Por Paulo QuinterosPet Shop Boys en el Movistar Arena: una historia de amor con Chile que continúa en lo más alto
Entre coros multitudinarios y una puesta en escena envolvente, el dúo británico confirmó que su vínculo con Chile no responde solo a la nostalgia, sino a una conexión viva y vibrante.

El éxito de Pet Shop Boys y la devoción que despiertan en Chile, considerando su arrastre en plataformas de música en streaming, quedaron completamente de manifiesto esta semana.
Primero fue la ovación con gaviotas incluidas en Viña del Mar. Luego, en medio de los aplausos, llegó el anuncio inesperado de un show en el Teatro Caupolicán, el cual extenderá la celebración en un formato más íntimo.
Y la noche de este viernes, en el Movistar Arena, la historia encontró una gala definitiva marcada por una puesta en escena deslumbrante, una arquitectura sonora que expandió a su repertorio incombustible y miles de voces coreando estribillos en incontables ocasiones.
En síntesis, todo fue una cita entre Neil Tennant, Chris Lowe, su impecable banda en vivo y una audiencia que por momentos no asistió como espectadora, sino como contraparte

En una arena copada al máximo, lo primera que hay que destacar es que el show fue desde el inicio todo lo que se esperaba: una extensión musical synthpop de lujo, un diseño visual impactante - marcado por el uso preciso de pantallas, luces e inclusive escenografía - y una efervescencia de un público que conectó con todo.
Asimismo hay que remarcar que, en rigor, el concierto fue la versión expandida de lo ya visto en el Festival de Viña del Mar, donde ofrecieron un set acotado de cerca de 70 minutos que se estructuró en base a gran parte de sus hits más grandes.
Esta vez, durante alrededor de dos horas, la presentación de su Dreamworld desplegó un setlist más robusto que ciertamente confirmó la vigencia de un tour que parece inagotable y que en Chile ya había tenido una escala en noviembre de 2023.

En esa línea, las diferencias con lo presentado hace más de dos años fueron mínimas. Aquella vez sí incluyeron el clásico cover de “Go West”, hoy ausente tras un problema legal y un par de temas adicionales que ya no corren en el repertorio, pero el esqueleto se mantuvo inalterable.
Lo anterior se explica también por un setlist 2026 que está completamente pulido y responde a una estructura calculada al milímetro que no sufre ninguna clase de variación. Todo está ajustado, aceitado y probado.
Nada de eso, sin embargo, impidió que la efervescencia alcanzara un nivel desbordante durante varias ocasiones de este nuevo show. De hecho, el Movistar Arena estalló desde los primeros acordes de una canción inicial como “Suburbia”, transformándose en una pista de baile multitudinaria que entró en trance y de ahí no paró.

Lo mismo ocurrió luego con “Can You Forgive Her?” (una de las canciones que no tocaron en Viña) y poco después con el excelente, coreado y celebrado medley de “Where the Streets Have No Name (I Can’t Take My Eyes Off You)” que funde a U2 con el legendario Frankie Valli.
A partir de ahí, el impulso no hizo más que crecer con el correr de los minutos, llegando a otro nivel con la excelente sincronía que genera “Left to My Own Devices” y luego desatándose aún más con la inmortal “Domino Dancing”, donde los sintetizadores y el pulso rítmico desataron un coro masivo, compacto, casi futbolero, que confirmó que el vínculo entre los Pet Shop Boys y su público está lejos de ser un simple ejercicio de memoria.
Algo similar ocurrió posteriormente con “Always on My Mind”, una versión que el dúo ha hecho propia y que fue acompañada por brazos en alto y un Tennant dejando que la multitud se apropiase del estribillo, generando una sincronía que dejó claro que entienden que al frente tienen una reacción que puede convertirse en un instrumento más.

En ese sentido, en medio de cambios de vestuario, faroles utilizados para crear cercanía y un juego visual en las pantallas que potenció la cohesión musical, los Pet Schop Boys manejaron los tiempos, se dieron espacio para presentar baladas más reflexivas y crear muchos momentos especiales abrazados por la gente, La misma que en varias ocasiones fue convocada a aplaudir para acompañar lo que pasaba sobre el escenario.
En ese viaje musical, el excelente preludio para el final incluyó canciones como “What Have I Done to Deserve This?”, con un excelente dueto entre Tennant y la tecladista Clare Uchima, usando el lugar de la legendaria Dusty Springfield. Además se sumó la pulsante “Vocal”, impulsando como guinda de la torta a la clásica “It’s a Sin”, que se transformó en el gran corolario.
Y ese fue un punto altísimo en medio de luces envolventes, pulsos electrónicos marcando el ritmo y una audiencia entregada, gritando cada frase en una catarsis colectiva de intensidad pura que reflejó todo lo que genera Pet Shop Boys en vivo.
Claro que la noche aún no había concluido y la cita guardaba un último gesto, ya que el encore selló a lo grande. “West End Girls” emergió en un excelente epílogo que luego fue acompañado por "Being Boring“, otra de las canciones que no estuvieron en la Quinta Vergara.

El despliegue a la larga no fue un mero acto de nostalgia, ya que logró instalarse como la constatación de que estas canciones siguen vivas, actuales, capaces de reunir a miles bajo un mismo pulso electrónico.
Así que más que un simple repaso de éxitos, lo de Pet Shop Boys en el Movistar Arena fue la confirmación de una relación con Chile que no muestra señales de desgaste.
Es decir, si Viña fue una celebración que ellos mismos terminaron catalogando como su mejor presentación en el país, la noche en el Movistar Arena fue la evidencia de que el vínculo entre el dúo británico y su audiencia local no solo sigue intacto, sino que parece renovarse cada vez que vuelven a pisar un escenario.
Y lo que ocurra en el Caupolicán será, sin duda, un nuevo capítulo de una historia que todavía está lejos de escribir su última página.
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