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37 años del Maracanazo: el escándalo del Cóndor Rojas que sacudió al fútbol chileno

El 3 de septiembre de 1989 ocurrió uno de los hechos más polémicos del balompié sudamericano, donde el arquero nacional protagonizó una polémica, que cuando se aclaró terminó con su carrera.

Esta semana se cumpiló un nuevo aniversario del Maracanazo.

Maracaná, Río de Janeiro, 3 de septiembre de 1989. Una bengala cayó desde las tribunas y el estadio más famoso del mundo contuvo el aliento. A pocos metros del lugar donde había aterrizado, Roberto “Cóndor” Rojas se desplomó sobre el césped. Cuando sus compañeros llegaron hasta él, había sangre en su rostro, por lo que el plantel tomó una decisión y Chile abandonó la cancha.

Durante algunas horas de incertidumbre, La Roja veía una ventana abierta que les permitiría llegar al Mundial de Italia 1990. Meses después, sin embargo, aquella escena terminaría convertida en el mayor escándalo de la historia de la selección chilena.

Roberto Cóndor Rojas se cortó la ceja para simular una herida producto de la bengala que cayó a metros de él. Foto: Archivo.

Un partido en el que Chile necesitaba lo imposible

Brasil y Chile se enfrentaban en el Maracaná por las Eliminatorias Sudamericanas rumbo al Mundial de Italia 1990. La Roja llegaba a Río con una misión extraordinariamente difícil: necesitaba vencer a la Verde Amarela ante su gente para mantener sus posibilidades de clasificación. Y el Scratch, además de jugar en casa, era el gran favorito.

El ambiente ya venía cargado. Los partidos de la eliminatoria habían estado rodeados de tensión y Chile arrastraba antecedentes disciplinarios. La FIFA había castigado previamente al fútbol chileno por incidentes ocurridos en Santiago, mientras la relación entre ambos equipos se había deteriorado a través de declaraciones y polémicas.

En ese contexto, el encuentro avanzaba favorable a los brasileños. Brasil ganaba 1-0 cuando, en el segundo tiempo, ocurrió la escena que cambiaría para siempre la historia del fútbol chileno.

Una bengala cayó al campo, entonces cayó también Rojas. El arquero chileno quedó tendido sobre el césped. La imagen era estremecedora: Rojas tenía una herida sangrante en la frente, algo que era innegable.

Desde el césped, la interpretación parecía inmediata. Una bengala lanzada desde las tribunas había puesto en riesgo la integridad de los futbolistas. Chile sostenía que no existían condiciones de seguridad para continuar y se fueron a camarines.

Aquel momento abrió una discusión inmediata: ¿debía suspenderse el partido? ¿Podía Chile negarse a volver al campo? ¿Era posible que la FIFA ordenara una repetición en cancha neutral o incluso sancionara a Brasil?

Durante las primeras horas, la indignación en Chile fue enorme. El arquero era una de las grandes figuras del fútbol nacional, capitán de la selección y un jugador admirado por la hinchada. La imagen de su rostro ensangrentado parecía una prueba imposible de discutir.

El único problema era que las imágenes mostraban que la bengala había caído cerca del Cóndor, y no directamente sobre él.

La FIFA inició rápidamente una investigación. El punto central era aparentemente sencillo: determinar qué había ocurrido exactamente en el Maracaná. Las imágenes de televisión y las fotografías comenzaron a ser examinadas cuadro por cuadro.

Roberto Rojas, inicialmente, sostuvo que algo lo había golpeado. Más tarde, en su declaración ante las autoridades, reconoció que la bengala no lo había alcanzado directamente, aunque no pudo explicar de manera convincente cómo había aparecido la herida.

La prensa y la dirigencia chilena comenzaron a dividirse entre quienes seguían defendiendo al arquero y quienes sospechaban que detrás de la escena había un montaje. Según la reconstrucción recogida por El País, la investigación de la FIFA reunió videos, fotografías y testimonios, mientras en Chile aumentaban las dudas sobre la secuencia de los hechos. El propio ambiente futbolístico comenzó a cambiar: la sensación inicial de haber sido víctimas de un ataque dio paso, lentamente, a una pregunta mucho más incómoda. ¿Y si Chile no había sido víctima?

“Las pruebas son concluyentes”

A fines de octubre de 1989, la Comisión Disciplinaria de la FIFA dio a conocer su primera gran decisión. La conclusión fue devastadora para Rojas.

La FIFA consideró que la lesión no había sido provocada por la bengala y que los hechos eran consecuencia de una manipulación. El organismo sancionó al arquero y mantuvo abierta la crisis sobre la responsabilidad de otros integrantes del fútbol chileno.

En Chile, el entonces técnico Orlando Aravena calificó el castigo como “increíble”. Varios jugadores respaldaron al arquero. Jaime Pizarro expresó entonces su desconcierto ante la posibilidad de que los propios chilenos terminaran siendo considerados responsables.

Fernando Astengo, uno de los primeros futbolistas en acercarse a Rojas después de su caída, también sostuvo que el arquero sangraba cuando llegó junto a él. La defensa del grupo tenía una fuerza emocional evidente: todos habían visto la sangre.

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La investigación chilena avanzó durante noviembre. Se entrevistó a decenas de personas, se revisaron fotografías y grabaciones y se analizaron distintas hipótesis. Una comisión investigadora terminó concluyendo que la bengala no había causado la lesión y que Rojas se había provocado la herida.

El presidente de la Federación, Guillermo Weinstein, resumió el sentimiento que comenzaba a imponerse con una frase demoledora: “Todos fuimos engañados”. La investigación terminó por destruir la versión original. La explicación que finalmente emergió fue que el arquero llevaba un objeto cortante oculto y se provocó la herida para hacer creer que había sido víctima de la bengala.

El propósito del montaje era provocar una crisis que impidiera continuar el partido y abriera la posibilidad de que Chile obtuviera una ventaja administrativa: la repetición del encuentro en cancha neutral, la sanción al estadio o, en una hipótesis extrema, una sanción que afectara la clasificación de Brasil, una apuesta desesperada.

Chile estaba perdiendo 1-0 y necesitaba una hazaña deportiva. La escena de la bengala buscó convertir una derrota que parecía irreversible en un conflicto reglamentario. Pero el plan dependía de algo fundamental: que nadie pudiera demostrar cómo se había producido la herida.

Durante meses, Rojas negó haber organizado el engaño. La verdad completa no llegó de inmediato. La investigación había demostrado que la bengala no lo había lesionado y la FIFA ya había castigado al arquero, pero la confesión pública de Rojas tardó todavía varios meses.

El 26 de mayo de 1990, La Tercera publicó una confesión que estremeció al país. La portada fue histórica: “¡Soy culpable!”. Rojas reconocía finalmente que la herida había sido parte de la farsa.

La confesión cerró una historia que durante meses había dividido al fútbol chileno entre la solidaridad con un ídolo caído y la sospecha de un engaño colectivo. La propia investigación periodística de La Tercera recuerda que las dudas existían desde el mismo día del partido y que la admisión del arquero llegó ocho meses después del incidente. “Ya no podía más con mi conciencia porque no se puede vivir con la mentira a cuestas”, señaló.

“Me llevaron al camarín, yo estaba cierto de lo que pasaba, pensaba sacar ventaja deportiva, que no dieran por ganado el partido. No es verdad que quisiera dinero u otras regalías. Lo hice por Chile. El orgullo y la vanidad me impidieron decir la verdad. Estaba viviendo un conflicto interno. Espero que me perdonen, los que puedan”, agregó.

El Cóndor, uno de los mejores arqueros sudamericanos de su época, había convertido su última gran noche con la selección en el episodio que terminaría definiendo su carrera. El castigo por su picardía alcanzó a todo Chile, y la FIFA consideró el caso de una gravedad excepcional.

Roberto Rojas fue suspendido de por vida del fútbol internacional y recibió además una suspensión para las competiciones nacionales. Posteriormente, el castigo fue confirmado y el escándalo derivó en sanciones contra otros responsables vinculados al equipo y a la dirigencia.

Pero la consecuencia más dolorosa no recayó únicamente sobre el arquero. La FIFA decidió excluir a Chile de las Eliminatorias para el Mundial de Estados Unidos 1994.

Además, el partido ante Brasil quedó oficialmente en favor de los brasileños y la selección chilena recibió una multa. La sanción convirtió el Maracanazo en una tragedia deportiva nacional: una generación completa de futbolistas perdió la posibilidad de disputar la clasificación al siguiente Mundial por un episodio ocurrido cinco años antes.

Un amargo recuerdo

Décadas después, el Maracanazo chileno sigue siendo una de las historias más extraordinarias y dolorosas del fútbol sudamericano. La imagen permanece intacta: una bengala cae sobre el césped del Maracaná. Un arquero se desploma. Sus compañeros corren. Aparece la sangre. Chile abandona el campo.

Una derrota que dejó a Chile fuera de un Mundial, destruyó una carrera y convirtió una noche del Maracaná en una advertencia permanente sobre los límites de la desesperación en el fútbol.

Con el paso del tiempo, el arquero fue dando más declaraciones de lo que ocurrió aquella jornada en Río, y lanzó sus motivaciones: “Porque quería que mi selección clasificara al Mundial. Lo hice para sacar un buen resultado. Me la jugué por mi país y cometí un error”.

ENTREVISTA-A-ROBERTO-_-7502317.jpg FERNANDO CAMPOS M.

Además, se mostró arrepentido de lo que hizo, señalando que “por lo que pasó yo soy un hombre incompleto. Me falta como una parte. Esa que me quitaron cuando me sancionaron de por vida”.

“Estuve más de un año sin hacer nada después del incidente. Tenía 29 años, me levantaba y pensaba: ‘¿Qué hago hoy día? Lo único que sé hacer es jugar al fútbol y no puedo hacerlo’. Mi cabeza funcionaba horrible”, se sinceró en conversación con El Gráfico. “Yo pensaba llegar hasta los 36 o 37 años como jugador activo, y en la edad en que un arquero es más valorizado, a los 30, me quedaba afuera. Retirarte es muy distinto a que te retiren”, añadió.

Cuando contó detalles de cómo se gestó esta trama, reveló: “Yo me lo metí a la media, ingresé al campo deportivo con eso, pero… Con ese instrumento ingresé, pero no mentalmente preocupado de lo que yo tenía que hacer con ese instrumento. Yo me olvidé en el primer tiempo que… Si uno se acuerda, uno de los mejores partidos de mi vida lo estaba jugando yo en ese momento”.

“Y ahí fue donde yo digo: ‘Algo tiene que haberme manejado interiormente para… para en ese momento, en cosas de segundos, yo querer sacar partido a una cosa que era imposible sacarla’”, recuerda.

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