Por Diego Ramírez“Es tan egocéntrico que jamás lo hará”: pololo de Narumi llega al juicio tras viajar desde Japón y confronta a Zepeda
Arthur del Piccolo adelantó que “voy a contar todo” y cumplió su palabra. Se indignó por teoría que circula sobre el caso.

Este marte comenzó la secta jornada del tercer juicio contra Nicolás Zepeda en Francia. Se trata del chileno acusado de matar a su expolola japonesa, Narumi Kurosaki.
En esta ocasión, declaró Arthur del Piccolo, joven ingeniero que, en diciembre de 2016, era pareja de la joven nipona. De hecho, en la actualidad, vive y trabaja en Japón.
“Es una experiencia difícil estar aquí. Revive recuerdos, vívidos y dolorosos. Quise hacer este viaje en memoria de Narumi, con quien viví un amor que, si bien fue breve, fue maravilloso”, rememoró ante el juez y el jurado.
Luego, anunció que “voy a contar todo, con la esperanza de que sea la última vez”.
¿Qué dijo Arthur del Piccolo?
“Narumi me cautivó desde el primer día. Más allá de su aspecto jovial, parecía occidentalizada, con un carácter fuerte e independiente, una visión clara de su vida y planes a largo plazo. Me resultó muy atractiva”, reconoció.
Sin embargo, en aquel momento, Narumi mantenía una relación de distancia con Zepeda. Ella estaba estudiando en Francia y él se encontraba en Chile.
“Respetaba esa relación; no había intentado nada en particular. Pero lo que cambió fue lo que yo llamo el ‘episodio de la lavandería’. Nos encontramos allí por casualidad. Narumi estaba muy mal, llorando. Empezó a sincerarse conmigo, explicándome el contexto de su relación. Entonces sentimos cierta atracción mutua. Yo lo tenía claro: quería que rompiera con él primero, antes incluso de considerar una posible relación... Y así lo hizo. Fue como una luna de miel de dos meses”, contó.
Y aunque parecía sereno, el joven francés terminó por quebrarse al recordar el 4 de diciembre de 2016: la últimas vez que vio a su polola.
“Arthur del Piccolo se desplomó contra la barra, incapaz de continuar. Un silencio sepulcral se apoderó de la sala. Tan tranquilo hasta entonces, el joven se derrumbó, abrumado por las lágrimas. Exageró su respiración, intentando recuperar el control. En vano. Pasó casi un minuto. Una eternidad”, describió L’est Republicain.
Luego, ya respuesto, Zepeda recordó el momento en que estuvo a nada de abrir la puerta de la pieza de Narumi. Nadie sabía sobre su paradero y existía preocupación entre sus compañeros. Él, en una medida desesperada, fue a buscar la llave de repuesto a la caseta del guardia.
Justo ahí, antes de abrir, recibió un mensaje.
“Allí recibí un correo electrónico de Narumi que me provocó un torbellino de emociones. Al parecer, se había encontrado con otro hombre con quien iba a pasar la noche. Sentía incomprensión, tristeza, ira, vergüenza y un poco de alivio. Era confuso”, dijo, sobre el texto que, de acuerdo a los investigadores, pudo haber sido escrito por Nicolás.
Pasaron los días y Arthur permaneció achacado. “Tras hablarlo con mi hermana mayor, intenté enviarle un último mensaje, lleno de comprensión, como una declaración de amor. Recibí una respuesta muy dura que me destrozó. En él afirmaba que los sentimientos no podían desarrollarse en solo dos o tres meses. Además, me acusó de posesivo, lo cual me sorprendió. Fue como un punto de no retorno”, recordó el joven (sobre la respuesta que también pudo ser obra de Zepeda).
Abrió los ojos
Sin embargo, con el correr de los días y ante el total desconocimiento sobre el paradero de Narumi, Arthur abrió ojos.
“Todo cobró sentido en mi mente, comprendí todo lo que había sucedido. Me di cuenta de que me habían manipulado desde el principio. Me sentí sucio, deshonrado, como si hubiera sido cómplice de ese hombre. Me hicieron perder el tiempo con los estudiantes, lo que le dio tiempo para escapar. Me odié a mí mismo”, lamentó.
Luego, se dirigió a los abogados de Nicolás Zepeda: “Tengo algo que decirle a la defensa… Responderé a todas sus preguntas, pero por favor, no mencionen la teoría de los desaparecidos (un fenómeno muy conocido en Japón que implica la desaparición voluntaria de personas desesperadas). Quizás conozcan a Nicolás Zepeda de memoria, pero Narumi no tenía esos síntomas; ella tenía planes, proyectos, fuertes compromisos".
En la mismo línea, indicó que “Narumi solo tenía amigos, ningún enemigo. Ahora que lo pienso, debió de ser una tortura para Nicolás responder a esos cien mensajes en tres idiomas durante esos pocos días”.
Y ya no soltó al chileno. “Narumi fue asesinada el 5 de diciembre de 2016, alrededor de las 3 de la madrugada, por Nicolás Zepeda, impulsado por sus celos patológicos. Es tan egocéntrico que jamás revelará dónde está su cuerpo. Estoy seguro de que se la llevará a la tumba como un trofeo. Será su única victoria, por infantil que parezca”, sentenció.
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