Estudio sugiere que hormona producida en el ejercicio podría contribuir contra la demencia

Autor: La Cuarta

Hace unas semanas, se publicaron los resultados de una investigación en la revista Nature Metabolis. Los ensayos tuvieron a distintos grupos de ratones como protagonistas.


En un nuevo estudio, el cual tuvo a ratones como protagonistas, descubrió que una hormona producida en los músculos durante el ejercicio puede trasladarse al cerebro, lo cual sirve para mejorar el funcionamiento neuronal tanto en individuos sanos como con enfermedades como el Alzheimer.

O al menos esos resultados arrojaron los ensayos en los roedores.

Según han podido especular los científicos durante los últimos años, algunos de estos mensajeros químicos producidos con la actividad física podrían trasladarse por el torrente sanguíneo hasta el encéfalo.

En 2012, un grupo de investigadores, dirigidos por Bruce M. Spiegelman, titular de la cátedra Stanley J. Korsmeyer de Biología Celular y Medicina del Instituto de Cáncer Dana-Farber y de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, identificó una hormona que, hasta ese entonces, era desconocida.

Esta se producía tanto en roedores como seres humanos al momento del ejercicio, y se segregaba por el torrente sanguíneo. La llamaron irisina, en honor a Iris, la diosa griega encargada de entregar los mensajes divinos a los mortales.

Por ese entonces, descubrieron que la irisina viajaba desde los músculos al tejido graso, contribuyendo a convertir al grasa blanca a un color café, haciéndola más participe en el trabajo metabólico.

Sin embargo, también se detectó que esta hormona prácticamente no se encontraba en los cerebros de personas que padecían la enfermedad del Alzheimer.

El estudio sugería que la irisina podía reducir el riesgo de padecer enfermedades asociadas a la demencia.

Nuevos descubrimientos

Ahora, hace unas semanas, se publicó una nueva investigación en la revista Nature Metabolism. El mismo grupo liderado por Spiegelman y sus colaboradores —entre los que se encuentra Christiane D. Wrann, profesora asociada del Hospital General de Massachusetts y la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard— se propusieron determinar cómo sucede este proceso.

Para ello, criaron a ratones con la incapacidad congénita de producir irisina. Luego hicieron que estos individuos, junto a otros que sí generaban esta hormona, corrieran en las clásicas ruedas de las que gustan estos roedores.

Luego, al hacer pruebas de memoria y aprendizaje a los individuos de ambos grupos, resultó que tenían mejor rendimiento los que sí producían irisina. Lo que sugeriría que esta hormona podría tener un rol importante en el pensamiento.

Al analizar los cerebros de ambos grupos de ratones, ambos tenían más neuronas nuevas en relación a los más sedentarios. Sin embargo, las células cerebrales de los que no producían irisina se comportaban de manera extraña: hacían menos sinapsis y tenían menos dendritas.

Ante ello, los investigadores concluyeron que dichas neuronas recién formadas presentaban mayores dificultades para integrarse al cerebro.

Pero todo cambió cuando los investigadores estimularon la producción de irisina en los ejemplares incapaces de producirla, haciendo que el funcionamiento de sus cerebros mejorara. Tanto los ratones jóvenes, los ancianos como los que padecían Alzheimer, empezaron a mostrar un mejor rendimiento en sus pruebas de memoria y aprendizaje.

Además, los científicos vieron una reducción en los signos de inflamación en los cerebros de los animales con demencia.

Por otro lado, la investigación confirmó que en los roedores la irisina fluye y atraviesa la barrera hematoencefálica, la red de vasos que separa al cerebro del torrente sanguíneo.

Estos distintos experimientos sugieren que esta hormona juega un rol clave para hacer «un vínculo entre el ejercicio y la cognición», según dijo Spiegelman.

Los investigadores son optimistas y piensan que en el mejor de los casos, se podría producir de manera farmacéutica esta hormona, y determinar si puede funcionar como herramienta contra el deterioro cognitivo o enfermedades como el Alzheimer.

Sin embargo, por el momento todo es muy prematuro para saber el alcance de estos resultados, considerando además que son estudios realizados en ratones.

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