Por Consuelo CalderónRecordando a Gilda, la historia del icono de la cumbia argentina que se convirtió en una santa popular
Canciones como “No me arrepiento de este amor”, “Fuiste”, “Paisaje”, “Corazón valiente”, siguen sonando hasta el día de hoy. La artista trasandina derribó prejuicios y se convirtió en una leyenda. Falleció en un trágico accidente de tránsito en el peak de su carrera. Pero a casi 30 años de su partida, la devoción de sus fanáticos sigue intacta, quienes le atribuyen milagros y sanaciones.

El 7 de septiembre de 1996 una tragedia enlutó al mundo de la cumbia argentina. Gilda, la popular cantante trasandina, falleció en un grave accidente de tránsito junto a su madre, su hija mayor y tres de sus músicos mientras viajaban a la provincia argentina de Entre Ríos.
Tenía tan solo 34 años y estaba en el apogeo de su carrera. La artista se convirtió en un icono de la música popular en Argentina en la década de los noventa, sus canciones son infaltables en los karaokes y siguen sonando hasta el día de hoy.
Canciones como “No me arrepiento de este amor”, “Fuiste”, “Paisaje”, “Corazón valiente”, “Pasito a pasito”, entre otras tantas marcaron la trayectoria en la música de Gilda. En vida alcanzó a sacar cuatro álbumes de estudio, mientras que tras su muerte surgieron algunos discos póstumos.
Tras su partida Gilda pasó a ser una leyenda de la cumbia trasandina y también una figura mítica, una suerte de santa popular para sus fanáticos que visitan año a año el sitio del accidente que se convirtió en un santuario en su honor. Algunos la recuerda escuchando su músicos, otros le rezan y le agradecen el milagro concedido.

Miriam Alejandra Bianchi -nombre real de Gilda- nació el 11 de octubre de 1961 en el barrio de Villa Devoto en Buenos Aires, Argentina. Según detalla La Nación, la cantante nació en una familia de clase media y desde pequeña mostró su interés por la música.
Shyll -apodo que tenía desde pequeña- disfrutaba de la danza clásica y española. Durante su adolescencia trabajó en un jardín de niños junto a su madre e incluso comenzó a estudiar las carreras de maestra jardinera y profesora de educación, pero debió interrumpir sus estudios en 1977 tras la muerte de su padre.
La joven conoció al empresario Raúl Cagnin con quien se casó en 1984 y tuvo dos hijos: Mariel y Fabrizio Cagnin. No obstante, el matrimonio llegó a su fin a comienzos de los noventa, ya que él no aceptaba su idea de dedicarse a la música.
Su carrera musical comenzó tras responder a un aviso en el que pedían vocalistas para un grupo musical. Gracias a su talento y su talento, la cantante se ganó un lugar en una banda tropical y fue así que nació Gilda, en honor al personaje que interpretaba Rita Hayworth en la película del mismo nombre, consignó La Nación.

Por aquel entonces, la cantante conoció a Juan Carlos “Toti” Giménez, quien se convirtió en su pareja artística en su breve, pero destacada carrera, y con quien tuvo un romance. Según consigna Televisa, Giménez contó en la biografía de la artista que “me enamoré desde el momento en que la vi. Estaba embobado (...). Yo sentía que la conocía desde siempre. No había tenido una vida fácil y no era muy feliz en su matrimonio. Yo también tenía un problema con mi pareja (....) Pasó mucho tiempo hasta que ese amor se concretó. No fue fácil. La nuestra fue una relación a la antigua. Quizá por eso dura tanto. Yo sigo enamorado de ella. Fue el amor y la música la que nos cambió la vida para siempre”.
Tras lanzar su carrera como solista, Gilda alcanzó la fama rápidamente y sus canciones se convirtieron en éxitos. En vida alcanzó a lanzar cuatro discos de estudio “De corazón a corazón”, “La única”, “Pasito a pasito con… Gilda” y “Corazón valiente”, cuya portada en la que lucía un vestido azul con una corona de flores marcó la imagen de la cantante para la posteridad.
En tan solo unos años, la artista se convirtió en una de las figuras emblemáticas de la cumbia trasandina. No obstante, Gilda también debió luchar contra los prejuicios, su imagen no era la de una mujer en el mundo de la música tropical, era flaca, morocha y sin mucha delantera, una mujer de familia, maestra y dulce. Aún así, la cantante derribó los estereotipos y se consagró como la “reina de la bailanta”.

Sin embargo, todo acabó de manera abrupta un 7 de septiembre de 1996.
El accidente automovilístico en el kilómetro 129 de la Ruta 12, le quitó la vida a Gilda, a su hija Mariel de 10 años, a su madre Isabel Scioli, a tres de sus músicos y al conductor. Los únicos sobrevivientes fueron su hijo Fabrizio y Toti Giménez.
Todo ocurrió cuando el bus en el que se trasladaba para dar una presentación en Chajarí, Entre Ríos, fue impactado por un camión de una empresa brasileña. El bus volcó varias veces y chocó con otros dos autos en la ruta. Gilda tenía tan solo 34 años.
Tras la tragedia, se lanzaron cuatro discos de la cantante de manera póstuma. Uno de ellos incluye la canción “No es mi despedida”, canción que algunos fans creen que escribió para una amiga en Bolivia, pero que otros consideran fue premonitoria.
No obstante, la imagen de Gilda sigue presente gracias a la devoción de sus fanáticos, quienes la han convertido en una santa popular y le atribuyen milagros y sanaciones.
El sitio de su muerte -donde se encuentra el bus en el que viajaba la artista- se transformó en un santuario que visitan sus seguidores, al igual que el nicho donde descansan sus restos en el Cementerio de la Chacarita de Buenos Aires.
Los rumores sobre sus poderes sanadores comenzaron cuando la artista estaba viva. Algunos dicen que el primer milagro ocurrió en 1994. En uno de sus shows, uno niña lloraba desconsoladamente. Al terminar la presentación, la menor junto a su abuela se acercaron para contarle que la madre de la niña había estado al borde de la muerte, pero que se había curado tras escuchar “Baila esta cumbia” repetidas veces.
Tras su muerte, la creencia en sus poderes sanadores se multiplicó y cada 7 de septiembre, sus devotos peregrinan hasta el santuario de la cantante para pedirle curas o agradecerle por el milagro concedido.
Imperdibles
Lo último
hace 5 min
hace 30 min
08:38
Por segundo día consecutivo, a la banda de títeres les quedó chico el escenario en el festival. Con un público lleno de niños y no tan niños, el programa infantil arrasó con su show en el Kidzapalooza.
31 Minutos vuelve a conquistar al público con su segundo show en Lollapalooza: Radio Guaripolo, los clásicos y un Kidzapalooza repleto
08:00
Mientras en otros escenarios sonaban figuras internacionales, la banda chilena convirtió su show en una celebración desbordante de cumbia y energía. Con clásicos como Borrachos al poder y un par de homenajes, el público respondió prendiéndose con todo.
Tomo Como Rey en Lollapalooza: Una gran fiesta con cameo de Lalo Ibeas, homenaje a Tommy Rey y un mosh de cumbia
07:45
La banda estadounidense convirtió su paso por el Parque O’Higgins en una descarga de energía sin freno. Concentrando gran parte de las canciones en los elogiados discos Never Enough y Glow On, el público respondió con mosh, empujones y gritos en uno de los shows más intensos del festival.
Turnstile en Lollapalooza: una anarquía sonora que desató mosh y gritos contra el VIP
07:30
El actor detrás de Steve Harrington llegó al Parque O’Higgins con su proyecto musical y disipó prejuicios. Con canciones de sus tres discos de estudio, el público coreó con todo End of Beginning, el hit viral que lo impulsó en las listas de popularidad.
DJO en Lollapalooza: Joe Keery demostró que es más que solo el actor de Stranger Things
Lo más leído
1.
2.
3.


















