La historia de las Ánimas que encontraron descanso en Valdivia

Conquistadores españoles caídos en batalla ante fuerzas indígenas hicieron que sus espíritus nunca abandonaran la comuna. Un sector reconocido de la ciudad, que guarda un trozo de la historia sureña.


Dicen que las almas en pena deambulan entre el mundo terrenal y espiritual hasta que encuentran la paz que los haga descansar. Algo así dicen que sucede en Valdivia…

La historia se remonta a tiempos colonizadores. En aquellos años, españoles e indígenas libraban batallas incesantes para quedarse con el control de la ciudad. Las muertes violentas eran asunto de cada día, y con ello, los espíritus de los fallecidos no tenían lugar para descansar.

En medio de estas disputas, los españoles establecieron un fuerte para protegerse de los ataques de los nativos. Se establecieron en el sector norte de la ciudad, llamado en ese entonces “Los Castaños”. El conflicto iba en aumento tras la refundación de la ciudad por parte de los europeos, por lo que levantaron los muros a toda máquina.

Los indígenas no se quedaron de brazos cruzados y prepararon su estrategia. Esperaron que los conquistadores terminaran el fuerte para lanzar un ataque bestial. Sin imaginar lo que se vendría, los ibéricos se parapetaron en el fortín, hasta que una noche de lluvia recibieron la emboscada criolla.

En medio del aguacero que cubría a Valdivia, los indígenas se abalanzaron contra los españoles. Eran superiores en número, por lo cual batirlos fue tarea sencilla. A punta de lanzas, boleadoras y armas artesanales, los nativos tomaron control del fuerte, acabando con todo rastro conquistador.

Al amanecer, todo el sector se había convertido en un improvisado cementerio. Cientos de conquistadores perecieron ante la arremetida. Los triunfadores, apilaban a los vencidos, mientras tomaban posesión del fuerte.

La matanza fue brutal

Mientras diferentes conquistadores se repartían por Chile, el no recibir noticias de lo que sucedía en el Fuerte Los Castaños alertó a los cabecillas. Buscaron soldados y decidieron enviar a un grupo de avanzada para saber cuál era el destino de los colonizadores del sector, sin imaginar el sanguinario final que habían sufrido.

Al llegar al sitio sólo encontraron ruinas. Del fuerte no quedaba nada, mientras los cuerpos se iban pudriendo a la intemperie. Las armaduras de los soldados cubrían a los cuerpos inertes que habían caído en la lucha frente a los indígenas, quienes ya habían dejado el lugar.

La noticia de la masacre fue difundida con rapidez por los soldados. En su relato contaban las atrocidades que acontecieron y cerraron la descripción con un “ni una ánima quedó viva”. Aunque no fue del todo así.

Con el pasar del tiempo y la expansión de la ciudad, el sector de Los Castaños se fue industrializando, pero un manto de incertidumbre siempre se posó en la zona. Gritos sin explicación, apariciones fantasmales y la sensación de no estar solos se apoderaba de los habitantes del sector.

Averiguando, conocieron la historia de los colonizadores contra nativos y la sangrienta batalla final. La carga negativa que tenía el lugar, hacía que quienes fueron masacrados buscaran una vía de escape para descansar en paz, hecho que causaba miedo en la población.

Ninguna gruta o animita recordaba a los difuntos, quienes para el terremoto de 1960 parecieron liberarse y por fin descansar en paz. Algunos narran que ese día se escucharon frases en el viento, mientras ocurría el sismo. Sonidos desgarradores que emulaban a los de una guerra, mientras la ciudad se caía a pedazos y el río Calle Calle provocaba un desastre sin precedentes, llevándose consigo las almas de los caídos.

El sector ya era conocido como Las Ánimas en desmedro de Los Castaños, para así rendir tributo a quienes perdieron la vida por el afán independista. Desde esa tarde para el olvido, pareciera que todo rastro paranormal hubiese cesado en la zona. La población de Valdivia continúo su expansión y se posicionó como una de las más grandes de la zona sur.

Empresas, instituciones y poblaciones llegaron a Las Ánimas, demostrando que el estigma de ser un sector embrujado había quedado en el pasado. Si hasta un equipo de básquetbol que participa en la Liga Nacional -y tiene como mascota a Gasparín- lleva el nombre de Las Ánimas.

Orgullosos del nombre, todos en Valdivia conocen lo que sucedió en la zona, aunque los más espirituales se atreven a decir que en las noches de luna llena todavía se sienten voces pidiendo auxilio. Eso sí, quienes habitan ahí dicen que no hay de qué preocuparse, porque ahora saben que están protegidos por un ejército.

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