“Me sentí pasada a llevar”: el amargo recuerdo de Daniela Tobar sobre su paso por la “Casa de Vidrio”
La intervención en pleno centro de Santiago llamó la atención en el año 2000, pero la actriz lo pasó mal durante su paso por la obra.
En el verano del año 2000 una polémica intervención artística irrumpió en la capital: la Casa de Vidrio. Una casa completamente transparente, instalada en pleno centro de Santiago, donde una joven actriz vivía su vida cotidiana a la vista de los transeúntes, y la moradora del domicilio era Daniela Tobar.
Actualmente radicada en Francia, recordó cómo fue la freak experiencia, revelando los pasajes que más la incomodaron y en los que se sintió vulnerada. En conversación con Informe Especial para el reportaje “Sin consentimiento es delito”, la intérprete se sinceró.
A sus 21 años, Tobar aceptó formar parte de una propuesta artística que consistía en desarrollar su rutina diaria en un espacio completamente expuesto a la mirada pública. Sin embargo, aclaró que su participación no implicaba autorizar la publicación de imágenes de su cuerpo desnudo, una situación que le provocó un profundo malestar.
“Me sentí pasada a llevar, sentí que mi privacidad, sentí que, aunque yo había escogido, decidido participar en un proyecto de exposición, nunca di el consentimiento para que mi imagen desnuda apareciera en las portadas ni en los medios de comunicación, matinal, en vivo y en directo”, relató.
La repercusión que alcanzó el caso también marcó su relación con los medios de comunicación. La actriz reconoció que la forma en que se difundió su imagen le generó emociones que permanecieron asociadas a esa experiencia.
“Yo creo que por ahí pasó mi rechazo hacia los medios de comunicación. En ese momento fue rabia, fue mucha frustración. Hay un trauma ahí que se genera en mí, porque fue algo chocante, muy fuerte”, señaló Daniela Tobar.
La diferencia de atención entre los protagonistas
Otro aspecto que cuestionó fue el interés que despertó su presencia en comparación con la de Víctor Hugo, el otro participante de la intervención. A su juicio, la disparidad en la reacción del público respondió, en parte, a la mirada cultural que convierte a las mujeres en objetos de deseo.
“¿Por qué mi presencia generó tal cantidad de expectación, de movimiento, y no así la presencia de Víctor Hugo? Tiene que ver mucho con el género, porque es la mujer la que se ha hecho históricamente, culturalmente, el objeto de deseo”, planteó.
Tobar también hizo hincapié en que el consentimiento debe entenderse dentro de los límites específicos de cada situación. Haber aceptado vivir frente a los transeúntes como parte de una obra no significaba permitir la difusión de imágenes íntimas ni el contacto físico sin autorización.
“Yo consentí a estar en un proyecto artístico donde tenía que vivir normalmente mi vida, pero no consentí nada más que eso, no consentí las publicaciones, no consentí tampoco el hecho de que alguien pudiera tocarme”, afirmó.
A partir de lo vivido, la actriz planteó la necesidad de contar con herramientas legales que protejan la privacidad y permitan actuar frente al uso indebido de información personal. En ese sentido, recalcó que cada persona debe poder decidir qué aspectos de su intimidad desea compartir y en qué condiciones.
“Cada cual en ese sentido tiene el derecho a mostrar lo que quiera. Creo que el problema está ahí, por eso lo que decía antes, que es bueno que empiece a legislarse con respecto a eso. Que cuando terceras personas hacen un mal uso de tus datos personales, entendiendo datos, tu imagen también, ciertamente. Entonces creo que ahí es el grave problema”.
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