Por Paulo QuinterosTurnstile en Lollapalooza: una anarquía sonora que desató mosh y gritos contra el VIP
La banda estadounidense convirtió su paso por el Parque O’Higgins en una descarga de energía sin freno. Concentrando gran parte de las canciones en los elogiados discos Never Enough y Glow On, el público respondió con mosh, empujones y gritos en uno de los shows más intensos del festival.

Desde antes del show de Turnstile estaba claro que lo que iba a suceder iba a ser una locura.
No solo por la fama de las presentaciones de la banda alrededor del mundo, sino también por la consolidación de una trayectoria que hoy los posiciona como uno de los números de rock más elogiados del momento.
Prueba de ello es que este año ganaron como mejor álbum de rock y mejor interpretación de metal en la más reciente edición de los Premios Grammy, un reconocimiento que terminó de confirmar el impacto que la banda ha tenido en la escena global.
En esa línea, desde antes de su show en Lollapalooza ya se sentía en el ambiente que el descontrol estaba por comenzar. Más aún, gran parte de la gente que esperaba a Tyler, The Creator en las primeras filas no tenía idea de lo que estaba a punto de pasar después. Y ocurrió.

Bastaron las dos primeras canciones de Turnstile, incluyendo la elogiada "Never Enough" de su más reciente disco de 2025, para desatar el caos: mosh, aplastamientos, empujones e incluso quejas por golpes. El resultado fue gente al borde del desmayo y la intervención de la producción para intentar poner algo de orden.
“Necesito que toda la gente que está en el costado derecho del escenario dé tres pasos hacia atrás. A la cuenta de tres. Uno, dos, tres”, dijeron desde el escenario durante una pausa del show.
¿Resultado? La gente de las primeras filas respondió con un claro y sonoro: “¡Chúpalo!”.
Vean el siguiente video:
Luego, siguiendo lo que ya había ocurrido antes del show, cuando en las pantallas se vio el sector VIP casi vacío, se repitió el grito de “Chúpalo VIP”, junto a los pedidos para que ese espacio fuese abierto para la enorme cantidad de público dispuesto a darlo literalmente todo, sudar al máximo y dejarse llevar por la vorágine del momento.
Poco después Turnstile retomó el show con su rock pesado y frenético, centrándose en su celebrado último disco, el que los llevó a una consolidación definitiva.
Y la cosa no cambió: mucha gente estaba en un trance colectivo que empujaba todo hacia el caos. En las primeras filas, donde yo estaba, siguieron reinando los empujones, los pisotones, la gente al borde de caer y todas esas escenas que ocurren cuando el rock se transforma en una explosión de energía imposible de controlar.
En medio de ese torbellino, la banda demostró ser un verdadero lujo en vivo y ratificó su condición de imperdible, apoyándose también en el elogiado Glow On de 2021.

Con el correr de los temas, el ambiente bajó apenas el sobregiro, pero solo un poco. En la zona central los mosh se armaban y desarmaban constantemente entre saltos frenéticos, mientras el público seguía completamente entregado a la intensidad del show.
En toda esa fiesta de rock pesado también aparecieron momentos impulsados por canciones como Holiday, Mystery y Blackout, que mantuvieron el pulso del público siempre al límite. Y es que Turnstile nunca bajó los decibeles y convirtió el escenario en una descarga constante de energía.
Y cuando parecía que el descontrol ya había alcanzado su punto máximo, la banda siguió empujando el show hacia arriba, reafirmando que su presente no es casualidad. Lo que se vivió frente al escenario fue una verdadera catarsis colectiva donde la música funcionó como detonante de pura adrenalina.

De hecho, el cierre con “Birds” terminó de sellar esa sensación. Con el público completamente encendido, el efusivo vocalista Brendan Yates se lanzó sobre la audiencia en un gesto que resumió toda la intensidad de la presentación: cercanía total, caos controlado y una conexión directa con la gente.
Todo fue una constatación en vivo de que Turnstile no solo está viviendo su mejor momento, sino que además tiene el tipo de energía que transforma cualquier show en una experiencia inolvidable.
Y después de lo ocurrido en el Parque O’Higgins, la sensación que quedó flotando fue evidente: este nivel de intensidad pide, tarde o temprano, un nuevo concierto en Chile, pero esta vez con un show completo dentro de un estadio o una arena que literalmente se vendrá abajo. Eso está más que claro.
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