Construyó polígono para practicar y concretó macabro ataque: el caso de sujeto que acusó “bullying” tras matar a vecinos
“Ellos me echaban la choreá, pero yo no me quería cruzar con ellos para que no me provocaran”, confesó el asesino que espiaba a sus supuestos acosadores.
Con más de diez tiros, Carlos Espinoza (47) atacó a cuatro de sus vecinos. La furiosa arremetida terminó con dos personas fallecidas en la comuna de El Bosque.
El caso se remonta a diciembre de 2011, en un hecho que conmocionó a quienes vivían en la población Óscar Bonilla, pero también al país entero.
Con el correr de las horas, se conocerían fuertes detalles: los disparos afectaron a una familia completa y a un residente del sector.
Horror en El Bosque
Frente a la policía, el victimario acusó líos anteriores y justificó lo sucedido: primero, le disparó a una mujer identificada como Iris, quien recibió tres impactos de bala en las piernas que le produjeron una fractura. Posteriormente, fue el turno de Carlos Monzón Sobarzo (de 58 años y esposo de Iris), quien fue herido tres veces en el tórax. Finalmente, atacó al hijo de ambos, Carlos Monzón Iturrieta (39), el que se llevó la peor parte: fue impactado por ocho tiros, también en el tórax.
No conforme con esto, el autor de los balazos arremetió contra otro vecino del lugar que quiso prestar ayuda. En el lugar, fallecieron padre e hijo, mientras que la mujer y el frustrado héroe fueron trasladados al hospital El Pino.
¿El por qué del ataque? Espinoza dijo ser víctima de bullying vecinal y manifestó que no sólo los escolares sufren de acoso.
De paso, sostuvo que el supuesto drama se arrastraba por casi 20 años y que sus víctimas le habían pegado a su madre.
“Golpearon a mi mamá, también le echaron la camioneta encima tratando de atropellarla, no estoy arrepentido para nada. Lo justifico...son 20 años que me echaron las rejas abajo, me tiraban piedras, me molestaban”, juró.
El hombre fue detenido por carabineros de la 39 comisaría quienes confirmaron que además de la pistola Taurus con la que percutó los tiros, mantenía también un arma smith and wesson y un cinturón de 90 balas. Además tenía cuatro cámaras de seguridad en el techo de su casa.
¿Quién era Carlos Espinoza?
En su dormitorio, Espinoza mantenía un computador y dos monitores donde observaba cada una de las acciones de quienes acusaba como responsables de la persecución en su contra.
La noche de la tragedia, el sujeto sacó una pistola Taurus, se amarró un cinturón con más de 90 balas y salió de su casa para enfrentar a Carlos Monzó, quien caminaba de regreso a su hogar con su esposa Iris y su nieto de dos años. Sin más, el hombre desenfundó la pistola y disparó tres tiros a su vecino.
“Le disparó primero a mi abuelo y después iba a dispararle al niño. Mi abuela vio que quería dispararle y se tiró encima del coche”, contó una nieta de las víctimas.
En medio de los gritos de vecinos, uno de los hijos del matrimonio salió a reducir al victimario, recibiendo otros ocho tiros. Mientras Espinoza gritaba: “Los voy a matar a todos”, volvió a ingresar a su casa en busca de una segunda arma, también inscrita a su nombre. Otros dos vecinos entraron al inmueble para reducirlo, sin embargo, los atacó hiriendo a uno en el brazo.
En su familia contaron que Espinoza trabajaba como empleado de una empresa textil y no tenía antecedentes siquiátricos. En una breve entrevista con el defensor público, Felipe Moraga, el sospechoso le insistió en que no era “un paciente siquiátrico”.
“En su estado irracional, entiende como proporcional el ataque. Lo vi con un conformismo casi suicida. Me dijo que lo único que faltó fue que se matara”, relató el abogado.
Entre las medidas que tomó para protegerse de sus supuestos acosadores, Espinoza agregó altos muros para separar las viviendas y en el patio trasero de su casa construyó un subterráneo con material aislante de ruido y electricidad que, según él, usaba como polígono para practicar ante eventuales robos.
“Me dijo que tenía un polígono de tiro para probar las armas y donde descargar su ira, como terapia, cada vez que se sentía sobrepasado por el bullying”, confirmó Moraga.
Habló el asesino
“¿Por qué los maté? Fue por un mal momento. Estaba cansado. Ellos me echaban la choreá, pero yo no me quería cruzar con ellos para que no me provocaran. También tenía cámaras. Yo tenía cinco DVD con lo que hablaban y con lo que hacían. Así yo tenía pruebas para el tribunal. Las cámaras estaban todo el día prendidas. Si tenía que hacer algo, dejaba programada la computadora. El tiempo que no estaba vigilando, cualquier cosa que hicieran quedaba grabada. Todos los días revisaba si habían hecho algo", contó Espinoza a La Tercera, apenas comenzaba a cumplir su prisión preventiva.
Consultado sobre el origen de su rabia, reveló que su madre le habría prestado una manguera a los Monzó y, cuando la fue a pedir de vuelta, “el marido le pegó un puño. Ahí empezó todo el problema”.
Luego, reconoció que el día del asesinato, cuando vio al hijo auxiliar a su padre, recordó esa supuesta golpiza hacia su madre: “Vi al hijo y le dije: ‘Eso pasa por haberle pegado a mi mamá’. Y él me dice: ‘¿Quién le pegó a tu mamá?’. Pero yo lo había visto. Mi mamá tenía el ojo negro. Empezó a caminar y ahí le disparé”.
Cuando fue detenido, dijo no sentir culpa. Sin embargo, al verse tras las rejas, todo cambió: “Yo ahora estoy arrepentido, porque tenía otra salida, que era haber sacado a mi vieja de ahí”.
“Es como si se hubiera hecho justicia. Lo único que agradezco es no haber matado a ningún inocente. Gracias a Dios. Los que murieron los maté porque me habían hecho un daño enorme, de arruinarme la vida sin ningún motivo”, insistió.
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