Recuperó su vida normal gracias a la Ley Ricarte Soto

Autor: La Cuarta

A los 27, Narda comenzó a sufrir un mal que le causaba movimientos involuntarios y que la terminó postrando. Sin embargo, accedió a un beneficio que le permitió implantarse un dispositivo que hoy la tiene diez puntos.


Pese a un “detallito de fábrica”, pues nació con pie equinovaro (extremidad torcida o fuera de su posición), Narda Abarzúa siempre se las arregló para realizar sin problemas todas sus actividades diarias y también otras más fundamentales, como llegar al altar y sacar con honores la carrera de Ingeniería en Comercio Internacional.

Todo marchaba como tenía que ser en su vida, eso hasta los 27 años. “A pesar de mi problema de nacimiento (pie de equinovaro), caminaba igual para todos lados. Al terminar la universidad, mi cuerpo se empezó a torcer como una ‘S’… tenía calambres horrorosos, mucho dolor y cansancio. Mi cuerpo estaba descontrolado total, sólo quería dormir para estar quieta. Ya no podía ni estar de pie”, recuerda sobre la etapa en que su cuerpo comenzó a jugarle la peor de las pasadas.

¿Qué la aquejaba? Una distonía generalizada, enfermedad neurológica que provoca contracciones musculares sostenidas, involuntarias y frecuentemente dolorosas. Esto cambió sus días, manteniéndola postrada y muy alejada de sus mejores tiempos.

La complejidad de este mal es alta, por lo que las esperanzas de retomar su vida normal parecían esfumarse. Hasta que ocurrió un suceso que le devolvió la ilusión. Gracias a la Ley Ricarte Soto, tuvo la posibilidad de acceder a la implantación de un dispositivo de estimulación cerebral, convirtiéndose en la primera paciente del sistema público en recibir este beneficio.

El proceso

Aunque su caso era complejo, Narda aceptó correr el riesgo y someterse a la intervención que podía realizar el milagro, y su riesgo tendría réditos.

La doctora Lilian Acevedo, del Hospital Carlos van Buren de Valparaíso, es quien supervisa la evolución de la mujer, quien presenta tremendos avances a tres meses de la intervención.

Sobre la enfermedad que aqueja a Abarzúa, la neuróloga de adultos y especialista en trastornos de movimiento explica que “la distonía generalizada ocasiona múltiples movimientos involuntarios y posturas anormales de todo el cuerpo, desde la cabeza a las extremidades superiores e inferiores. Esto dificulta enormemente la vida diaria, desde las cosas más básicas hasta las actividades más complejas”.

La implantación del Dispositivo de Estimulación Cerebral Profunda, de Medtronic, que reduce los movimientos indeseados de la enfermedad, era la única solución posible para la ingeniera, pese a que este aparato se usa con mayor frecuencia para controlar el Parkinson y el Temblor Esencial.

Todo en orden

A tres meses de llevar el Dispositivo de Estimulación Cerebral Profunda en su cuerpo, la vida de Narda cambió de manera radical, y ella así lo admite.

“Cuando me dieron de alta y vi que me podía parar derecha, fue espectacular. Me quedan movimientos chicos de cabeza, pero puedo comer bien, tomo el tenedor, me baño sola. Mi sueño es volver a andar en bicicleta. Cuando empezó esto, me habían regalado una de montaña, pero la tuve que regalar porque se estaba echando a perder”, se ilusiona la mujer, que estará eternamente agradecida de la Ley Ricarte Soto, que le permitió ser la primera beneficiaria en el país de este artefacto que le devolvió la alegría.

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