Venta de loritos choroy a más de $100 mil en Puente Alto retrata el silencioso dramón del comercio y cautiverio ilegal
Esta ave endémica suele comercializarse de manera clandestina y, durante su época reproductiva, hay quienes las extraen de sus nidos para vender a los polluelos. Esta es una denuncia y radiografía del problema.

En Facebook encontraron la cuenta de un sujeto: Mauricio Arancibia Corvalán, que vendía loros choroy (Enicognathus leptorhynchus) “papilleros” a $130 mil, es decir, de corta edad, aprendiendo a comer solos.
Según pudo averiguar La Cuarta, el hombre “saca de los nidos” a estas jóvenes aves, argumentando que “allá en el Sur los matan y les pegan escopetazos, porque se comen las frutas”. Luego los trasladó hasta la Región Metropolitana, Puente Alto, en la población Gabriela, para posteriormente venderlos sin autorización.
“No tienen papeles ni anillo, ellos son así nomás, podría colocarles un anillo y cuentear y cobrarles $250 y hasta $380”, dijo él en alusión a lo irregular de su negocio. Y sobre los jóvenes plumíferos que “ya tiene dos meses y medios, están comiendo solitos y están emplumaditos”, explicó a una denunciante anónima que nos entregó la evidencia del diálogo que sostuvo con él.

Los choroy son una especie protegida por la Ley de Caza (N° 19.473), por lo tanto su captura, tenencia y sacarlos de sus nidos sin permiso está tipificado como un delito. Esto “aplica para la tenencia y comercialización”, remarca Kevin Arriagada, educador ambiental y presidente de la ONG Rapaces de Chile.
“La única salvedad es cuando se pide un permiso especial al SAG para abrir un criadero o centro de reproducción, y con ese permiso uno puede capturar un par de ejemplares, anillarlos, y las crías que nazcan puedes comercializarlas con sus respectivos certificados de legítima procedencia y anillas del SAG”, explica Arriagada.
Por lo tanto, al tomar consideración el caso, el experto acusa: “Esto es completamente ilegal, tan ilegal como cazar loros con escopeta”.
Cómo opera la venta
Arancibia solicita que le cancelen en el mismo momento en que el ave es entregada. Nada de transferencias antes —ni menos después—, para evitarse estafas de lado y lado, indicó acusa al diario pop la joven que pudo ser una clienta.
“Son súper lindos, incluso yo me dejé dos para mí”, aseguró el puentealtino. “Los tengo impeque”.
Hasta hace una semana al hombre sólo le quedaban cuatro individuos —porque eran cinco— por vender “de la segunda tirada que traigo”. O sea, no es la primera vez que efectúa una extracción para vender loros.
Según la versión de él, estos loritos provendrían de algún sitio en las regiones afectadas por los recientes incendios de enero, es decir las del Maule y Biobío.
“Están nuevecitos, y así uno les enseña a hablar y cantar; aprenden rapidito (...) son súper inteligentes”, añade.

Kendra Ivelic, bióloga y directora del centro de rescate Refugio Animal Cascada, remarca que extraer de su habitar a un choroy a corta edad “genera impactos significativos a nivel fisiológico, conductual y psicológico”, ya que en este periodo juvenil “las aves psitácidas adquieren habilidades esenciales para su supervivencia social, reconocimiento de amenazas, selección de alimento y patrones de comunicación”.
Además, remarca Ivelic, cuando un pichón es removido de su nido y criado por gente, “con alta frecuencia” se provoca un fenómeno conocido como “impronta interespecífica”, lo que se genere “una identificación parcial o predominante con humanos en lugar de con su propia especie, comprometiendo su funcionalidad ecológica y su capacidad de reintegración futura” a su hábitat natural.
Fuera de la ley
Dentro del Santiago, el ilegal comerciante dice que está la opción de ir a por los loritos para hacer la transacción, o también puede él entregarlos por un cobro de $3 mil. “Yo se los puedo ir a dejar, y les cortamos las alitas y todo”, propuso él a la persona interesada.
La oficina del SAG Maipo fue notificada de este caso por una joven denunciante —vía correo— el pasado 11. La joven les entregó incluso la dirección y RUT del sujeto para ubicarlo. Según indican desde la institución al diario pop, al día siguiente el asunto fue derivado “por oficio” a la PDI.
“La rehabilitación y eventual liberación son técnicamente posibles, pero no en todos los casos”, asegura Kendra Ivelic, quien agrega que el pronóstico varía, principalmente, según “el tiempo en cautiverio, del grado de impronta hacia humanos y de la magnitud del daño físico acumulado”.
En lo social —según la experta en rehabilitación de fauna—, en el caso de estos loros, aves bastante sociales, la crianza aislada o en ausencia de congéneres deriva en conductas del estrés crónico, como automutilación (se quitan a sí mismos las plumas), vocalizaciones excesivas, agresividad o hiperdependencia hacia humanos.

En lo físico, los individuos de cautivos clandestinos suelen estar malnutridos por dietas “inadecuadas”, lo que deriva en problemas musculares e incluso óseos. “Estos factores comprometen tanto el bienestar como el pronóstico de rehabilitación”, advierte Ivelic.
Para dimensionar el problema, Ivelic dice que alrededor del 98% de los choroy que ingresan a Animal Casada es por tráfico y tenencia ilegal. “De la totalidad de loros recibidos en el centro a lo largo de los años, aproximadamente el 43% ha podido ser liberado”, destaca. “Sin embargo, cerca del 40% fallece durante la rehabilitación”.
Las cifras evidencian lo severas que son las condiciones en que llegan los individuos, e Ivelic agrega: “Es importante considerar que los casos que llegan a rehabilitación representan sólo una fracción del daño real asociado” al problema.
¿Quién fiscaliza?
El detective Óscar Ellis, de la Brigada Investigadora de Delitos Contra la Salud Pública y el Medio Ambiente Metropolitana (Bridesma), abordó el hecho que se encuentra en información.
El también veterinario aseguró que estos delitos suelen aumentar en primavera y verano, o sea, durante el periodo reproductivo de los choroy.
“No llegan de forma masiva, pero sí llegan casos de venta de choroy en este tiempo”, precisa. “Estas personas las toman de los nidos, las alimentan con papilla y las hacen crecer hasta que tienen un porte adecuado para venderlas como adultos”.
“Corresponde a una especie que tiene distintos grados de protección dependiendo del lugar donde habite”, añadió sobre el choroy, que “antes se encontraba desde el valle de Aconcagua hasta Los Lagos”, pero recién se lo puede ver desde el Maule, asegura sobre la disminución de su distribución.
“Históricamente su distribución se señalaba hasta la Región de Valparaíso, pero producto de la deforestación del bosque nativo, la caza y la extracción de pichones para comercializarlos, se ha desplazado hacia el sur”, indican desde la Red de Observadores de Aves (ROC). “La interacción con producciones agrícolas se ha convertido en una importante amenaza”.
El ornitólogo Lucas Quivira detalla que en la década de 1990 se extinguieron localmente los últimos grupos de choroy que habitan en torno a Rancagua, Región de O’Higgins.
“Y hace un siglo eran comunes en la Zona cental, incluso con grandes colonias de nidificación”, nos cuenta Quivira.

Según la Ley de Caza, una causa como esta arriesga sanciones penales que dependen de la gravedad y reiteración del delito
El artículo 30 indica que las penas se aplican cuando la captura, caza o comercialización de especies protegidas ocurre en una sola oportunidad, y las sanciones van desde presidio de 21 a 60 días de cárcel en su grado medio a máximo, además de multas que fluctúan entre 3 y 50 UTM.
Mientras, el artículo 31 aborda cuando el delito cuando se practica repetidamente: las penas aumentan y pueden alcanzar condenas que van desde los 61 hasta los 541 días de cárcel.
Hoy Los choroy habitan de manera habitual entre las regiones del Maule hasta Chiloé y Chaitén, Región de Los Lagos, según indica la guía Aves de Chile (2023) de Daniel Martínez-Piña. Eso sí, se lo ha registrado hasta la Región Metropolitana, aunque no está claro si son desplazamientos naturales o escapadas de cautiverio.
Se lo considera endémico, aunque hay autores que lo ponen en duda ya que se lo ha registrado en Neuquén, Argentina, y en el noreste de la Patagonia, lo que cambiaría su estatus a nativo.
Según PDI, el caso ya había sido tomado por la Fiscalía Metropolitana Sur. Sin embargo, al contactar La Cuarta a esta última institución, indicaron que no tienen una causa ingresada con ese imputado.
Por su parte, se buscó contactar a Arancibia Corvalán vía redes sociales, pero sin recibir respuesta del denunciado.
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