María Consuelo Puyat-Reyes: "Nunca pensé que el cónsul sería capaz de hacer algo así"

El pasado 22 de febrero, la embajadora de Filipinas en Chile, María Consuelo Puyat-Reyes, recibió una llamada en su casa de Manila avisándole que su amigo y cónsul honorario, Gerardo Rocha, estaba grave en una clínica y era el principal sospechoso de la muerte de Fernando Oliva.
Hace dos semanas llegó a Chile y fue invitada por los padres del fundador de la Universidad Santo Tomás (UST) al funeral de su hijo. Siguió las ceremonias del Cajón del Maipo y la del Cementerio Parque del Recuerdo.
"Fue un shock para mí y para todos los que lo conocían. Nunca, en todos los años que lo conocí, se había mostrado de una forma que ni en sueños uno podría imaginar. Nunca pensé que el cónsul honorario sería capaz de hacer una cosa igual", expresó.
- ¿Cuál era su relación con él?
- Lo nombré en el cargo en 2003 e hizo una gran labor. En mi país está la Universidad Santo Tomás de Filipinas, la más grande de Asia y la más antigua. Tiene casi 400 años.
- ¿Dejó algún sueño inconcluso?
- Quería formar un centro de comunicaciones para ayudar a personas de regiones pobres de Filipinas. La idea era entregarles recursos para la educación.
- ¿Cree que pudo cometer un asesinato?
- Ya no quiero ni pensar en eso. Soy una mujer de fe y el Señor tiene sus razones. Ese es su deseo superior. La vida debe continuar. Las cosas que él inició van a trascender y el sueño que él tenía alrededor del mundo va a continuar.
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