Por Axel ChristiansenReview: La segunda temporada de One Piece abraza la aventura en una adaptación que no teme al absurdo
El nuevo ciclo de la adaptación live action transmitida por Netflix opta por traer a la vida los aspectos más fantásticos del viaje de Luffy y su tripulación para conseguiir sus objetivos sin importar los obstáculos.

Tras muchos más fallos que éxitos, la vida nos ha enseñado a ser cautelosos con las adaptaciones que Hollywood hace de series populares del manga y anime japonés. Los recuerdos de lo que pasó con Dragon Ball Evolution, Death Note o Cowboy Bebop, siempre pesan más que los aciertos, como Alita.
Es por eso que para muchos, lo que ocurrió en el año 2023 con la adaptación de One Piece para Netflix fue considerado casi un milagro. Una versión para muchos imposible de lograr considerando varios factores: se trata del manga más vendido de la historia, con una serie de anime que lleva más de mil episodios al aire y una historia tan ambiciosa que para crearla requeriría mucho más que imaginación.
Pero se logró, lo que muchos pensaban que sería imposible se logró. La adaptación de One Piece en Netflix dejó contentos tanto a los fans de la serie como a quienes se enfrentaban a la obra de Eiichiro Oda por primera vez.

Muchos factores, a mi juicio, explican ese éxito pero los principales son sin duda lo carismático del casting, el avance acelerado pero fiel a la historia original y la producción que abraza la naturaleza colorida y fantástica de la historia de One Piece.
Y esa tripleta de factores vuelve a brillar en la segunda temporada de One Piece, llamada One Piece: Rumbo a la Gran Ruta, continuación directa de donde nos dejó la historia hace 3 años.
Una segunda temporada totalmente enfocada en la aventura más que en la presentación de personajes, tarea que fue realizada en el primer ciclo y que ya nos mostró las personalidades y anhelos de la tripulación del Going Merry, partiendo por Luffy, Sanji, Usopp, Zoro y Nami.

El nuevo ciclo consta de 8 nuevos capítulos en los cuales la tripulación de los Sombreros de Paja buscarán la manera de llegar a la Gran Ruta, el peligroso espacio marino en donde se encuentra el elusivo One Piece que Luffy quiere hallar para convertirse en el rey de los piratas.
Por lo mismo, los capítulos que abarcan desde la llegada a Loguetown hasta la isla Drum tratan todos prácticamente de la tripulación tratando de superar algún obstáculo para avanzar en su camino. Solo con la introducción de nuevos personajes como Miss Wednesday y Chopper es que volvemos a la fórmula del flashback que se usó tanto en la primera temporada, porque acá la mayoría del tiempo estaremos viendo cómo es que el viaje por la Gran Ruta no es necesariamente un paseo en bote.
One Piece: Rumbo a la Gran Ruta es quizás una temporada algo más infantil en su desarrollo, pero también demuestra la tremenda imaginación que tiene la obra original para trazar sus aventuras.

En un capítulo veremos un barco tragado por una ballena, en otro, un par de gigantes peleando por el honor, en otro una isla prehistórica y hasta un ciervo que quiere ser doctor. La aventura de One Piece es tan colorida como variada y esta adaptación no tiene miedo de llevar a la pantalla a los personajes y diseños más estrafalarios posibles.
Y si hay algo que aplaudir a la serie es el compromiso de hacer que, por más absurdos que sean los diseños en el manga y el anime, tratar de llevar cada personaje y locación a la vida de la forma más fidedigna posible. Esto logra que la serie se asuma como una ficción o un cuento de hadas que simplemente cobró vida.
Y esto se logra principalmente con los grandes antagonistas de la temporada, conocidos como “Los Barrocos”. Se trata de una organización de asesinos que van en búsqueda de la tripulación de los sombreros de paja por su recompensa y también de la princesa perdida del reino de Alabasta, una de las principales líneas argumentales de este ciclo.

Lo interesante de Los Barrocos es que cada villano tiene su personalidad exagerada y poderes que lo acompañan, además de un sentido de la moda totalmente imposible de ver fuera de una convención de cosplayers. Pero acá cobran vida y son amenazas realmente preocupantes para el grupo.
El dúo de Miss Valentine y Mr. 5, por ejemplo, son una dinámica muy entretenida, sobre todo cuando descubres sus poderes, aunque a veces los villanos pueden pecar de ser demasiado planos. Si los protagonistas de la serie en la temporada 1 demostraron ser héroes con traumas y defectos, los Barrocos a veces simplemente son malvados por el placer de serlo.
Lo cual tampoco es malo, no todo personaje tiene que tener un desarrollo y motivación, sobre todo cuando son obstáculos para la tripulación, pero lo que quiero hacer es dejar constancia de que esta temporada, salvo algunos episodios y giros de la historia, se siente mucho más simple que la anterior y que en realidad lo que vemos son historias asombrosas de cómo el Going Merry y su tripulación pueden ir cambiando el mundo con bondad en lugar de ver cómo es que un mundo hostil afecta la dinámica de una tripulación que ya parece totalmente afiatada.

Ahora bien, hay ciertas líneas argumentativas que se ven interesantes pero parecen no ir a ninguna parte. El personaje de Smoker, por ejemplo, que lo vemos debutar en el primer episodio de la nueva temporada, tiene un inicio prometedor como un agente de los Marines, pero su rol se ve deslavado después de una serie de episodios, quedando desconectado de la trama principal.
Y también hay muchos cabos dejados sin atar para lo que esperamos sea una tercera temporada, aunque eso es inevitable, considerando que estamos frente a una obra que en sus 16 episodios como serie de Netflix, aún no llega ni al capítulo 100 de un anime que ya lleva más de mil capítulos.
Lo cual a uno lo deja con una disyuntiva: por un lado, volver a esperar probablemente otros tres años para ver cómo continúa esta historia, o querer que se demoren menos pero bajando la calidad del material. Porque tengo claro que para lograr las tomas, los trajes, los escenarios prácticos, los efectos de varias escenas y el ambiente de aventura, no se trata de una tarea fácil.

Porque a la larga, esta adaptación logra con más corazón que sesos hacerte vivir una aventura extraordinaria por poco más de 8 horas y en el peor de los casos, si quieres seguir viendo más, el animé está ahí al lado, curiosamente también en Netflix.
Sin embargo yo seguiré hinchando por poder acompañar a esta tripulación el mayor tiempo que sea necesario, porque el tiempo que paso con ellos es un tiempo en donde soy feliz. Y es que tal como dice Nami, Luffy y One Piece son de esas cosas que no sabes muy bien explicar el por qué confías en ellos, hasta que lo ves y lo sabes: es una historia con bondad.
One Piece: Rumbo a la Gran Ruta ya está disponible en Netflix
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