubo un grupo que se concertó para hacer el montaje del Maracaná. Creo que aparte de Roberto son cinco personas, entre ellas algunos jugadores”, contó esa vez, además de añadir detalles sobre la herida. “Primero vi a Roberto con un hilito de sangre… a la vuelta estaba bañado en sangre, lo que me impresionó. Para mí fue evidente que alguien le hizo varios cortes en la cabeza”. 

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Si hay una parte de la historia que con el tiempo se ha vuelto menos dramática, si no la única, esa es la del gesto que Patricio Nazario Yáñez le dedicó a la torcida brasuca, luego de que el “Cóndor” se cortara con una hoja de afeitar. 

 

La agarrada con furia de la frutera se repitió tanto a través del tiempo, que ha pasado a formar parte de la cultura pop de la angosta franja y a ser bautizada con el nombre del lauchero , al punto de que se lo recuerdan hasta hoy. 

 

Por eso el Pato, dentro de todo, se lo toma con humor. “Con el tiempo ha quedado arraigado, incluso en los niños, que salen con la brutalidad del ‘Pato Yáñez. El gesto no me enorgullece en lo absoluto, no debiera hacerse, en ese momento quedó reflejada la rabia y la impotencia que se vivía. Era mucha intensidad. Nos sentíamos agredidos, que  nos querían dejar fuera, ese era el pensamiento ese momento”, fue su última confesión sobre su gesto técnico. 

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Dos de los protagonistas del bochorno más grande de la historia del fútbol chileno ya partieron de este mundo.  El doc Sergio Stoppel, en ese entonces presi de la ANFP, falleció hace poco más de un mes. El dirigente, guaripola en los mejores tiempos de Cobreloa, recibió un castigo de por vida para ejercer como directivo, que le fue retirado recién en 2008. 

 

En mayor silencio partió Rosenery Mello do Nascimento, bautizada como la “Fogueteira”, por ser la mano que lanzó la bengala. Para su muerte en junio de 2011, producto de un aneurisma cerebral, poco fama le quedaba por su participación en el escándalo. Inmediatamente, después del incidente Rosenery se convirtió en una estrella, al punto de que mostró su anatomía en la revista Playboy a cambio de un turro de dólares.

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Contra la pared, como estaba, el 26 de mayo de 1990 Rojas se confesó en el diario La Tercera. “Soy culpable”, se leyó la página del periódico, donde el candado sindicó a Fernando Astengo y al kinesiólogo Alejandro Kock como sus cómplices. 

 

La nota firmada por el fallecido Orlando Escárate, reportero de deportes y luego director del diario pop, significó que el ex arquero del Colo se embolsara seis millones de pesos.  No le quedaba otra, pues estaba acorralado por las deudas. 

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Algunos testigos del escándalo indican que de alguna u otra forma iba a quedar la mansaca. Es la opinión, por ejemplo, del delantero Juan Carlos Letelier, titular ese día. “Si esa bengala le pega a Roberto, por ejemplo, igual hubiese sido muy grave. Y pasó muy cerca”, tira. Agrega además: “Públicamente ya se sabe todo lo que pasó. Roberto fue castigado por autoinfligirse la herida. El resto por su responsabilidad en el abandono del equipo. Eso ya fue establecido”, suelta.

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